Alejandro Arellano: «La Iglesia, que es madre, ama a sus hijos marcados por la herida de un amor roto»

Tras la pandemia, el decano de la Rota romana apuesta por «un nuevo inicio de caridad y esperanza».

«La vía que como Tribunal Apostólico debemos seguir: la cercanía física y moral de las estructuras jurídicas eclesiásticas para ofrecer nuestro servicio en la verificación de la verdad sobre el matrimonio»

«La Rota Romana se compromete a trabajar para que las personas que han vivido la experiencia de un matrimonio fracasado encuentren la paz gracias al ministerio de justicia y misericordia de la Iglesia»

«El espíritu de la reforma procesal, que es mostrar una mayor proximidad entre Pastor y fieles en dificultad»

Alejandro Arellano Cedillo (Olías del Rey, 1962) acaba de ser nombrado por el Papa como nuevo y flamante decano de la Rota romana, el más joven de la historia del Tribunal y el primer español en el cargo. Su principal objetivo en el alto Tribunal es «mostrar el indefectible amor misericordioso de Dios hacia las familias, en particular aquellas heridas por el pecado y las pruebas de la vida». Misericordia y justicia «en la verificación de la verdad sobre el matrimonio». Porque «la Iglesia, que es madre, ama a sus hijos marcados por la herida de un amor roto».

Tras la pandemia, el decano de la Rota romana apuesta por «un nuevo inicio de caridad y esperanza». Porque, en este tiempo, «gracias a los extraordinarios testimonios de solidaridad y de ‘proximidad’, se ha hecho visible un Dios aliado de los hombres, fiel y presente».

La pandemia también nos ha enseñado, a su juicio, «que no nos salvamos solos» y, por eso, «la vacuna debe ser universal, para todos, especialmente aquellos que tienen menos recursos económicos, y en consecuencia se encuentran más desprotegidos».

El Papa saluda a Arellano

El Papa saluda a Arellano

¿Qué significa para usted ser decano de la Rota romana?

Soy consciente que, como le gustaba repetir a San Bernardo, me viene “impositum …ministerium, non dominium datum” (“conferido un oficio, no un dominio”), que acojo con humildad, responsabilidad y sentido del deber. Y desde esta perspectiva, trabajaré por situar, en el respeto del Magisterio y del carisma Petrino, el matrimonio y la familia cristiana (la persona umana) al centro de nuestro “ministerium iustitiae”.

¿Es la primera vez que un español accede al cargo después del Concilio?

La Rota Romana hunde sus raíces en la lejana Edad Media. Los antecedentes históricos se remontan, al menos en la actividad judicial, a los Auditores causarum Curiae domini Papae, o los Auditores causarum Sacri Palatii Apostolici. A estos Auditores Juan XXII, con la Const. Ratio iuris del 16 de noviembre de 1331, les confirió el primer ordenamiento judicial estable y una competencia judicial en materia canónica y civil. Con la disolución del Estado pontificio en 1870, la Rota también cesó en su actividad judicial.

San Pío X, en 1908, en su proyecto de reforma de la Curia Romana, con la constitución apostólica Sapienti consilio, se propuso dar nuevamente vida al Tribunal de la Rota Romana. En este periodo de la Rota restituta, no ha habido un Decano español; no obstante, a lo largo de estos años ha tenido prestigiosos Prelados Auditores españoles, que con su doctrina y jurisprudencia han prestado un servicio laudable a este Tribunal Apostólico.

El Papa, con el decano saliente y el entrante

¿Cuáles van a ser las prioridades en el desempeño de su cargo?

El Papa Francisco, con ocasión de la apertura de la Puerta Santa en el Jubileo extraordinario de la Misericordia afirmaba que “Dondequiera que haya una persona, allí está llamada la Iglesia a ir para llevar la alegría del Evangelio, y llevar la misericordia y el perdón de Dios”. Estas palabras expresan el espíritu de la reforma del Pontífice, y la vía que como Tribunal Apostólico debemos seguir: la cercanía física y moral de las estructuras jurídicas eclesiásticas para ofrecer nuestro servicio en la verificación de la verdad sobre el matrimonio, así como restablecer una recta conciencia en la tutela del matrimonio y la dignidad de cada persona.

El Pontífice también ha indicado la vía evangélica de la escucha de los pobres y de su centralidad, como clave hermenéutica de todo servicio en la Iglesia; de ahí que la Rota Romana se comprometa a trabajar para que las personas que han vivido la experiencia de un matrimonio fracasado encuentren la paz gracias al ministerio de justicia y misericordia de la Iglesia; y, por otra parte, aquellos que hayan obtenido la nulidad del matrimonio lleguen a ser en su nueva unión misioneros de la belleza del vínculo sagrado y de una nueva familia cristiana. Este es el deseo que debe moverme en este nuevo ministerio que el Santo Padre me ha encomendado.

