“La liturgia tiene una lógica muy distinta a la de las redes: estás premian lo llamativo mientras que la liturgia educa en el silencio, la adoración y el misterio”
Se siguen viendo a menudo a sacerdotes vestidos con la ropa litúrgica haciendo bailes en Tik Tok. Esto no evangeliza sino que banaliza lo sagrado.
Las vestiduras litúrgicas no son un disfraz para ganar visitas, sino signos de un ministerio recibido. Nosotros nos vestimos y subimos al altar no para ser influencers, sino porque somos sacerdotes: para transparentar a Cristo.
Cuando un sacerdote convierte las vestiduras litúrgicas en un accesorio para hacer bailes virales, deja de señalar a Cristo para señalarse a sí mismo. La liturgia no es un plató ni la casulla un disfraz. Lo sagrado merece reverencia, no es para el entretenimiento.
La casulla, la estola o el alba tienen un significado profundo: recuerdan que el sacerdote actúa in persona Christi, no en nombre propio.
La liturgia tiene una lógica muy distinta a la de las redes: estás premian lo llamativo mientras que la liturgia educa en el silencio, la adoración y el misterio.
Cuando un sacerdote baila con las vestiduras sagradas para hacerse viral, el foco deja de estar en Cristo para estar en él.
No todo lo que consigue millones de visualizaciones acerca a Dios. Bailar con casulla consigue justo lo contrario: que se deje de percibir lo sagrado como sagrado.
La Iglesia siempre ha cuidado los signos porque con ellos las personas aprendemos. Los signos litúrgicos catequizan. Cuando se banalizan se termina banalizando aquello que significan. Evangelizar no consiste en parecerse cada vez más al mundo sino en mostrar lo que el mundo no puede ofrecer: la presencia de Cristo.
Vivimos en una cultura obsesionada con la visibilidad. Parece que, si no apareces, no existes; si no generas reacciones, no estás influyendo.
También los sacerdotes podemos caer en esa tentación: medir el fruto del ministerio por los seguidores, las reproducciones o los aplausos.
Los sacerdotes no estamos para ser virales, estamos para que las personas vayan a Jesús.
La evangelización necesita creatividad, si. Pero nunca a costa de diluir el sentido de lo sagrado.
Hay una diferencia entre usar las redes para anunciar a Cristo y usar a Cristo para ganar alcance en las redes.
Porque un sacerdote santo convierte más corazones que miles de vídeos virales.
Es necesario, hermanos, que Cristo crezca y nosotros disminuyamos.


