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Lecturas recomendadas

Conviene que todo cambie…

Los serios problemas que afectan a multitudes humanas y a cada una de las personas que las integran, requieren de una urgente y eficaz solución. Son problemas que no se arreglan con paños calientes, sin que requieren cirugía

Rafael María de Balbín:

 

 

Es famosa la frase de el Gatopardo, ante la inminencia de la revolución, quien exclamó cínicamente: “Conviene que todo cambie… para que todo siga igual”.

En su Exhortación Apostólica Elexi te (n. 93), el Papa León XIV se refiere a las enseñanzas de su predecesor: <<En la encíclica Dilexit nos, el Papa Francisco ha recordado cómo el pecado social toma la forma de“estructura de pecado” en la sociedad, que «muchas veces […] se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia. Este fenómeno se puede definir “alienación social”».

Los serios problemas que afectan a multitudes humanas y a cada una de las personas que las integran, requieren de una urgente y eficaz solución. Son problemas que no se arreglan con paños calientes, sin que requieren cirugía. Así lo afirma el Papa León XIV:

<<Se vuelve normal ignorar a los pobres y vivir como si no existieran. Se presenta como elección racional organizar la economía pidiendo sacrificios al pueblo, para alcanzar ciertos objetivos que interesan a los poderosos; mientras que a los pobres sólo les quedan promesas de “gotas” que caerán, hasta que una nueva crisis global los lleve de regreso a la situación anterior. Es una auténtica alienación aquella que lleva sólo a encontrar excusas teóricas y no a tratar de resolver hoy los problemas concretos de los que sufren. Lo decía ya san Juan Pablo II: «Está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y consumo, hace más difícil la realización de esta donación y la formación de esa solidaridad interhumana».>> (Idem, n. 93).

Tenemos que experimentar la urgencia de estos problemas humanos:

<<Debemos comprometernos cada vez más para resolver las causas estructurales de la pobreza. Es una urgencia que «no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras»>> (Idem, n. 94).

En muchos casos la falta de equidad se convierte en iniquidad:

<<La falta de equidad «es raíz de los males sociales». En efecto, «muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos». Resulta que «en el vigente modelo “exitista” y “privatista” no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida» (n. 95).

Conviene interrogarse sobre estas realidades:

<<La pregunta recurrente es siempre la misma: ¿los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad. Si no nos detenemos a tomar las cosas en serio continuaremos así, de manera explícita o disimulada, legitimando «el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo>> (Idem).-

rbalbin19@gmail.com

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