Venezuela se encuentra afligida a causa de dos graves destrucciones; una, natural, por con el derrumbe de edificaciones y consiguiente muerte y aflicción de miles de hermanos; y la otra, social, por la demolición culpable de la institucionalidad democrática, del estado de derecho, de la vigencia de los derechos humanos y de una convivencia pacífica. Esta segunda ha sido fruto de un proyecto político-ideológico de corte totalitario.
La reconstrución nacional debe afrontar las dos calamidades, en la certeza de que sin un efectivo restablecimiento del ordenamiento republicano constitucional , en obediencia al mandato del soberano (CRBV 5), el país seguirá de mal en peor. Y el tiempo trabaja en contra. Estamos navegando en aguas de múltiple ilegitimidad y urge establecer un piso sólido humano y humanizante para la marcha deseable y obligante de nuestro pueblo. La recuperación económica no se tendrá sin una consistente reinstitucionalización política y las dos exigen un serio acompañamiento ético-cultural. En la tragedia griega Edipo, Rey,e l autor escribió: «Nada son los castillos, nada son los barcos, si ninguna persona hay en ellos» .
Trabajar en una urgente transición, programar desde ya una pronta decisión electoral del soberano, liberar de inmediato los restantes presos políticos y liquidar la inaceptable hegemonía comunicacional oficial, constituyen indeclinable prioridades. Como indicación del horizonte al cual tender permanece como signo patente lo que la extragrande mayoría del pueblo venezolano decidió el 28 de julio 2024.
En apertura respetuosa a otras convicciones he de manifestar que los cristianos, creyentes en Dios Amor, que se nos ha comunicado en Jesucristo, hemos de sentirnos particularmente interpelados acerca del futuro por construir: la civilización del amor, cuyos rasgos de encuentro, compartir, servicio, fraternidad, paz, ha subrayado el Papa León XIV en su reciente encíclica de honda sensibilidad humanista. _