Para ello, es necesario, por una parte, tener una especial sensibilidad por los problemas, las exigencias y desafíos del presente; y, por otra parte, la capacidad de mirar y abrirnos al futuro sin temor, con esperanza, aquella que viene de la fe y confianza en Dios, propia de quien en el amor de Dios sabe reconocer y buscar la función de toda ley y servicio a la Iglesia.

Sede del Tribunal de la Rota

¿En qué va a consistir, en concreto, su trabajo en el alto Tribunal de la Iglesia?

Mi función como Decano es llevar a cabo las funciones que este Tribunal viene desempeñando a lo largo de los siglos, ciertamente haciendo una lectura actual conforme a los signos de los tiempos.

El Tribunal de la Rota Romana, en cuanto Tribunal de apelación para toda la Iglesia, administra la justicia, fundada en el ius appellationis ad Petrum.

En segundo lugar, es competencia del Decano el ejercicio de la potestad administrativa en los procedimientos super rato, y en la declaración de nulidad del vínculo en las Órdenes sagradas.

En tercer lugar, ocuparme de la formación permanente de los eclesiásticos y los laicos que cooperan con los Obispos en favor de la defensa del vínculo y de la familia, especialmente a través de los Cursos realizados en Roma y en los diferentes continentes.

Por último, la Rota Romana debe asegurar la unidad de la jurisprudencia en cuanto guía cualificada en la interpretación de la ley.

Alejandro Arellano

¿Su nombramiento es un motivo de orgullo para España, para los Operarios y para la Universidad San Dámaso, donde sigue dando clases?

Sin duda es un motivo y ocasión para expresar al Santo Padre toto corde mi profunda gratitud por la estima y la cercanía manifestada a mi persona con mi nombramiento como Decano del Tribunal de la Rota Romana. Al mismo tiempo, quiero expresar mi gratitud a todas las instituciones eclesiásticas y civiles que, a lo largo de estos días, me han distinguido con su cercanía y felicitación.

¿Por qué el Papa Francisco suele insistirles a los jueces que tengan entrañas de misericordia a la hora de abordar las nulidades matrimoniales?

El Santo Padre ha puesto de manifiesto que el Tribunal de la Rota Romana, y por ende todos los Tribunales, en cuanto Tribunal de la familia, debe mostrar el indefectible amor misericordioso de Dios hacia las familias, en particular aquellas heridas por el pecado y las pruebas de la vida; y en cuanto Tribunal de la verdad del vínculo, debe proclamar la irrenunciable verdad del matrimonio según el Designio de Dios. En este sentido, la actividad de la Rota Romana, tanto en el juzgar, como en su aportación a la formación permanente está llamada a asistir y promover el opus veritatis.

Por otra parte, en las diversas intervenciones a la Rota Romana, el Pontífice ha puesto de manifiesto el impulso pastoral y misericordioso de los Tribunales eclesiásticos, invitando, especialmente a los operadores del derecho en el ámbito matrimonial, a vivir una nueva forma Ecclesiae, que es aquella de la parábola de la oveja perdida (cf. Lc 15, 4-7), toda ella misionera, toda “en salida”, en camino, dispuesta a prestar su servicio de justicia y misericordia en cada situación humana, buscando discernir la voluntad del Señor, afrontando las exigencias y dificultades de las familias hoy, y persiguiendo dos objetivos que considero necesarios: por una parte, insertar plenamente la praxis judicial en la dimensión pastoral; y por otra, hacer accesibles y ágiles los procedimientos judiciales.

Estos objetivos ponen de manifiesto el espíritu de la reforma procesal, que es mostrar una mayor proximidad entre Pastor y fieles en dificultad, teniendo como guía la ley suprema la salus animarum, que hoy como ayer constituye el fin último de las instituciones, del derecho, y de las leyes eclesiásticas.

Alejandro Arellano

Alejandro Arellano

¿Qué opina del giro reformista que el Papa Francisco está imprimiendo a la Iglesia?

El Pontificado del Papa Francisco ha inaugurado un proceso de reformas a diversos niveles en el seno de la Iglesia: reformas que en muchos campos eran deseadas y esperaban una decisión valiente que aceptase los inevitables riesgos que comporta todo cambio. A este respecto, el Santo Padre, en el discurso a la Curia romana de 2016, reconocía que el verdadero alma de la reforma son los hombres que forman parte de ella y la hacen posible, confirmando la importancia de la conversión individual sin la cual serían inútiles todos los cambios en las estructuras de la Iglesia.

