En las últimas dos décadas, una realidad marcada por la crisis económica, política y social ha golpeado gravemente a toda Venezuela, pero especialmente a los jóvenes, quienes enfrentan grandes desafíos para conformar una familia. En medio de tanto sufrimiento, ¿vale la pena que la juventud del país asuma compromisos de por vida?
Cada 25 de marzo, la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación del Señor, recordando el momento en que la Santísima Virgen aceptó ser la madre del Señor Jesús, acogiendo esta enorme misión sin certezas humanas pero confiando plenamente en Dios.
También se celebra internacionalmente el Día del Niño por Nacer, que invita a reconocer y defender la vida desde su concepción. Ambas celebraciones iluminan el sentido de formar una familia católica, abandonando la comodidad propia para emprender un camino de fe y valentía, donde cada vida es recibida como don, incluso en medio de la crisis.
ACI Prensa conversó con jóvenes venezolanos que decidieron casarse recientemente, aceptando amarse incondicionalmente para el resto de la vida y formar una familia con la esperanza de contribuir a un futuro mejor para el país y para la Iglesia.
Formar una familia “no depende nunca” de las circunstancias que nos rodean
Rafa y Naza tienen 29 y 30 años. Se casaron el 2 de marzo de 2025 en Caracas. Ambos aseguran que nunca tomaron su noviazgo a la ligera, sino que siempre tuvieron muy presente que estaban haciendo un discernimiento serio para el matrimonio. Especialmente en Venezuela, este es un camino que normalmente está lleno de retos e incertidumbres.
La precariedad de la situación económica venezolana es probablemente el obstáculo principal de los jóvenes de cara al futuro. Sin embargo, para ellos, el matrimonio fue el impulso necesario para superarse y lograr salir adelante.
Según el Banco Central de Venezuela, la inflación en el país durante todo 2025 y hasta febrero de 2026 alcanzó el 617,84%. Mientras, la canasta básica se ubica en los 645 dólares estadounidenses, según datos del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros.
Desde 2022, el salario mínimo oficial en Venezuela es de 130 bolívares, lo que equivale a 0,28 dólares. Esta realidad ha obligado a millones de personas a buscar diferentes maneras de subsistir.

“Yo lo he escuchado de muchas personas: que primero uno tiene que estar estable. Que primero uno tiene que tener una situación económica estable, con una calidad de vida de cierto nivel para después casarte y, en realidad, para nosotros siempre fue todo lo contrario”, contó Rafa.
“Más bien tú te casas y formas un equipo con tu pareja, un equipo de vida, porque juntos es que van a construir un proyecto de vida. Entonces eso lo hace aún más bonito y te permite ir más rápido a lo esencial”, dijo.
Ambos creen firmemente en las gracias que trae consigo el sacramento del matrimonio. La mayor de ellas ha sido, sin duda, su hija María Lucía, que está a pocos días de nacer.
“Fue hasta que nos casamos por la iglesia que nuestra situación económica cambió por completo. Y desde ahí en adelante, el formar una familia, tener una hija en camino, también trajo consigo más gracias”, aseguró Naza.

“Decir que ‘sí’ a la familia no depende nunca de las circunstancias que nos rodean, de que en el país haya crisis o no, sino de confiar en la gracia de Dios y en lo que significa tener un matrimonio”, añadió.
Para ellos, todo se basa en “aceptar la voluntad de Dios en su vidas”, a ejemplo de la Virgen María. “Reflexionar sobre la vocación propia es lo más importante de nuestra vida, porque ahí es donde seremos plenos sin importar las circunstancias”, dijo Naza.
“También es importante pedir con fe. Pedir aquello que tu corazón busca si aún no lo has encontrado. Y si ya sabes que tu vocación es el matrimonio, ser valientes y poner los medios necesarios para alcanzar el sacramento en el momento adecuado”, comentó.
La familia es “el camino de los dos” que se sostiene con fe y oración
Luijo y Nunci tienen 30 y 27 años. Se casaron el 25 de noviembre de 2023 en Barquisimeto. Hace pocos días recibieron a su primera hija: Giulia. Para ellos, el matrimonio es un paso que hay que atreverse dar sin excusas y sin miedo, a pesar que reconocen que no es una decisión fácil.
“Se parece a ese ‘sí’ de María al ir con todo, al no tener miedo a lo que vaya a pasar, sino a confiar en que estamos agarrados de las manos de Dios y que Él es el que nos proveerá las cosas que necesitamos para llevar todo esto de la mejor manera”, dijo Luijo.
Aseguran que el tema económico también fue uno de los retos principales al que se enfrentaron. En un país donde “el dinero no rinde nada”, lograron salir adelante “uno sosteniendo al otro” desde la fe, la oración y la confianza en Dios, sobre todo en los momentos de más incertidumbre, donde es “muy fácil alejarse de Dios y descuidar a la pareja”.

