Entrevistas

Entrevista a la Hna. Fátima Vieira: “Nuestro anhelo es vivir de acuerdo a nuestra fe”

Revista SIC

En esta oportunidad, conversamos con la Hna. Vieira, Superiora General de la Orden Siervas del Santísimo Sacramento en Venezuela, Especialista en Dinámica de grupo y actual miembro del *Consejo Editorial de la Revista SIC

En esta oportunidad, conversamos con la Hermana Vieira, Superiora General de la Orden Siervas del Santísimo Sacramento en Venezuela, Especialista en Dinámica de grupo y actual miembro del Consejo Editorial de la revista SIC, quien amablemente compartió con nosotros su visión en relación al rol de nosotros los creyentes frente a la crisis venezolana; la misión de la Orden que lidera y su experiencia de fe en dos espacios: la oración y siendo convocada a participar de nuestro Consejo Editorial.

–En este momento, todo indica que vivimos acaso la crisis más compleja que ha atravesado Venezuela en su historia republicana democrática, ¿cuál debe ser el papel de los creyentes ante esta difícil situación?

–En este presente polarizado, complejo y doloroso que vive Venezuela, los ciudadanos necesitamos recuperar la posibilidad de vivir todos dignamente en nuestra patria, recobrar confianza y esperanza, desarrollar otro tipo de estrategias que ayuden a recuperar la gobernabilidad del país, retomar la insustituible fuerza de la participación ciudadana organizada en todos los sectores, propiciar el desarrollo de la sociedad, mejorar la calidad de vida de la población e incidir positivamente en el progreso de la nación.

¿Qué podemos hacer los creyentes? Nuestro anhelo es vivir de acuerdo a nuestra fe, en nuestro caso como cristianos-católicos, nuestro proyecto es el de Jesús el Hijo de Dios, el cual se sintetiza en: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo.” (Lc. 10,27). De ahí surgen múltiples repercusiones que están expresadas en los Evangelios: todos somos hermanos, la vida es sagrada y es don de Dios; estamos invitados a ser canal de misericordia, caridad, solidaridad, perdón, corrección fraterna; amar también al enemigo, dispuestos para el servicio, especialmente al más necesitado…

Siendo así, vivir como hijos amados del Dios de la vida que nos hermana, es una manera concreta de ayudar a la recuperación del país, sin colaborar con las estructuras del mal que el sistema ha ido permitiendo: robo, abuso de poder, corrupción a todos los niveles, maltrato, chantaje, irrespeto a la vida, extorsión; es necesario romper este ciclo y en este aspecto los cristianos estamos llamados a dar el primer paso “primerear”1, para volver a vivir como hermanos solidarios y amigos, que es lo identificativo del pueblo venezolano. Este re-aprendizaje necesariamente tiene que pasar por procesos personales y comunitarios de diálogo, búsqueda de la verdad y justicia; el reconocimiento de las propias inconsistencias e injusticias; el perdón, la reconciliación y acordar estrategias de acción en común. Para ello ayuda no tener miedo, trabajar con otros y dejar a Dios actuar; la sinergia nos recuerda que el resultado del esfuerzo en conjunto, en comunidad, supera el resultado de unir los esfuerzos individuales, y si le damos cabida al Espíritu Santo, lo propio de Dios, que es restaurar, será evidente. Por ello me animo y animo a los creyentes a evidenciar con mayor claridad en los ambientes donde hacemos vida, que creemos y actuamos movidos por el Dios de Jesús, involucrarnos animados por la fuerza de nuestra fe en las estructuras y organizaciones que humanizan, y ayudan a recobrar la dignidad del ser humano; la Iglesia católica también está abriendo puertas a la participación de todos, se habla de una Iglesia sinodal, que será el tema del próximo Sínodo de los Obispos (2023), todos tenemos voz y posibilidad de incidencia en nuestro entorno.

–Venezuela en 1899 fue consagrada por el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, al Santísimo Sacramento. Entiendo que somos el único país consagrado al Santísimo. ¿Qué misión tienen las Siervas del Santísimo al ser una congregación con un carisma tan especial en este país?

