Iglesia Venezolana

Esto se escuchó durante la toma de posesión en la diócesis de Trujillo

Palabras y Homilía Toma de Posesión

 

PALABRAS EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA DIÓCESIS DE TRUJILLO DE MONS. JOSÉ TRINIDAD FERNÁNDEZ ANGULO, A CARGO DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE MÉRIDA, CARDENAL BALTAZAR ENRIQUE PORRAS CARDOZO. Catedral de Trujillo, 8 de octubre de 2021.

 

 

Muy querido Monseñor Trino:

 

 

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies de quienes traen la paz! (Is.57,2). Que estas palabras del profeta Isaías sean los que guíen tu andar misionero en estas tierras trujillanas. En mi condición de metropolitano merideño, vengo a nombre de la Iglesia y del Papa Francisco a darte posesión de tu primera diócesis como titular.

 

Que sigas las sendas de los antecesores de esta joven diócesis, Mons. Antonio Ignacio Camargo, del clero merideño, cura y vicario de Boconó antes de ser promovido a la sede episcopal de Calabozo, quien fue el obispo fundador de esta circunscripción. Mons. José León Rojas Chaparro, del clero tachirense, bondadoso y dinámico; Mons. Vicente Ramón Hernández, querido y añorado, nativo de esta tierra pero del clero caraqueño, noble, paternal, cercano; Mons. Castor Oswaldo Azuaje, zuliano, carmelita, arrancado de entre nosotros por esta terrible pandemia que nos azota. Y, de antes, de la diócesis madre, que tengas la visión del gran obispo Rafael Lasso de la Vega para abrir caminos al entendimiento entre la Iglesia y el Estado, cuyo bicentenario estamos recordando.

 

Tierra de santos, bajo la protección de la Virgen de la Paz y de nuestro gran beato José Gregorio Hernández, sean tu bálsamo y ejemplo en la tarea que te toca emprender. Rica en vocaciones, ejemplar en muchas iniciativas pastorales, tienes la tarea de ser constructor de la paz, en un país sumido en una crisis estructural que requiere la urgente búsqueda de equidad y fraternidad. Es, lamentablemente, también, que este estado sea uno de los más pobres del país, teniendo posibilidades inmensas tanto en la montaña como en la zona baja lacustre para su desarrollo. Es tarea evangelizadora la promoción humana integral a la luz del magisterio y doctrina social de la Iglesia. Es un trabajo que, con las directrices del Papa Francisco, en sinodalidad, con la participación de todos sin distinción, puede y debe ser luz que ilumine al resto de nuestra patria.

 

Esta tierra no te es extraña, tienes tus raíces en estos lares andinos, pues procedes física y espiritualmente de Mérida donde te formaste y serviste como sacerdote, enriquecido con la experiencia caraqueña como formador del clero, como obispo auxiliar en la capital y como secretario general de la Conferencia Episcopal. Tomas posesión en las fiestas que identifican la identidad de estos lares.

 

Que el Señor, la Virgen de la Paz, San Benito de Palermo y José Gregorio te acompañen y tengas un ministerio fecundo para alegría de todos. Que así sea.

 

Saludo de Mons. Ignazio Ceffalia, Encargado de Negocios a.i. de la Nunciatura Apostólica, en la ocasión de la toma de posesión de S.E. Mons. José Trinidad Fernández Angulo (Trujillo. 8 de octubre 2021)

 

Al no haber podido estar presente en esta solemne celebración, por medio del Emmo. Sr. Cardenal Baltazar Porras deseo hacer llegar, en mi nombre y de la Santa Sede, los mejores deseos al Excmo. Mons. Trino, en la ocasión de su toma de posesión como Obispo de Trujillo.

El Papa Francisco nos recuerda que los Obispo «han sido enviados, como el Buen Pastor, a cuidar del rebaño e ir en busca de las ovejas, especialmente de las alejadas o perdidas, a buscar también nuevas modalidades del anuncio, para salir al encuentro de las personas; a ayudar a los que han recibido el don del bautismo a crecer en la fe para que los creyentes, incluso los tibios o los no practicantes, descubran de nuevo la alegría de la fe y una fecundidad evangelizadora.» (Francisco, Discurso a los Obispos de territorios de misión, 09.09.2016).

Con estos sentimientos de alegría, de esperanza y de acción de gracias, deseo en primer lugar agradecer al Señor en este día tan importante para la Diócesis de Trujillo y para toda la Iglesia en Venezuela. Me es además grato saludar a todos los presentes a la celebración, y muy cordialmente a Mons. Trino, significándole mi afecto personal en la fraternidad y en la comunión de fe que nos une.