La reforma del proceso matrimonial canónico nace del deseo de responder a la petición general presente en la Iglesia desde hacía mucho tiempo: hacer los procesos canónicos más accesibles a los fieles, especialmente aquellos que se refieren a la causas de declaración de nulidad del matrimonio. Las transformaciones realizadas en esta etapa obedecen a la necesidad de adecuar la legislación procesal a las nuevas exigencias presentes en la vida y en la misión de la Iglesia, interpelada constantemente por los desafíos y urgencias de la cultura actual en la que se mueve el hombre contemporáneo.

Por consiguiente, la nueva ley de reforma se coloca en la tradición viva de los canonistas, que valorizan los tesoros de doctrina recibidos en herencia, permaneciendo siempre abiertos a la verdadera renovación. Esta llamada a una necesaria hermenéutica de la continuidad con la la Tradición de la Iglesia no es un principio propuesto para un caso particular, sino el común modo de proceder en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, para una misión fecunda. Y esto es lo que sucede cuando se realiza una correcta lectura de las innovaciones en el campo jurídico de la Iglesia.

Esta Reforma no responde solo a la solicitud y preocupación del Papa por los fieles “alejados” o en dificultad, sino fundamentalmente al anhelo y expectativas reiteradas del episcopado y recogidas en la Relatio Synodi del Sínodo sobre la familia.

La innovación de estos motu proprio, requiere apertura y aplicación para acoger y desarrollar el patrimonio de ciencia y cultura preexistente. Los Tribunales eclesiásticos, por su parte, deben esforzarse, con ánimo atento y sensible al camino histórico del Pueblo de Dios, en contribuir y colaborar profesionalmente y prudentemente al bien del matrimonio y la familia, es decir, a la salus animarum.

Ciencia y religión ante la pandemia

Ciencia y religión ante la pandemia

¿Saldremos mejores o peores de la pandemia?

Antes de la pandemia hemos asistido a un mundo caracterizado por una globalización injusta, con una explotación de pueblos y áreas del mundo golpeadas por problemas económicos, sociales, políticos…, lo que el Papa Francisco llama la “cultura del descarte”, esto ha marcada un estilo de vida y del mundo individualista, egoísta y arrogante; la pandemia ha puesto de relieve que todo este sistema se ha venido abajo por un microscópico virus.

A quienes creemos en Dios, esta situación nos ha hecho pensar que Cristo se ha hecho compañero de nuestro dolor y que ha cargado con él. El lugar de la grandeza y belleza de esta presencia de Cristo es la cruz, allí alcanza su vértice supremo. En este tiempo de pandemia, gracias a los extraordinarios testimonios de solidaridad y de “proximidad”, se ha hecho visible un Dios aliado de los hombres, fiel y presente. La pandemia nos ha enseñado que no nos salvamos solos, y por otra parte, ha traido nuevas aperturas en el ámbito de responsabilidad, del don de sí, del diálogo, de la proximidad, de la belleza de compartir, por el bien de todos, gracias a una humanidad solidaria.

¿Es de justicia que los pobres del mundo también tengan acceso a las vacunas contra el Covid?

El Papa Francisco, en una de las Audiencias de los miércoles, recordaba que sería triste si en la vacuna para frenar el Covid se diera la prioridad a los más ricos; esta vacuna debe ser universal, para todos, especialmente aquellos que tienen menos recursos económicos, y en consecuencia se encuentran más desprotegidos. La caridad es el rostro del Dios cristiano, y en este momento debemos comprometernos unos con otros, especialmente con aquellos más frágiles y débiles.

El Papa, con mascarilla

El Papa, con mascarilla

Quien cree en la caridad de Dios, quien se deja amar por El y con la fuerza que viene de lo alto se compromete a vivir gestos de compartir y de solidaridad para quien está sufriendo. El Papa Francisco ha manifestado que lo peor sería desperdiciar la oportunidad de hacer el bien que nos ofrece la pandemia, y no cambiar nada respecto aquello que había antes. La pandemia exige un nuevo inicio, pero debe ser un inicio de caridad y esperanza.

¿Cómo se percibe a la Iglesia española desde las alturas judiciales romanas?

He podido constatar que la reforma del proceso matrimonial canónico está siendo aplicada por parte de obispos, sacerdotes y operadores de los Tribunales, los cuales prestan un encomiable servicio al matrimonio y la familia, trabajando cum Petro et sub Petro, en espíritu de comunión y leal compartir en favor de la justicia matrimonial, y al mismo tiempo siendo expresión del sentire cum Ecclesia, realizando las exigencias de discernimiento y acompañamiento de sus hijos en la verdad y rectitud acerca del estado conyugal.

Son muchas las iniciativas que las diócesis españolas han puesto en acción para llevar a cabo el impulso reformador del proceso matrimonial canónico – caracterizado por la proximidad, celeridad y gratuidad – , montrando, de este modo, que la Iglesia es madre y ama a todos sus hijos, que en este caso son aquellos marcados por la herida de un amor roto.

 

 José Manuel Vidal
Religión Digital