–La relación de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento con nuestra Congregación de Siervas del Santísimo Sacramento es bastante directa, pues, aunque la Consagración oficial fue realizada por el ilustre arzobispo Críspulo Uzcátegui, en realidad quien propuso, promovió y realizó todas las gestiones necesarias ante el Vaticano para que esto aconteciera, fue nuestro fundador, el entonces presbítero Doctor Juan Bautista Castro. Él, desde sus primeros años de sacerdocio y frente a la crisis de fe y falta de valores que atravesaba el país debido a las políticas ateas reinantes en ese momento, tenía fe inquebrantable en que la única solución a todos los males de la patria estaba en el conocimiento y amor a la Divina Eucaristía y, con esta idea fija en su mente y su corazón, se propuso impulsar el culto del Santísimo Sacramento en todo su apostolado, a tal punto que es llamado el “Apóstol de la Eucaristía en Venezuela”; por ello no descansó hasta materializar su sueño de ver consagrada a Venezuela al Santísimo Sacramento. Finalmente, fue él también quien compuso el acto de Consagración que todavía hoy se reza en todas las parroquias de la República cada 2 de julio o el segundo domingo del mes de julio.

El padre Castro al fundar nuestra Congregación tenía muy claro cuál debía ser nuestra misión: que en cada Diócesis de la República hubiera una casa de oración y adoración permanente al Santísimo Sacramento solemnemente expuesto, para que desde ese Trono Eucarístico nuestro Señor pudiera derramar toda la gracia y las bendiciones que su pueblo necesitaba, así como solucionar las necesidades que el pueblo de Dios y la Iglesia encomendara a las religiosas.

Fuente: Foto archivo. Cortesía de la autora

Así que ser una Congregación Eucarística y además ser fundadas por aquel que promovió la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, representa para nosotras un gran honor y responsabilidad; en cierto modo, custodiamos la fe Eucarística en todos los lugares en los que tenemos presencia, por ello todo lo que somos, tenemos y hacemos tiene como único fin: llevar a las almas el amor, la salud y la misericordia que nos da Jesús en la Divina Eucaristía. Esto es lo que humildemente y desde nuestra pequeñez desea cada hermana al vivir intensamente la Celebración Eucarística diaria, realizar la hora de adoración frente al Santísimo Sacramento solemnemente expuesto y llevar la Eucaristía a la vida: ser vínculo de unidad, encuentro, reconciliación, celebración de la fe, pan partido para los demás, a través del trabajo pastoral: grupos eucarísticos, educación, catequesis, misiones, obras de caridad, obras sociales, formación del pueblo de Dios… en todo únicamente buscamos imprimir el amor a Jesús Eucaristía con la certeza de que sólo arraigados en Él y su amor encontraremos la solución a todos los males de nuestra patria y del mundo entero. El próximo 7 de septiembre cumpliremos 125 años de fundación y consideramos que nuestra misión sigue siendo vital hoy en Venezuela y Colombia.

–Hermana María de Fátima, ¿cómo reza usted en sus momentos difíciles? ¿Y cómo reza en sus momentos felices?

–No esperaba esta pregunta. ¿Cómo rezo, en tiempos difíciles? ¿Cómo es mi oración? Me viene a la mente el tiempo que estuve enferma con COVID-19, en esa situación la mente y el cuerpo estaban colapsados y surgían, solo como un susurro en mi interior, frases cortas –muy cortas–, que repetía mentalmente: “Dios está, Dios está”. “Ten piedad, Ten piedad”. “Confío en Ti, confío en Ti”.

Y las mociones que percibía, como respuestas a la oración, eran también concretas: “Ten paz. Esto pasará.”

El día que me sentí peor –con miedo, porque la enfermedad genera mucha incertidumbre y zozobra; uno no sabe cómo va a evolucionar o cuál va a ser el desenlace y, además, está consciente del desgaste que está produciendo a las personas cercanas–, recuerdo que en ese momento supliqué a Dios con todo mi ser: ¡Señor! Y en ese momento, como una brisa suave, como le pasó al profeta Elías, surgió una idea clara en mi interior: toda la creación y el cuerpo humano es perfecta; el cuerpo tiene con qué luchar, tú tienes con que luchar contra esta enfermedad, no temas, lucha por restablecerte.

Esa experiencia de oración cambió mi actitud ante la enfermedad: me dio fuerzas, me ayudó a dejar de lado los pensamientos desalentadores y a focalizar las pocas fuerzas que sentía en la recuperación. Rezar en momentos difíciles es una experiencia de crecimiento: allí me encuentro con mi vulnerabilidad, debilidad, incapacidad, mi vacío. La postura corporal es a veces de postración ante la presencia de Jesús Sacramentado. La oración me permite cambiar la mirada y descubrir ese vacío personal como un espacio oportuno para la acción de Dios. Por ello, la humildad es tan importante en el camino de la santidad. Es permitir a Dios actuar y a veces sólo logramos darle paso cuando ya no podemos más.

