El cardenal Leo, arzobispo metropolitano de Toronto y legado pontificio, presidió la ceremonia de beatificación, destacando el testimonio de los cinco misioneros españoles a la hora de llevar a Cristo a los pueblos indígenas, su compromiso con la evangelización y su ejemplo para la Iglesia. El testimonio de los mártires, afirmó, puede inspirar a la Iglesia de hoy, especialmente en su labor por la unidad y la reconciliación: «Las polarizaciones no provienen de Dios»
Cinco franciscanos españoles, asesinados en 1597 durante su misión entre la población indígena guale, a lo largo de la costa de lo que hoy es el estado estadounidense de Georgia, fueron proclamados beatos durante una ceremonia de beatificación celebrada ayer, sábado 31 de octubre, en Savannah. El cardenal Frank Leo, arzobispo metropolitano de Toronto, presidió la liturgia en calidad de legado pontificio, transmitiendo a los presentes los saludos y la cercanía del Papa León XIV. En su homilía, el cardenal describió a los frailes conocidos colectivamente como «mártires de Georgia» —Pedro de Corpa, Blas Rodríguez, Miguel de Añón, Antonio de Badajóz y Francisco de Veráscola— como «testigos luminosos del Evangelio», cuya vida y muerte siguen hablando a la Iglesia hoy en día.
De España a Guale
Los cinco franciscanos formaban parte del grupo de religiosos que, a finales del siglo XVI, se desplazaron desde España a la región para predicar el Evangelio y servir a las comunidades guale. Su muerte se produjo a raíz de un levantamiento que estalló en 1597, después de que fray Pedro de Corpa se opusiera a la decisión de un jefe guale, Juanillo, de tomar una segunda esposa, contraviniendo así la doctrina cristiana sobre el matrimonio. La violencia se extendió a otras misiones franciscanas, donde también fueron asesinados cuatro de sus compañeros. La Iglesia reconoció a los cinco frailes como mártires en enero de 2025, cuando el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto correspondiente, allanando el camino para la beatificación.
Un testimonio que trasciende los siglos
Al reflexionar sobre el significado de la celebración, el cardenal Leo subrayó que el reconocimiento de los cinco misioneros no es solo un honor para la Iglesia local, sino un don para la Iglesia universal. Recordando las palabras de San Juan Pablo II, afirmó que el martirio representa un don especial del Espíritu Santo y una fuente de gracia y santidad para toda la Iglesia. El cardenal relacionó además la beatificación con dos importantes aniversarios: el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y el 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, cuyo carisma franciscano inspiró a los misioneros.
Al servicio de los demás
Leo destacó a continuación tres aspectos principales del testimonio de los frailes: su respuesta a la llamada universal a la santidad, su defensa de la dignidad humana y de la sacralidad del matrimonio y de la familia, y su compromiso con la evangelización a través del diálogo y la caridad. Los misioneros, dijo, entendían su vocación como una llamada a servir a los demás y a compartir el Evangelio, incluso a costa de su propia vida. Su ejemplo supone un reto para los cristianos de hoy, que deben permanecer fieles a Cristo al tiempo que interactúan con los demás a través del diálogo, el respeto y el espíritu de servicio.
Un llamamiento a la renovación y la reconciliación
El cardenal Leo invitó además a los fieles a reflexionar sobre cómo el testimonio de los mártires puede inspirar a la Iglesia en la actualidad, especialmente a la hora de hacer frente a las divisiones y la polarización. Refiriéndose a la necesidad de trabajar por la unidad y la reconciliación, recordó que «la polarización no viene de Dios», y animó a la oración, la reconciliación y las acciones concretas de caridad. El ejemplo de los frailes, añadió, debería inspirar a las familias, parroquias, comunidades religiosas, colegios e instituciones sociales a renovar su compromiso con la evangelización y con el testimonio del Evangelio en la vida cotidiana.
Compartir la fe con alegría y valentía
Al concluir la homilía, el cardenal encomendó a los fieles a la intercesión de la Santísima Virgen María y de los mártires recién beatificados, invitando a los cristianos a compartir su fe con valentía, fidelidad y alegría: «Todavía hoy hay cosas por las que vale la pena vivir y morir».-
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