Un Programa para Fortalecer  la  Fe

 

Rev. Jerry J. Pokorsky, sacerdote de la diócesis de Arlington:

 

La resurrección corporal de Jesús es la joya de la corona de nuestra fe y define nuestra existencia para la eternidad. Jesús rompe para siempre el poder del pecado, el sufrimiento y la muerte. Las puertas del cielo están ahora abiertas para recibirnos, si lo seguimos. Pero sin recurrir constantemente al hecho de la Resurrección, nuestra fe se degrada y se fragmenta, y arriesgamos nuestra salvación.

A pesar de los tiempos tumultuosos y de la infidelidad generalizada, la Iglesia tiene mecanismos infalibles para renovar la fe, incluso si lleva generaciones. Aquí hay un plan de acción que vale la pena, para nutrir y reforzar nuestras convicciones religiosas.

1. Evite el veneno espiritual.

La honestidad requiere que reconozcamos el florecimiento de la infidelidad generalizada y total que siguió al Vaticano II. En su esencia, muchos de los guardianes de la jerarquía, arrastrados por las modas teológicas, negaron la resurrección corporal de Jesús.

Durante la década de 1980, los seminaristas a menudo recibieron un adoctrinamiento impío. Entre las preguntas de la llamada “Entrevista-Sacerdote-Percibidora” administrada a los candidatos se encontraban cosas como: “¿Crees en la Resurrección? ¿Qué pasaría si los arqueólogos descubrieran más allá de toda duda razonable los restos del cuerpo de Jesucristo?» La respuesta teológicamente elegante era: «Si los arqueólogos descubrieran los huesos de Jesús, no afectaría mi fe en absoluto». (Mi búsqueda en Internet no muestra la entrevista sacerdote- percibidora. Tomé notas extensas en la década de 1980 y las conservé en mis archivos privados, junto con una lista de enemigos personales).

San Pablo da la respuesta correcta: “Ahora bien, si Cristo es predicado como resucitado de entre los muertos, ¿cómo pueden algunos de ustedes decir que no hay resurrección de muertos? Pero si no hay resurrección de muertos, entonces Cristo no ha resucitado; si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación es en vano y vuestra fe es en vano”. (1 Corintios 15: 12-14)

La Entrevista Sacerdote-Percibidora se ha evaporado como instrumento de tortura dogmática. No permita que las tonterías teológicas lo engañen: ya sea, entonces, la negación de la Resurrección, o la celebración, hoy, de abominaciones morales.

2. Confronte las dificultades de la fe.

La resurrección de Jesús es un dogma de la fe católica, presenciada por unos pocos de sus discípulos, la mayoría de los cuales sufrió el martirio, y transmitida por la Iglesia a lo largo de los siglos. Sin embargo, incluso los católicos más devotos y ortodoxos pueden forcejear con su fe.

Es común que las personas concluyan que están sufriendo una crisis de fe durante las dificultades de la vida. Quizás haya una muerte, problemas matrimoniales, niños revoltosos, familiares que han abandonado la fe, escándalos clericales y demás. Pero el dolor y la ira no necesariamente sugieren una crisis de fe. María, al pie de la Cruz, no fue infiel, ni pecó. Ella era su madre afligida porque crucificamos a su Hijo. Ella también es nuestra madre afligida porque nuestros pecados también nos crucifican. Pero María nunca perdió la fe. Ella conocía su origen divino.

Atemorizados, San Pedro y los Apóstoles abandonaron a Jesús durante su Pasión. La crisis de fe de Judas fue doble. La falta de fe que lo llevó a traicionar a Jesús está abierta a nuestra especulación. Pero la desesperación que lo destruyó llegó cuando concluyó que su pecado de traición era imperdonable. Para aquellos tentados por la desesperación, la resurrección corporal de Jesús es una confirmación dramática de que Jesús ha vencido todos los pecados conocidos. Una confesión sincera perdona todos los pecados sin excepción.

3. Aférrese a las definiciones doctrinales ortodoxas y a las observancias externas.

También tenemos una crisis de fe en la Presencia Real. No necesitamos referirnos a la mayoría católica —incluidos muchos sacerdotes y obispos— que no tienen idea del significado de la Transubstanciación. Pero los católicos ortodoxos y devotos también luchan con su fe en la Eucaristía.

Hay una vieja historia sobre un sacerdote católico que explica la transubstanciación a un musulmán devoto. La descripción de la Presencia Real asombró al hombre. Le dijo al sacerdote que si fuera cierto que Dios estaba verdaderamente presente bajo la apariencia del pan y el vino, se postraría en adoración y no se atrevería a levantarse. Exactamente.

Es una paradoja del cristianismo que la fe débil nos permita volver a nuestras labores necesarias, después de la oración ante el tabernáculo. Sin embargo, debemos cultivar una fe fuerte a través de sinceras y repetidas expresiones externas de devoción. “Al nombre de Jesús toda rodilla se deberá doblar, en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra”. (Filipenses 2:10)

Incluso los más ortodoxos entre nosotros luchan por permanecer reverentes en la iglesia, a veces con perturbadores cambios de comportamiento. Podríamos encontrarnos en un estado de ánimo devoto y, con gran reverencia, acercarnos a la mesa del Señor para la Comunión con las manos juntas y la atención concentrada. La misma persona, sin embargo, puede sonreír/saludar a los amigos que regresan al banco, o apresurarse por alcanzar la salida para adelantársele a la  multitud.

La fe esquizofrénica también forma parte de la vida espiritual. Esté atento a peculiares e irrazonables actos de irreverencia. La adecuada reverencia por Dios es también la base del respeto por todos los que fuimos creados a la imagen de Dios.

4. Esté atento a los tiempos litúrgicos.

El ritmo de los tiempos litúrgicos — Adviento, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario— re-representa la fe y refuerza nuestras creencias y prácticas. A veces nuestra fe falla. En otras ocasiones, como nos enseña el ejemplo de los mártires, triunfa sobre los obstáculos más espantosos. La celebración de los sacramentos con reverencia es el medio principal para cultivar la fe, sobre todo, la Eucaristía. La observación diligente del año litúrgico fortalece la fe.

Con una hipérbole semítica, Jesús dice: «Si tuvieran fe como un grano de mostaza, podrían decirle a esta morera: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y les obedecería». (Lc. 17: 6) Nuestra fe dada por Dios, purificada del error, es nuestra facultad espiritual más poderosa. Fortalecida con la gracia de Dios, supera todos los obstáculos que se oponen a nuestra salvación.

Entonces:

·       Evite el veneno espiritual.

·       Enfrente las dificultades de la fe.

·       Aférrese a las definiciones doctrinales ortodoxas y a las observancias externas.

·       Esté atento a los tiempos litúrgicos.

Una vida de práctica disciplinada hace la perfección. ¡Cristo ha resucitado en la carne! ¡Gloriosos saludos de Pascua!

Lunes, 5 de abril de 2021

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de aquí: https://www.thecatholicthing.org/2021/04/05/a-program-for-bolstering-faith/?utm_source=The+Catholic+Thing+Daily&utm_campaign=d18e4f4adb-EMAIL_CAMPAIGN_2018_12_07_01_02_COPY_51&utm_medium=email&utm_term=0_769a14e16a-d18e4f4adb-244037001

Sobre el autor.

El padre Jerry J. Pokorsky es sacerdote de la diócesis de Arlington. Es pastor de la parroquia de Santa Catalina de Siena en Great Falls, Virginia.