Convivencia: 19 años soñando y pensando una Cuba mejor

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El Padre Pacheco-Juan Lázaro Vélez González, ha escrito esta reflexión:

«Honrar, honra». Esta breve y luminosa expresión de José Martí encierra una verdad que trasciende el tiempo: reconocer el bien, agradecer a quienes lo hacen posible y rendir homenaje a las obras que ennoblecen a una nación es también una manera de honrar nuestra propia dignidad.

Hoy, al celebrar los diecinueve años del Proyecto Convivencia, quiero hacerlo desde la gratitud, la admiración y la esperanza. Porque desde la amada tierra de Pinar del Río nació algo más que un proyecto de pensamiento: nació una apuesta por Cuba, por los derechos humanos, por la libertad y por la construcción de una nación donde la dignidad de cada persona sea respetada sin distinciones ni exclusiones.
En lo particular, formar parte de esta noble iniciativa ha sido uno de esos regalos que la Divina Providencia coloca en el camino de nuestras vidas.

Mi vínculo con el Centro de Formación Cívica y Religiosa, con la revista Vitral y con este hijo de ambos, el Proyecto Convivencia, me permite reconocer en esta historia una fecunda herencia intelectual, espiritual y cívica que merece ser recordada, agradecida y continuada.

El Centro de Formación Cívica y Religiosa sembró conciencia, responsabilidad y participación.

La revista Vitral abrió ventanas cuando demasiadas puertas permanecían cerradas.

Y Convivencia ha prolongado y renovado esa vocación, convirtiéndose en un espacio de pensamiento libre, diálogo plural y compromiso con el destino de Cuba, tanto dentro de la Isla como en la diáspora.

Como ha expresado en diversas ocasiones su director, Dagoberto Valdés: «necesitamos los dos pulmones para respirar una Cuba nueva: el de quienes permanecen en la Isla y el de quienes viven dispersos por el mundo. Cuba no puede respirar plenamente si se pretende silenciar a una parte de sus hijos».

A lo largo de estos años, muchas personas han depositado su confianza, su trabajo y su fe en este proyecto. Entre ellas ocupa un lugar entrañable monseñor José Siro González Bacallao, obispo de Pinar del Río, a quien recordamos con gratitud y cuya memoria permanece viva entre quienes encontraron en él a un pastor, un padre y un amigo. Su cercanía y sabiduría fueron fuente de aliento para Dagoberto y para tantos miembros de esta obra. Su testimonio recuerda que las instituciones verdaderamente fecundas no nacen únicamente de las ideas, sino también de la calidad humana de quienes las acompañan.

La historia de Convivencia tampoco ha estado exenta de incomprensiones, presiones y ataques, incluso desde ámbitos de los que cabría esperar mayor acogida. Sin embargo, perseverar en el compromiso con la verdad, la libertad de conciencia y la dignidad de las personas ha sido parte de su testimonio. Y es que las obras que aspiran a servir al bien común no pueden medir su valor únicamente por los aplausos que reciben, sino por la fidelidad a los principios que las sostienen.

No deja de ser hermoso recordar que el Proyecto Convivencia nació en la festividad de santa Teresa de Ávila , aquella mujer de profunda vida espiritual que nos legó una exhortación capaz de sostener el ánimo en medio de cualquier tempestad:

«Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda».

Estas palabras parecen resonar de manera especial en una obra que ha debido aprender a perseverar sin perder la serenidad, a defender sus convicciones sin abandonar el respeto y a mantener encendida la esperanza.

Estoy convencido de que el Proyecto Convivencia es motivo de legítimo orgullo para la tradición patriótica cubana, para quienes soñaron una nación libre y para todos los que hemos recibido de su labor una mayor conciencia cívica y una comprensión más responsable de nuestros deberes ciudadanos. Su aporte no se mide solamente en publicaciones, encuentros o estudios, sino también en las conciencias que ha ayudado a despertar y en la certeza de que Cuba merece un futuro diferente.

Por eso, en este aniversario, mi felicitación se convierte también en gratitud y oración. Gracias a quienes sembraron antes, a quienes sostienen hoy esta obra y a quienes, desde cualquier rincón de la Isla o del exilio, continúan creyendo que una Cuba democrática, plural, reconciliada y respetuosa de los derechos humanos no es una quimera, sino una responsabilidad compartida.

¡Enhorabuena, Proyecto Convivencia, por estos diecinueve años de pensamiento, compromiso y esperanza! Que la Divina Providencia continúe iluminando a sus miembros, fortaleciendo su vocación de servicio y protegiendo su libertad para seguir aportando al bien de nuestra patria.-

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