Berenice II, la reina que dio nombre a una constelación

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Esta mujer gobernó el Egipto ptolemaico y prometió a todos los dioses un rizo de su cabello si su esposo volvía sano y salvo; una ofrenda que se decidió trasladar al firmamento

En las noches de primavera, entre la cola del León y el brillo anaranjado de Arturo, se distingue a simple vista una mancha tenue de estrellas menudas. Es «Coma Berenices» o «la cabellera de Berenice», la única de las ochenta y ocho constelaciones oficiales que lleva el nombre de una mujer de carne y hueso. Esa mujer gobernó Egipto hace más de dos mil doscientos años, apareció en la moneda del reino, fundó templos y recibió culto como diosa, y, aun así, la recordamos principalmente por un mechón de pelo que se convirtió en mito. Berenice nació en Cirene, en la actual Libia, hacia el 267 a. C. Su padre, Magas, había gobernado la región para los Ptolomeos y había acabado proclamándose rey. Su madre, Apama, era hija del seléucida Antíoco I. La niña llevaba el nombre de su abuela Berenice I y pertenecía por las dos ramas a las familias macedonias que se repartieron el imperio de Alejandro después de su muerte. Egipto era entonces un reino independiente, y Cirene, la pieza que le faltaba. Para sellar la paz, Magas prometió a su hija al heredero egipcio, el futuro Ptolomeo III.

Como un folletín

La muerte de Magas, hacia el 250 a. C., deshizo el acuerdo, porque su madre Apama llamó a un príncipe macedonio, Demetrio el Bello, para casarlo con su hija. Lo que ocurrió después lo cuenta Justino (26.3) como un folletín. Demetrio se habría convertido en amante de Apama, y Berenice habría ordenado matarlo en la alcoba de su madre, a la que salvó de las espadas. Justino lo describe siglos después con actitud moralizante, pero la muerte de Demetrio parece segura, y Catulo alude a una hazaña juvenil que valió a la muchacha su matrimonio real. Algunas monedas de Cirene con su nombre y el título de reina permiten pensar que gobernó allí por derecho propio. En el 246 a. C., recién subido al trono Ptolomeo III, la boda cumplió el pacto de Magas y devolvió Cirenaica a Egipto. Euespérides, rebautizada Berenice para celebrarlo, es hoy la ciudad denominada Bengasi.

El marido partió enseguida hacia Siria para vengar a su hermana, casada con el rey seléucida y asesinada en Antioquía junto con su hijo. Berenice se quedó en Alejandría. Ninguna fuente le atribuye la regencia, pero por esos años su retrato, con velo y diadema, apareció en monedas de oro y de plata con la leyenda «de la reina Berenice», algo poco frecuente para una monarca viva. En el reverso, una cornucopia entre los símbolos de los Dioscuros. Figurar sola en la moneda dice bastante sobre su peso en la corte, y su gobierno tuvo que ser real. Ptolomeo regresó antes de lo previsto. Justino (27.1) habla de una sedición interna. El Decreto de Canopo, del 238 a. C., ofrece otra pista cuando elogia al rey y a la reina por haber importado grano de Siria, Fenicia y Chipre en un año de crecida insuficiente del Nilo. En el 243 a. C. la pareja entró en el culto dinástico como «Theoi Euergetai» o «dioses benefactores», y Berenice fue asimilada a Afrodita y a Isis. Unas placas de fundación halladas en Alejandría en 2010 la señalan como fundadora de un santuario de la diosa gata Bastet. Tuvo seis hijos, entre ellos Ptolomeo IV y Arsínoe III. Una niña, también llamada Berenice, murió en el 238 y fue divinizada por aquel mismo decreto.

Y ahora el mechón que creó el mito. Según el relato que Calímaco puso en verso y Catulo tradujo al latín en su «poema 66», la reina había prometido a todos los dioses un rizo de su cabello si el rey volvía sano y salvo. Cumplió el voto en el santuario de Arsínoe-Afrodita del cabo Cefirio, entre Alejandría y Canopo. A la mañana siguiente el mechón había desaparecido del templo. Conón de Samos, astrónomo de la corte, lo reconoció en un grupo de estrellas junto al León. La anécdota vinculaba a Berenice con Afrodita y con la divinizada Arsínoe II, elevaba el regreso del rey a asunto cósmico y hacía de la fidelidad conyugal una garantía de prosperidad.

Ptolomeo III murió a finales del 222 a. C. y Berenice lo siguió pocos meses después en una purga de la familia real que Polibio (15.25) atribuye al ministro Sosibio. Diez años más tarde, en el reinado de su hijo, se creó para ella un sacerdocio propio llamado «athlophoros» o «portadora del premio». Claudio Ptolomeo, el astrónomo del siglo II, contó el mechón entre las estrellas del León, pero no fue constelación hasta el catálogo de Tycho Brahe en 1602. Desde entonces, cada primavera, una reina de Cirene vuelve a asomar sobre el horizonte.-

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