“Siento que una de las herramientas más importantes fue esa: la oración. El confiar en que en su momento Dios mandaría algo bueno y también la tranquilidad de que estamos juntos en este proceso. De que esto es un camino de los dos y no es que uno ponga más que otro, sino los dos poniendo lo que tengamos que poner”, comentó Luijo.
Luijo y Nunci cuentan que, a pesar de que no es sencillo “tomar la decisión de hacer una vida aquí en Venezuela”, las preocupaciones materiales —aunque son muy importantes— no deberían ser un impedimento para que los jóvenes se atrevan a casarse.

Algo que también ha sido fundamental en su camino es la “actividad apostólica en pareja”. Esto los ha unido más como esposos, permitiéndoles “no desviar el foco” de lo que quieren llegar a ser como matrimonio. Así han buscado la santidad: dando gracias a Dios juntos.
“Cuando hacemos esas actividades nos sentimos muy seguros de que lo que estamos haciendo está bien. Seguros de que Dios nunca se cansa de proveernos cosas buenas. De verdad, hoy en día te puedo decir que no nos falta absolutamente nada y que Dios se ha portado increíblemente bien con nosotros”, comentó Luijo.
La familia es “una luz necesaria” para Venezuela
Jose y Mariana tienen 29 y 27 años. Se casaron el 15 de julio de 2023 en Caracas. El año pasado recibieron a su primer hijo: Juan Ignacio. Aseguran que la crisis en Venezuela les ha regalado “una mirada limpia” para reconocer el sufrimiento ajeno y “no ser indiferentes”.
“Nuestra oportunidad de amar mejor ha sido descubrir a Cristo en el vecino que emigra, en el abuelo que está solo o en el país que duele. Vivir la fe en familia hoy significa enseñar a nuestros hijos que el amor no es un sentimiento, sino una decisión de servicio”, dijo Jose.
“La mayor oportunidad ha sido entender que nuestra familia no es una isla, sino una luz necesaria para nuestro país. Entender que nuestra familia es una célula que el país necesita para sanar nos da un propósito mayor”, añadió.
Jose y Mariana aseguran que su matrimonio les ha hecho entender que “hay una trampa en la comodidad extrema” y que construir un hogar regala “una satisfacción profunda que viene de la entrega y del sacrificio, que al final es una inversión en el amor”.

“Vale la pena cambiar el estilo de vida por una vida con más sentido”, aseguró Jose. En Venezuela particularmente, el valor de la familia radica en formar ciudadanos “con valores para la reconstrucción”. Sus hijos –y los de todas las familias venezolanas— deben “ser parte de esta conciencia social que nos mantiene unidos y firmes”.
Mariana señaló que el ‘sí’ de ambos «no fue un salto al vacío, sino un salto a los brazos de Alguien que nos ama». Decidieron casarse porque entendieron que la plenitud «no está en esperar a que las circunstancias externas sean perfectas», sino en confiar en lo que Dios les pedía, «aceptando que nuestra familia es una misión que trasciende cualquier crisis social o económica».
«El principal desafío ha sido no dejar que el ruido del exterior se filtre en nuestra paz interior. A veces el miedo al futuro intenta ganar terreno, pero lo que nos ha mantenido firmes es la vida de equipo y de oración», agregó.
Ambos remarcaron que el miedo ante una decisión tan importante como el matrimonio es real, pero «es mal consejero».
«No esperen a estar listos o a tenerlo todo, porque la vida se va pasando en los preparativos. Vale la pena arriesgarse por lo eterno», dijo Mariana.
Para este matrimonio, la crisis en Venezuela ha sido una oportunidad para «simplificar la vida y valorar lo esencial», descubriendo que en cada momento «surge una oportunidad de oro para vivir la caridad de forma más auténtica» y que es en la dificultad donde el amor se purifica.
“Decir ‘sí’ en un país incierto es un acto de rebeldía frente al miedo. Al igual que María, que no tenía el mapa completo de lo que vendría, nosotros aceptamos el compromiso confiando en la promesa de Dios. Ver a otras parejas caminar con alegría en medio de la crisis nos demostró que el matrimonio nos permite caminar cuando el entorno tiembla. Juntos, la incertidumbre se convierte en un espacio donde Dios actúa”, concluyó José.-


