HOMILÍA A CARGO DEL CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO, EN LA SOLEMNE EUCARISTÍA Y PROCESIÓN EN LA INFRAOCTAVA DEL CORPUS CHRISTI EN LA PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN EN LA OROTAVA, EN LA VÍSPERA DE LA VISITA DEL PAPA LEÓN XIV A TENERIFE.
Jueves 11 de junio de 2026.
Muy queridos hermanos:
Un saludo y un abrazo fraterno a las autoridades presentes y al pueblo fiel y peregrinos que vienen a La Orotava, alborozados y esperanzados en esta hermosa solemnidad. Mi agradecimiento muy sincero al sr. Obispo D. Eloy Santiago por confiarme la presidencia de esta entrañable celebración.
Estamos a pocas horas de contar entre nosotros con la presencia y animación de nuestra fe del Papa León XIV, quien ha querido dar cumplimiento al deseo del Papa Francisco y a su propio deseo de hacerse de nuevo presente en estas islas donde sus hermanos agustinos han estado presentes durante siglos. Viene a estas islas maravillosas para confirmarnos en la fuerza de la vida cristiana sembrada desde hace más de cinco siglos en estas tierras con la misma fidelidad y esperanza de los misioneros que partieron para América y Filipinas.
Bajo el manto de la migración, realidad secular de la cultura canaria que ha visto partir a tantos de sus hijos a destinos desconocidos; pero que ha sido también receptora de los miles que buscan una mejor vida, sorteando mil dificultades. Estas islas han sido un oasis sanador para retomar la vida con ilusiones, esperanzas y expresiones de fraternidad, bálsamo indispensable para continuar la existencia.
La acogida fraterna es testimonio fehaciente de la bondad humana, pero sobre todo, del espíritu samaritano propio de los canarios que saben tender su mano a los más pobres y desasistidos. Ejemplo singular que desde aquí interpela al mundo entero para que no cierre las puertas a quienes tienen igual dignidad humana como cada uno de nosotros, que chocan con los muros del egoísmo sin alzar la mirada a quienes también son imagen y semejanza del creador. Es una virtud que no reluce hoy en el mundo, pero convierte a los canarios en profetas de la vida y de la solidaridad. La parábola del buen samaritano adquiere actualidad y presencia en estas costas.
La fuerza y constancia tienen su arraigo en la Eucaristía, don precioso y presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Es el largo camino que tenemos que recorrer, atravesando el desierto como en tiempos de Moisés, sin olvidar que es tarea permanente de todos los tiempos y lugares, pues la defensa de la vida es desafío que no podemos obviar bajo ningún pretexto. Es la palabra del Deuteronomio que acabamos de escuchar para hacerla memoria viva y actual.
La Eucaristía que está en el corazón de nuestra fe y en la historia de nuestro pueblo ha sido derramada desde el suelo español a insular en muchas partes del mundo. Renovar el amor y la fidelidad a Dios, es precepto para ustedes y para quienes somos herederos de tantas cosas buenas que nos llevaron a la otra orilla del Atlántico. Nos sentimos agradecidos porque lo que somos, es en buena parte, lo que desde estas tierras nos sembraron y se han hecho parte de nuestra cultura y religiosidad, que pone por delante al hermano necesitado, rostro del buen Dios.
Como los discípulos de Emaús, cansados y desilusionados, somos víctimas, tentados de huir, para olvidarnos del valor de la fe que mueve montañas y nos regala cada día el milagro de la fraternidad. La belleza y elegancia de las alfombras florales y las otras expresiones culturales, adquieren vigor en este culto eucarístico que nos arrodilla ante la Santísima Trinidad con el rostro visible del Hijo, Jesús de Nazaret hecho hombre, carne y hueso como nosotros, frágiles y débiles, que en la Eucaristía se convierte en escuela de fe: oramos ante Dios tomados de la mano del prójimo, del más necesitado, desconocido, pero hermano.
Nos alimentamos de un solo pan, y aunque somos muchos por participar de un mismo pan, lo hacemos en comunidad, de la mano que nos ofrece calor y seguridad, porque Jesús es el pan vivo bajado del cielo y quien lo come y bebe permanece en Él como nos lo recuerda San Juan en su evangelio.
La Eucaristía y su multiforme expresión hacha vida, luz, arte, música, con las misma piedras y arenas de este suelo, de este Teide majestuoso que nos acerca más y mejor al Señor del cielo para que la tierra sea su escabel, la escalera de los sueños, como los de Jacob que nos invita a subir y bajar hacia la eterna fuente que está escondida, pero que mana y corre para apagar la sed de justicia, de verdad, de trasparencia, de auténtica paz.
Esta tarde de oración y peregrinación sea como la vigilia que nos prepara mejor para la jornada de mañana de la mano de León XIV. No estamos ante un evento más, sino ante el desafío de renovar e impulsar en nuevo amanecer, el de la vida, el de la resurrección, que atravesando parajes ocursos y escabrosos, como la pasión y muerte de cada día, nos anima a comprobar que la vida está allí, más allá, hacia donde tenemos que alzar la mirada. “La Eucaristía nos mueve a la justicia y al compartir, con una atención preferencial hacia quienes sufren el peso de la pobreza y la marginación… así alimentados por la Eucaristía, devolvemos la voz a los invisibles y orienta los procesos hacia la dignidad de la persona” (MH 235).
Con la misma fe de María, bajo la advocación de Candelaria y con tantos otros nombres que llevamos en el corazón, nos convirtamos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, en la fidelidad humilde de cada día bajo la ternura de nuestra madre del cielo.
Que así sea.-