¿En los momentos felices? En esas situaciones la postura corporal es inevitablemente distinta: es de júbilo, alabanza, las palabras “gracias” y “bendito seas” son las que predominan en la oración. En relación con el punto anterior, los momentos felices casi siempre surgen después de pasar los difíciles. Son ciclos de vida. En momentos felices en mi oración y adoración surgen espontáneamente el canto, la danza, el deseo de embellecer el lugar con flores, colores… el arte es una expresión que me ayuda muchísimo para la oración: alabar, bendecir, adorar, agradecer, estar ante Él, contemplar la creación. Es una oración que fortalece y vigoriza.

En ambas situaciones considero que es importante la oración en comunidad ya que, genera mayor impacto humano, espiritual y eclesial; fortalece las relaciones con Dios y con los hermanos. En nuestro caso, hermanas Siervas del Santísimo Sacramento, nuestra espiritualidad es Eucarística por ello la oración diaria que privilegiamos es ante Jesús Sacramentado. La oración es eso, tomar la propia vida e ir al encuentro de Dios, hablar con Él de ese asunto que me preocupa o alegra; buscar y hallar en su Palabra, en la vida cotidiana, en la realidad y los que sufren, su Voluntad. Me gusta también orar con María la Madre de Jesús, me anima su presencia y sabiduría femenina.

–¿Cómo ha sido para usted la experiencia de formar parte del Consejo Editorial de la revista SIC hasta ahora?

–Fue una sorpresa ser convocada para formar parte del Consejo Editorial de la revista SIC y estoy agradecida. Es un espacio privilegiado de intercambio de ideas, saberes, opiniones y experiencias en un clima de respeto, búsqueda del bien común en los ámbitos sociales, políticos, económicos, desde la óptica cristiana-católica. Ha sido una experiencia enriquecedora. Valoro a las personas que lo conforman, cada una desde su perspectiva, especialidad o profesión aporta un enfoque valioso que enriquece la comprensión de la realidad de nuestro país y permite direccionar acertadamente la labor de la revista SIC.

¡Qué bien hace al ser humano poder dialogar, compartir puntos de vista y luego concretizarlo en acciones que buscan el bien común!


En esta oportunidad, conversamos con la Hermana Vieira, Superiora General de la Orden Siervas del Santísimo Sacramento en Venezuela, Especialista en Dinámica de grupo y actual miembro del Consejo Editorial de la revista SIC, quien amablemente compartió con nosotros su visión en relación al rol de nosotros los creyentes frente a la crisis venezolana; la misión de la Orden que lidera y su experiencia de fe en dos espacios: la oración y siendo convocada a participar de nuestro Consejo Editorial.

–En este momento, todo indica que vivimos acaso la crisis más compleja que ha atravesado Venezuela en su historia republicana democrática, ¿cuál debe ser el papel de los creyentes ante esta difícil situación?

–En este presente polarizado, complejo y doloroso que vive Venezuela, los ciudadanos necesitamos recuperar la posibilidad de vivir todos dignamente en nuestra patria, recobrar confianza y esperanza, desarrollar otro tipo de estrategias que ayuden a recuperar la gobernabilidad del país, retomar la insustituible fuerza de la participación ciudadana organizada en todos los sectores, propiciar el desarrollo de la sociedad, mejorar la calidad de vida de la población e incidir positivamente en el progreso de la nación.

¿Qué podemos hacer los creyentes? Nuestro anhelo es vivir de acuerdo a nuestra fe, en nuestro caso como cristianos-católicos, nuestro proyecto es el de Jesús el Hijo de Dios, el cual se sintetiza en: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo.” (Lc. 10,27). De ahí surgen múltiples repercusiones que están expresadas en los Evangelios: todos somos hermanos, la vida es sagrada y es don de Dios; estamos invitados a ser canal de misericordia, caridad, solidaridad, perdón, corrección fraterna; amar también al enemigo, dispuestos para el servicio, especialmente al más necesitado…

