Caldera y la visión pesimista en la Sociología
Reflexionó sobre diversos temas que van desde el petrolero, la dinámica política nacional, sobre la reforma constitucional, y otros temas de interés nacional e internacional

Jesús Mazzei:
El próximo sábado 24 de enero, conmemoramos un año más del nacimiento e inicio del ciclo vital, del último venezolano con talante y formación democrática, elegido por el voto universal, directo y secreto, que llegó a la cima del poder político a mediados del siglo XX y culminó su período a finales del siglo XX.
En la obra intelectual de Rafael Caldera, tenemos varios textos claves en su obra a saber: Andrés Bello, Derecho del Trabajo, Los Problemas de la Constituyente, Temas de Sociología Venezolana, La hora del Emaus, Moldes para la Fragua, Democracia Cristiana y Desarrollo, El Ideario de la Democracia Cristiana en América Latina, Especificidad de la Democracia Cristiana y Reflexiones sobre la Rábida, Bolívar Siempre y de, Carabobo a Punto Fijo Los Causahabientes, que son a mi parecer sus textos claves, algunos con importantes aportes teóricos a la reflexión sobre varias temáticas ideológicas, y socio-políticas.
Asimismo, podríamos pasar revista a su pensamiento calcado en su extensa escritura en el periodismo de opinión, a través de los periódicos como El Nacional, La Esfera y El Universal, en este último diario, inició larga vida como columnista de opinión, de este medio periodístico en 1936. Escribió pues, luego desde 1984 en una etapa contemporánea con un paréntesis por el ejercicio de su segunda Presidencia en 1994 hasta el 1999, luego la reanudó en el año 2001 al 2004, en este medio impreso, allí, dejó una importante huella, a través de diferentes artículos de opinión, donde reflexionó sobre diversos temas que van desde el petrolero, la dinámica política nacional, sobre la reforma constitucional, y otros temas de interés nacional e internacional.
Al indagar sobre su obra de periodismo de opinión nos hemos topado con un interesante artículo de 1938 “La interpretación pesimista de la sociología americana”, publicado en este medio El Universal el 22 de junio de 1938, inicia Caldera su artículo con la siguiente afirmación “… Ha sido la idea dominante en todos los que se han ocupado de la sociología hispanoamericana, la del caudillismo como fenómeno esencial de su fisonomía política. Es el principio pesimista de nuestra concepción histórica. No ha estado él meramente en tesis de oportunidad, ni ha sido una simple resultante de determinadas posiciones políticas…” y luego afirma, que “…La tesis desarrollada por Mijares, aparecida por primera vez en la prensa caraqueña en enero de 1936 y recogida ahora en un folleto, es una tesis de reacción. El caudillismo es solo un sub-producto funesto de la guerra de emancipación. El principio verdadero de la historia hispanoamericana hay que buscarlo en los tres siglos de colonia que precedieron al siglo que apenas llevamos de vida independiente…()…Óiganse las palabras del propio autor: «Las diferentes interpretaciones de la sociología hispanoamericana pueden considerarse, pues, como derivadas todas de un punto de partida decisivo. Si consideramos como única realidad del caudillismo– anarquía o coacción limitada– puestos a elegir entre uno de nuestra historia los dos aspectos y otro, debemos aceptar forzosamente que la tutela personalista es el único elemento de estabilidad con que podemos contar, o pedir a las razas extranjeras los elementos de capacidad política que nos permiten eludir el dilema inicial…”
Casi al final haciendo un resumen de sus principales planteamientos afirma Caldera que “… La tesis de Mijares merece sinceramente estudio. Estudio científico debe dedicarse al problema motriz de nuestra vida política. Preñado de consecuencias prácticas está el diagnóstico que del caudillismo se haga, como fenómeno esencial o no a nuestra fisonomía colectiva.
La tesis de Mijares es, no se debe olvidar, una tesis de reacción. Una tesis de reacción que, como tal, no puede plantearse en un terreno de análisis absoluto. En ella está, por tanto, implícita una dirección que podría degenerar en el ilusionismo. De optimismo a ilusionismo. A ilusionismo que ha sido tan perjudicial para nuestra vida política como el pesimismo, porque uno y otro han desembocado inevitablemente en el fenómeno caudillista. Y luego al final de su artículo “…Yo me inclino a pensar que la solución exacta está en una posición estrictamente realista. Con predominio del principio optimista, y con alejamiento de toda tendencia ilusionista. Hay que reconocer la existencia de los dos principios: el de la sociedad civil y el del gendarme necesario, aclimatados ambos dentro de nuestra realidad nacional. Creer en el fatalismo pesimista de la necesidad del gendarme es anticientífico, como lo ha demostrado Mijares, y antipatriótico, porque lleva en sí toda una potencialidad de corrupción. ”… La juventud venezolana, debe pues inspirarse en la firme convicción optimista de que la regeneración absoluta del país responde a una tradición auténticamente venezolanista, pero apartando todo peligro ilusionista que lleve a olvidar que el principio opuesto tiene también una raigambre y una fuerza efectiva dentro de nuestra realidad.
El artículo es denso de un hombre que está en plena formación intelectual, en proceso de doctorarse en ciencias políticas, luego de obtener su título de abogado, y ya empieza a diagnosticar apropiadamente la realidad venezolana, en aquel país postgomecista e inicia a dar sus primeros pasos en la política práctica. Su obra intelectual vertida en la prensa es una veta digna también de estudio y reflexión para sacar de ella lo mejor del venezolano al analizarlo, uno de nuestros próceres civiles del siglo XX.-
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