Eleazar López C. :
Desde 1917, el historiador y diplomático Caracciolo Parra Pérez seguía la
pista del paso de Miranda por Europa occidental. A finales de 1925,
mientras realizaba investigaciones en la Public Record Office de Londres,
el subdirector de la institución, Alfred Edward Stamp, le informó que los
documentos de Miranda estaban guardados en Cirencester, en la mansión
de los descendientes de Lord Bathurst (Secretario de Colonias británico en
1812).
Al desempeñarse como Encargado de Negocios de Venezuela en Suiza,
Parra Pérez no podía viajar inmediatamente a Cirencester, por lo que de
inmediato comisionó al economista e ingeniero venezolano Alberto Adriani
(quien estudiaba en Londres) para viajar a la propiedad de los Bathurst. El
9 de diciembre de 1925, Adriani le envió el informe técnico confirmando que
eran los folios originales del Precursor.
Parra Pérez, junto al embajador de Venezuela en Londres, Diógenes
Escalante, presentó la solicitud formal de adquisición al gobierno del
general Juan Vicente Gómez. La compra se cerró por 3.000 libras esterlinas
de la época, dinero que transportó el Ministro del Interior de entonces,
Pedro Manuel Arcaya.
Antes de que los 63 tomos se embarcaran a Venezuela, Parra Pérez se
encargó de revisarlos detalladamente en París para tomar las notas que
dieron base a sus grandes obras historiográficas sobre Miranda.
Gracias a su persistencia, el cargamento llegó al puerto de La Guaira el
16 de noviembre de 1926, salvando un patrimonio que llevaba 114 años
oculto en el Reino Unido.
Este archivo contiene 63 volúmenes manuscritos recopilados por el
prócer. Están divididos en las secciones de Viajes, Revolución Francesa y
Negociaciones. Por su incalculable valor, la UNESCO lo incorporó en el
registro de la Memoria del Mundo.
El hallazgo y las diligencias de la adquisición del valioso Archivo se le
deben Caracciolo Parra Pérez, quien fue el motor intelectual y gestor
principal que permitió descubrir, verificar y recuperarlo.
El acuerdo económico para la compra en 1926 se cerró por una suma
exacta de 3,000 libras esterlinas, pagadas al entonces propietario de los
folios, el cuarto Lord Bathurst (Seymour Henry Bathurst).
Para ser justos, hay que reconocer que fue el ogro andino, el ignorante
hacendado que entonces gobernaba Venezuela (y el que pagaría toda la
deuda venezolana en 1930), quien, a la hora de verdad, fue el que puso
los reales para hacer la compra.-