Siendo así, vivir como hijos amados del Dios de la vida que nos hermana, es una manera concreta de ayudar a la recuperación del país, sin colaborar con las estructuras del mal que el sistema ha ido permitiendo: robo, abuso de poder, corrupción a todos los niveles, maltrato, chantaje, irrespeto a la vida, extorsión; es necesario romper este ciclo y en este aspecto los cristianos estamos llamados a dar el primer paso “primerear”1, para volver a vivir como hermanos solidarios y amigos, que es lo identificativo del pueblo venezolano. Este re-aprendizaje necesariamente tiene que pasar por procesos personales y comunitarios de diálogo, búsqueda de la verdad y justicia; el reconocimiento de las propias inconsistencias e injusticias; el perdón, la reconciliación y acordar estrategias de acción en común. Para ello ayuda no tener miedo, trabajar con otros y dejar a Dios actuar; la sinergia nos recuerda que el resultado del esfuerzo en conjunto, en comunidad, supera el resultado de unir los esfuerzos individuales, y si le damos cabida al Espíritu Santo, lo propio de Dios, que es restaurar, será evidente. Por ello me animo y animo a los creyentes a evidenciar con mayor claridad en los ambientes donde hacemos vida, que creemos y actuamos movidos por el Dios de Jesús, involucrarnos animados por la fuerza de nuestra fe en las estructuras y organizaciones que humanizan, y ayudan a recobrar la dignidad del ser humano; la Iglesia católica también está abriendo puertas a la participación de todos, se habla de una Iglesia sinodal, que será el tema del próximo Sínodo de los Obispos (2023), todos tenemos voz y posibilidad de incidencia en nuestro entorno.

–Venezuela en 1899 fue consagrada por el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, al Santísimo Sacramento. Entiendo que somos el único país consagrado al Santísimo. ¿Qué misión tienen las Siervas del Santísimo al ser una congregación con un carisma tan especial en este país?

–La relación de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento con nuestra Congregación de Siervas del Santísimo Sacramento es bastante directa, pues, aunque la Consagración oficial fue realizada por el ilustre arzobispo Críspulo Uzcátegui, en realidad quien propuso, promovió y realizó todas las gestiones necesarias ante el Vaticano para que esto aconteciera, fue nuestro fundador, el entonces presbítero Doctor Juan Bautista Castro. Él, desde sus primeros años de sacerdocio y frente a la crisis de fe y falta de valores que atravesaba el país debido a las políticas ateas reinantes en ese momento, tenía fe inquebrantable en que la única solución a todos los males de la patria estaba en el conocimiento y amor a la Divina Eucaristía y, con esta idea fija en su mente y su corazón, se propuso impulsar el culto del Santísimo Sacramento en todo su apostolado, a tal punto que es llamado el “Apóstol de la Eucaristía en Venezuela”; por ello no descansó hasta materializar su sueño de ver consagrada a Venezuela al Santísimo Sacramento. Finalmente, fue él también quien compuso el acto de Consagración que todavía hoy se reza en todas las parroquias de la República cada 2 de julio o el segundo domingo del mes de julio.

El padre Castro al fundar nuestra Congregación tenía muy claro cuál debía ser nuestra misión: que en cada Diócesis de la República hubiera una casa de oración y adoración permanente al Santísimo Sacramento solemnemente expuesto, para que desde ese Trono Eucarístico nuestro Señor pudiera derramar toda la gracia y las bendiciones que su pueblo necesitaba, así como solucionar las necesidades que el pueblo de Dios y la Iglesia encomendara a las religiosas.

Fuente: Foto archivo. Cortesía de la autora

Así que ser una Congregación Eucarística y además ser fundadas por aquel que promovió la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, representa para nosotras un gran honor y responsabilidad; en cierto modo, custodiamos la fe Eucarística en todos los lugares en los que tenemos presencia, por ello todo lo que somos, tenemos y hacemos tiene como único fin: llevar a las almas el amor, la salud y la misericordia que nos da Jesús en la Divina Eucaristía. Esto es lo que humildemente y desde nuestra pequeñez desea cada hermana al vivir intensamente la Celebración Eucarística diaria, realizar la hora de adoración frente al Santísimo Sacramento solemnemente expuesto y llevar la Eucaristía a la vida: ser vínculo de unidad, encuentro, reconciliación, celebración de la fe, pan partido para los demás, a través del trabajo pastoral: grupos eucarísticos, educación, catequesis, misiones, obras de caridad, obras sociales, formación del pueblo de Dios… en todo únicamente buscamos imprimir el amor a Jesús Eucaristía con la certeza de que sólo arraigados en Él y su amor encontraremos la solución a todos los males de nuestra patria y del mundo entero. El próximo 7 de septiembre cumpliremos 125 años de fundación y consideramos que nuestra misión sigue siendo vital hoy en Venezuela y Colombia.

