Lecturas recomendadas

Empresa, libertad y vida

P. Luis Ugald,sj:

No basta que los empresarios quieran libertad para su emprendimiento, es necesario que
el florecimiento y expansión de la empresa privada sea un fuerte deseo de los
trabajadores y de los pobres en general, por la experiencia y pruebas evidentes de que su
vecino gana en la empresa privada 20 veces más que él como empleado público.


Son distintos el capitalismo de la Europa de 1850 y el de 1950. En el primero, los
trabajadores estaban sometidos a jornadas de 15 horas diarias, con salarios de hambre,
niños trabajando, sin legislación laboral, sin seguridad social, sin libertad de asociación y
autodefensa… Parecía cierto aquello de Marx “los trabajadores nada tienen que perder
sino sus cadenas”.

Pero los trabajadores de 1950 tienen mucho que perder: su buen
sueldo en jornada de 8 horas, educación, salud, vivienda, vacaciones pagadas, seguridad
social, jubilación, con ley del trabajo que defiende condiciones humanas… y con
aspiraciones superiores para sus hijos… Si el capitalista de 1850 se encontrara con su
bisnieto de 1950 lo acusaría de veleidades comunistas, por defender los derechos sociales
de los trabajadores en el capitalismo. El bisnieto con sonrisa comprensiva le diría que les
va muy bien con su apuesta por el “Estado de bienestar social”, que va derrotando al
comunismo: El fortalecimiento de la empresa privada con libertad, derechos sociales y
productividad, es vida para toda la sociedad.


Europa en el siglo XX luego de dos guerras mundiales con 100 millones de muertos,
espantosa destrucción, derrumbe de ilusiones estatistas (fascistas, comunistas y nazistas)
y una desastrosa entreguerra capitalista marcada por la Gran Depresión de 1929, sabe que
si no hay bienestar para los pobres no habrá futuro para nadie.


En 1946 hubo que superar el deseo lógico de los Aliados vencedores (sobre todo de
Francia y de la URSS) de desmantelar, desmilitarizar, desindustrializar y atar de pies y
manos a la derrotada Alemania. Hasta que las potencias vencedoras occidentales se
convencieron de que su mejor aliada y garante de futuro era una Alemania próspera y un
«nos-otros” europeo: para que a Francia y a Inglaterra les fuera bien tenía que irle bien a
la derrotada Alemania y viceversa.

La visión y poder efectivo de EE.UU con su Plan

Marshall fueron decisivos para el renacer de una Europa más unida y de bienestar
compartido con “Economía social de mercado”. Al otro lado Stalin imponía su bota
convencido de que los explotados trabajadores occidentales se rendirían como fruta
madura a las promesas comunistas de felicidad. Luego de cuarenta años de tiranía
comunista los desengañados derrumbaron sin un tiro el Muro de Berlín, el Telón de Acero
y hasta la misma Unión Soviética.


América Latina también ha tenido sueños de paraíso comunista y los ha probado. El
resultado es la miseria y represión de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Con todo el poder en
sus manos durante décadas han convertido la promesa de paraíso en realidades de
infierno.


No queremos la inmensa pobreza actual de América Latina, ni nos dejamos engañar por el
falso camino comunista que arranca con ilusión y termina en la miseria. El camino
económico es una empresa privada renovada, audaz y casada con el bien común.
Chile con más de 30 años de bonanza capitalista e innegables éxitos económicos, ha
demostrado que el neoliberalismo tiene demasiada ideología y que no es bueno el
capitalismo que fortalece barreras sociales en lugar de derribarlas y que frena la
revolución de las aspiraciones de la “clase media”. Con la sostenida frustración de las
oportunidades igualitarias, el malestar estalló en la calle… Es necesario un capitalismo
inteligente con un Estado democrático de bien común y de bienestar social con empresa
privada para lograr un “nos-otros” efectivo y afectivo.


Venezuela está en ruinas, sin libertad, con dictadura de partido único que persigue con
violencia. No basta la sobrevivencia de algunas empresas, es imprescindible su
multiplicación y fortalecimiento responsable y solidario; pero según el Banco Mundial
Venezuela ahora es el peor país para atraer inversión libre. Para que vengan miles de
millones de dólares de inversión que necesitamos tiene que haber (y las hay) áreas
atractivas para el capital disponible y CONFIANZA en el país y su marco jurídicoinstitucional que comprende y estimula el papel clave de la empresa privada… Nada de
eso es posible con el régimen actual.


Al mismo tiempo tiene que haber (y hay) una gran mayoría de la población que – habiendo
celebrado ayer la estatización de SIDOR y otros muchos “exprópiese” irresponsables y
prepotentes – hoy llora su desempleo improductivo y el salario de hambre vaciado por la
hiperinflación.


Hace falta una reeducación, no menor que la que necesitó Alemania, empezando por los
políticos y los empresarios para poner por encima de todo el pacto para alcanzar el bien
común con “Estado de bienestar” al que solo se llega con el “bien-hacer”. Cada pobre
debe saber que no tiene salida sin convertirse en productor y aumentar su productividad;
eso requiere una transformación educativa con alianza coherente entre empresariado y
sistema educativo de calidad. Al mismo tiempo la sociedad civil, los empresarios y el
Estado deben empeñarse en crear millones de oportunidades de ser productores. No
dádivas del Estado, ni la ya perdida renta petrolera, sino riqueza que brota del encuentro
entre empresas y trabajadores convencidos de que es su talento cultivado y no el petróleo
la fuente de la riqueza suya y del bienestar nacional.


Hitler abusó del poder durante 12 años y fue necesario crear una nueva democracia y
nuevo capitalismo con un nuevo espíritu solidario en Alemania y Europa: no la revancha,
sino la transformación productiva en colaboración de estados y empresas con “Economía
social de mercado”. La “revolución” venezolana lleva 22 años de destrucción. Ahora hay
que tener a la vista el inmenso desastre de Cuba, Venezuela, Nicaragua… La respuesta no
es el Mercado solo, sino con Estado y Sociedad Civil con múltiples organizaciones
promotoras de producción y libertades ciudadanas, sabiendo que al pobre le irá bien en
su salida de la pobreza si al empresario le va bien y viceversa. Una gran alianza (con
decidido apoyo internacional) para potenciar el talento creativo y las oportunidades
productivas para millones de trabajadores venezolanos.-

Caracas, 29 de julio de 2021

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