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Las semillas del Evangelio en Mongolia

Continúa la serie de reportajes de la Agencia Fides sobre la vida de la pequeña comunidad eclesial del país asiático, que el Papa visitará del 30 de agosto al 4 de septiembre. El Prefecto Apostólico de Ulán Bator, Cardenal Giorgio Marengo, destaca que gran parte de sus fuerzas están enfocadas en obras de promoción humana.

El nuevo florecimiento de la comunidad cristiana en la Prefectura Apostólica de Ulán Bator, en Mongolia, delineado con palabras del Obispo Prefecto, el Cardenal, Giorgio Marengo, sigue obteniendo su impulso primordial de la entrega agradecida y gratuita de tantos misioneros y misioneras, provenientes de zonas cercanas y lejanas. Es el planteo de la Agencia Fides en su tercer vídeo-reportaje en vista del viaje apostólico del Santo Padre al país asiático (del 31 de agosto al 4 de septiembre).

«Hombres y mujeres que siguen avanzando por el camino que abrió el misionero Scheut Wenceslao Selga Padilla (1949-2018), primer Prefecto Apostólico de Ulán Bator, que dio su vida por la misión en Mongolia», escribe Gianni Valente, director de la Agencia, al presentar este contenido.

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En Mongolia, hay diferentes identidades, sensibilidades culturales y temperamentos en una comunidad misionera heterogénea y llena de vida. El Cardenal Marengo, creado Purpurado en el consistorio del 27 de agosto de 2022, recuerda que existen nueve lugares de culto oficialmente reconocidos por las autoridades, diseminados por todo el país. Asimismo, unos 30 religiosos y 25 sacerdotes de diversas procedencias, junto a unos 2 sacerdotes locales y unos 1500 bautizados conforman el Santo Pueblo Fiel de Dios en la nación. «Estructuras sinodales sencillas, funcionales y flexibles, como el Consejo Pastoral y el Consejo Misionero, porque una Iglesia que camina unida es una Iglesia que se detiene a escuchar ante todo la voz del Señor, pero también escucha las voces de los demás y encuentra con un discernimiento compartido los caminos para servir al Evangelio en Mongolia, hoy», afirma Marengo.

Entre los rostros y las historias de la Iglesia en Mongolia, el Padre Tserenkhand Sanjaajav, vicepárroco de la catedral de Ulán Bator, cuenta que conoció el cristianismo gracias a las Hermanas de la Madre Teresa, se bautizó en 2003, le reconforta el hecho de que Abraham, nuestro padre en la fe, perteneció como él a una «cultura nómada», y ahora siente que su vocación y misión es también «conectar nuestra cultura con la fe de la Iglesia».

Para Marengo, se trata «de un proceso lento, progresivo, que requiere mucha paciencia, mucha oración, mucho diálogo». Lejos de cualquier intelectualismo, el testimonio de la comunidad católica en el país asume la concreción de las urgencias y pobrezas materiales y espirituales de la gente, concretándose en obras de caridad y misericordia. En efecto, como subraya el Cardenal, más del 70% de las energías y de los recursos destinados a las iniciativas de la Iglesia «se gastan precisamente en este tipo de actividades».-

Vatican News

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