–Hermana María de Fátima, ¿cómo reza usted en sus momentos difíciles? ¿Y cómo reza en sus momentos felices?

–No esperaba esta pregunta. ¿Cómo rezo, en tiempos difíciles? ¿Cómo es mi oración? Me viene a la mente el tiempo que estuve enferma con COVID-19, en esa situación la mente y el cuerpo estaban colapsados y surgían, solo como un susurro en mi interior, frases cortas –muy cortas–, que repetía mentalmente: “Dios está, Dios está”. “Ten piedad, Ten piedad”. “Confío en Ti, confío en Ti”.

Y las mociones que percibía, como respuestas a la oración, eran también concretas: “Ten paz. Esto pasará.”

El día que me sentí peor –con miedo, porque la enfermedad genera mucha incertidumbre y zozobra; uno no sabe cómo va a evolucionar o cuál va a ser el desenlace y, además, está consciente del desgaste que está produciendo a las personas cercanas–, recuerdo que en ese momento supliqué a Dios con todo mi ser: ¡Señor! Y en ese momento, como una brisa suave, como le pasó al profeta Elías, surgió una idea clara en mi interior: toda la creación y el cuerpo humano es perfecta; el cuerpo tiene con qué luchar, tú tienes con que luchar contra esta enfermedad, no temas, lucha por restablecerte.

Esa experiencia de oración cambió mi actitud ante la enfermedad: me dio fuerzas, me ayudó a dejar de lado los pensamientos desalentadores y a focalizar las pocas fuerzas que sentía en la recuperación. Rezar en momentos difíciles es una experiencia de crecimiento: allí me encuentro con mi vulnerabilidad, debilidad, incapacidad, mi vacío. La postura corporal es a veces de postración ante la presencia de Jesús Sacramentado. La oración me permite cambiar la mirada y descubrir ese vacío personal como un espacio oportuno para la acción de Dios. Por ello, la humildad es tan importante en el camino de la santidad. Es permitir a Dios actuar y a veces sólo logramos darle paso cuando ya no podemos más.

¿En los momentos felices? En esas situaciones la postura corporal es inevitablemente distinta: es de júbilo, alabanza, las palabras “gracias” y “bendito seas” son las que predominan en la oración. En relación con el punto anterior, los momentos felices casi siempre surgen después de pasar los difíciles. Son ciclos de vida. En momentos felices en mi oración y adoración surgen espontáneamente el canto, la danza, el deseo de embellecer el lugar con flores, colores… el arte es una expresión que me ayuda muchísimo para la oración: alabar, bendecir, adorar, agradecer, estar ante Él, contemplar la creación. Es una oración que fortalece y vigoriza.

En ambas situaciones considero que es importante la oración en comunidad ya que, genera mayor impacto humano, espiritual y eclesial; fortalece las relaciones con Dios y con los hermanos. En nuestro caso, hermanas Siervas del Santísimo Sacramento, nuestra espiritualidad es Eucarística por ello la oración diaria que privilegiamos es ante Jesús Sacramentado. La oración es eso, tomar la propia vida e ir al encuentro de Dios, hablar con Él de ese asunto que me preocupa o alegra; buscar y hallar en su Palabra, en la vida cotidiana, en la realidad y los que sufren, su Voluntad. Me gusta también orar con María la Madre de Jesús, me anima su presencia y sabiduría femenina.

–¿Cómo ha sido para usted la experiencia de formar parte del Consejo Editorial de la revista SIC hasta ahora?

–Fue una sorpresa ser convocada para formar parte del Consejo Editorial de la revista SIC y estoy agradecida. Es un espacio privilegiado de intercambio de ideas, saberes, opiniones y experiencias en un clima de respeto, búsqueda del bien común en los ámbitos sociales, políticos, económicos, desde la óptica cristiana-católica. Ha sido una experiencia enriquecedora. Valoro a las personas que lo conforman, cada una desde su perspectiva, especialidad o profesión aporta un enfoque valioso que enriquece la comprensión de la realidad de nuestro país y permite direccionar acertadamente la labor de la revista SIC.

¡Qué bien hace al ser humano poder dialogar, compartir puntos de vista y luego concretizarlo en acciones que buscan el bien común!


Nota:

  1. El Papa Francisco introdujo el verbo “primerear” bajo el significado de “tomar la iniciativa”, “adelantarse”, en la tarea evangelizadora y de apostolado que a todos nos toca desempeñar.

Juan Salvador Pérez, Director de la Revista SIC

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