Agradecemos al Papa Francisco por este gran regalo y por su amor particular a este pueblo y por esta tierra natal del Beato José Gregorio, quien con especial solicitud y confiando en su experiencia pastoral, le encomienda esta Diócesis de Trujillo, y le agradece su disponibilidad por aceptar este servicio con espíritu de obediencia, para que ejerza aquí su ministerio pastoral, como servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo.

El Santo Padre envía a esta Iglesia particular de Trujillo un pastor experimentado, con la seguridad de que sea recibido como “el que viene en el nombre del Señor”. Tenemos la certeza de que todo el Presbiterio y la Feligresía seguirán apoyando y animando su nuevo pastor, y que estarán dispuestos a colaborar con él en la obra de evangelización.

Un recuerdo especial para el Excmo. Mons. Cástor Oswaldo Azuaje Pérez que nos ha dejado al principio de este año para una vida nueva. Estamos seguros que desde la morada de los justos él sigue rezando por todos nosotros y en particular por su querida Iglesia de la que fue pastor entregado y muy amado.

En nombre de la Santa Sede y mío personal un agradecimiento especial al Rvdo. P. Rubén Delgado Carmona, que hoy después de casi 9 meses termina su servicio como Administrador diocesano de la Diócesis de Trujillo, que ha guiado con sabiduría, amor y ternura.

Querido Mons. Trino le deseo todo lo mejor y toda la bendición de Dios para que, con su energía, frescura y entusiasmo juvenil, pueda seguir sembrando y cosechando en esta gran tarea y fascinante aventura evangelizadora que le ha sido encomendada por el Santo Padre. Que la Virgen Santísima y el Beato José Gregorio Hernández sigan intercediendo por Usted y para todo el Pueblo Santo que le ha sido confiado. Tantissimi Auguri!

 

La Homilía del Cardenal Porras Cardozo en la Toma de Posesión del obispo de Trujillo

 

Con gran alegría tomo posesión como obispo de la diócesis de Trujillo y en el marco de la reciente  beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, asumo esta designación que el Papa Francisco me ha hecho, para acompañar a esta grey trujillana, para que guiados por la alegría del Evangelio seamos como pueblo de Dios,  signos de esperanza de esta tierra que ha dado y seguirá dando hombres y mujeres que han marcado hitos en la historia de nuestro país.

 

Dios nos llama para un servicio en su  iglesia, para ser puentes y embajadores de Cristo en la construcción de una fraternidad universal, donde todos seamos samaritanos los unos para con los otros.

 

Hago eco de las palabras del Papa Francisco: “Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.” ( Fratelli Tutti 8)

 

Esa es nuestra tarea una iglesia sinodal en la que caminemos juntos, guiados por el Espíritu Santo que anima la vida de nuestros pueblos. Soñemos juntos, vayamos adelante, el Señor  nos ha elegido para dar frutos de santidad, de justicia y amor.

 

Estamos llamados en nuestra vida de creyentes convencidos de la resurrección del Señor a “Devolver la esperanza. En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca. Este desengaño que deja atrás los grandes valores fraternos lleva a una especie de cinismo. Esta es la tentación que nosotros tenemos delante, si vamos por este camino de la desilusión o de la decepción. El aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí. (Fratelli Tutti 30)

 

 

Permanezcan en mi amor.

 

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen con una intensidad especial algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos, para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

 

«Permanezcan en mi amor». Es lo primero. No se trata sólo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

 

En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

 

Jesús nos presenta este mandato del amor que ha de regir nuestra vida como una fuente de alegría: «les hablo de esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

 

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable, sinodal donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. La llamada que nos hace la alegría que el amor produce en nuestros corazones es el no contagiarnos de un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón. No nos podemos desconectar del amor de Jesús.

 

A nuestro cristianismo tenemos que inyectarle  la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo debemos ponerle el entusiasmo de la innovación, al estilo del  Beato José Gregorio Hernández, hombre de fe y de ciencia que hizo desde el amor a Dios y al prójimo llevar el bálsamo de la esperanza y la alegría a quien se encontraba enfermo.

 

Los evangelios recuerdan en diversas ocasiones cómo Jesús captaba con su mirada el sufrimiento de la gente. Los miraba y se conmovía: los veía sufriendo, o abatidos o como ovejas sin pastor. Rápidamente, se ponía a curar a los más enfermos o a alimentarlos con sus palabras. Quien ama como Jesús, aprende a mirar los rostros de las personas con compasión; el beato José Gregorio Hernández es vivo ejemplo de ello.

 

 

Es admirable la disponibilidad de Jesús para hacer el bien. No piensa en sí mismo. Está atento a cualquier llamada, dispuesto siempre a hacer lo que pueda. A un mendigo ciego que le pide compasión mientras va de camino, lo acoge con estas palabras: «¿Qué quieres que haga por ti?». Con esta actitud anda por la vida quien ama como Jesús.

 

Jesús sabe estar junto a los más desvalidos. No hace falta que se lo pidan. Hace lo que puede por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios. Pero no puede resolver todos los problemas de aquellas gentes.

Entonces se dedica a hacer gestos de bondad: abraza a los niños de la calle: no quiere que nadie se sienta huérfano; bendice a los enfermos: no quiere que se sientan olvidados por Dios; acaricia la piel de los leprosos: no quiere que se vean excluidos. Así son los gestos de quien ama como Jesús.

 

Servidores en el mundo de la alegría de Dios.

 

Las primeras generaciones cristianas cuidaban mucho la alegría. Les parecía imposible vivir de otra manera. Las cartas de Pablo de Tarso que circulaban por las comunidades repetían una y otra vez la invitación a «estar alegres en el Señor». El evangelio de Juan pone en boca de Jesús estas palabras inolvidables: «Les he hablado… para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena».

 

La alegría no es algo secundario en la vida de un cristiano. Es un rasgo característico. Una manera de estar en la vida: la única manera de seguir y de vivir a Jesús. Aunque nos parezca «normal», es realmente extraño «practicar» la religión cristiana, sin experimentar que Cristo es fuente de alegría vital. El Papa Francisco nos señala que no podemos tener cara de funeral, en medio de esta pandemia, mirar al Resucitado que nos hace comprender nuestra entrega como pueblo de Dios que caminamos juntos, dejando que el Espíritu nos guíe y nos haga a todos hermanas y hermanos; para ello debemos tener un mismo sentir, porque una sola es la fe en la que hemos sido salvados.

 

Elegidos para dar frutos

 

Trujillo es tierra de esperanza y de paz. La obra es del Señor y en la que trabajando guiados por aquellos grandes pastores que han acompañado a esta grey: Mons. Ignacio Camargo, José León Rojas Chaparro, Vicente Hernández y Oswaldo Azuaje nos han enseñado que juntos tenemos que tejer buenas historias.

 

Estamos llamados a “Reconstruir este mundo que nos duele. La parábola del buen samaritano es un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele. Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano.

Toda otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido en el camino. La parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común. (Fratelli Tutti 67)

 

En Venezuela y en mi querida diócesis de Trujillo, tierra de santos y sabios, estamos llamados a “redescubrir la fraternidad. La fraternidad no es sólo resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad no bastan para que ella surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad. (Fratelli Tutti 103)

 

Todos en la misma barca. Necesitamos desarrollar esta conciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie… Si nos preocupa la desaparición de algunas especies, debería obsesionarnos que en cualquier lugar haya personas y pueblos que no desarrollen su potencial y su belleza propia a causa de la pobreza o de otros límites estructurales. Porque eso termina empobreciéndonos a todos. (Fratelli Tutti137).

 

Recordamos a Mons. Vicente Hernández y Castor Oswaldo Azuaje, a los sacerdotes Argenis Delgado, Raúl Ricardo Ramírez y Antonio Velázquez; y a tantos otros sacerdotes religiosos, religiosas, diáconos permanentes que en su vida de servicio y entrega a la siembra del Evangelio han promovido la cultura del encuentro, de la fraternidad y de la solidaridad. Dios los tenga en su gloria y reciban el premio por sus buenas obras realizadas como servidores de Jesús nuestro Divino Maestro.

 

Bajo la maternal protección de Nuestra Sra. De La Paz, y al recordar que hoy hace 39 años  se hizo la Coronación Canónica como patrona de esta diócesis,  ponemos a sus pies nuestras vidas, anhelos y esperanzas de este pueblo que la ama y la venera como Madre e Intercesora, tal cual lo hizo en las en las bodas de Canaán, donde nos pide que escuchemos a su Hijo y hagamos lo que Él nos diga para dar frutos.  Amén.

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