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Venezuela

Daniel Gromann: «La democracia es la mejor solución y hay que cuidarla, apoyarla y mejorarla pero nunca intentar destruirla o limitarla»

RCL
Last updated: mayo 9, 2026 11:18 am
RCL
Published: mayo 9, 2026
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Estimado Oliver Blanco, Viceministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores, y demás representantes de este Ministerio y de las autoridades venezolanas; excelentísimas embajadoras y embajadores, encargados de negocios y demás miembros del cuerpo diplomático; estimados miembros de la comunidad polaca; estimados representantes de las instituciones venezolanas de la cultura, de la educación, de los medios de comunicación y de otros ámbitos; queridos invitados, amigos todos:

 

Muy buenas tardes.

Les doy una cordial bienvenida a nuestra residencia para conmemorar una fecha muy importante para los polacos: el Tres de Mayo. En esta fecha celebramos uno de los momentos más trascendentales en la historia de nuestra nación: la adopción de la Constitución de 1791.

La Constitución del 3 de mayo fue un documento extraordinario para su época. Nació en un contexto europeo marcado por monarquías absolutas y estructuras sociales rígidas, y propuso una visión profundamente innovadora del Estado. Introdujo la separación de poderes, limitó los privilegios excesivos de la nobleza, fortaleció el papel del gobierno central y, al mismo tiempo, buscó proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad, incluyendo a los campesinos. Estableció principios de soberanía nacional y de responsabilidad del poder ante la ley. Fue, en esencia, uno de los primeros intentos en Europa de construir una monarquía constitucional moderna, basada en el equilibrio institucional y en la idea de que el Estado debe servir a la nación en su conjunto. Por ello, es considerada la primera constitución moderna de Europa y la segunda en el mundo, después de la estadounidense.

Aunque Polonia se desplomó bajo la agresión de sus tres potencias vecinas en los años inmediatamente posteriores a la adopción de la Constitución y cesó de existir como Estado independiente durante más de 120 años, la Constitución del 3 de mayo siguió siendo un símbolo muy importante y una inspiración para restablecer la democracia en Polonia. Tiene unas sucesoras destacadas: la Constitución de marzo de 1921, cuando Polonia renació como nación independiente después de la Primera Guerra Mundial, y la Constitución actual de Polonia, de abril de 1997, vigente el día de hoy, la cual fue adoptada algunos años después de la liberación de Polonia – y de hecho de toda Europa Central y Oriental – del yugo del comunismo.

Sigue vigente hoy, cuando Polonia es – desde 2004 – miembro de la Unión Europea, una comunidad pacífica de naciones y el proyecto de integración más exitoso y avanzado en el mundo entero. Esta membresía ya forma parte intrínseca y muy importante de nuestra identidad nacional y también de nuestro sistema legal. El apego a la democracia, el respeto a los derechos humanos y el Estado de derecho siguen siendo fuertes en la Polonia de hoy.

En Polonia creemos que, a pesar de todas sus posibles deficiencias, el sistema político y jurídico que mejor puede servir a la población de un país es el sistema democrático. Nuestra visión para un país donde la gente vive bien y las cosas funcionan bien es la de un país donde periódicamente se celebran elecciones libres, transparentes y justas, en las cuales los ciudadanos pueden elegir entre varias opciones políticas la que prefieren que gobierne en el siguiente período.

Desde nuestra perspectiva, un Estado verdaderamente moderno es un Estado donde existe una verdadera alternancia en el poder, donde ninguna fuerza política puede considerarse dueña permanente del Estado, y donde las instituciones garantizan que los cambios de gobierno se produzcan de manera pacífica, ordenada y conforme a la voluntad popular, sin ningún tipo de persecución de los vencidos por los ganadores.

Es un país donde funcionan los mecanismos de equilibrio y control entre los distintos poderes del Estado, donde cada uno cumple su papel con responsabilidad y dentro de los límites que establece la ley.

Según nuestra óptica, un buen Estado es un Estado donde el poder judicial es independiente, eficiente y accesible; donde los tribunales funcionan sin retrasos indebidos, sin influencias políticas y sin prejuicios de ningún tipo, y donde cada ciudadano puede confiar en que sus derechos serán protegidos de manera imparcial.

El modelo al que aspiramos es también un país donde las libertades políticas están plenamente garantizadas: la libertad de expresión, de reunión, de asociación, la posibilidad real de participar en la vida pública y de expresar opiniones sin temor. Un país donde los medios de comunicación pueden operar libremente y donde la diversidad de opiniones se considera una fortaleza, no una amenaza.

Nuestra concepción de un Estado que funciona bien es un país donde existen libertades económicas, donde los emprendedores pueden desarrollar sus iniciativas en un entorno previsible y estable, donde las reglas del juego son claras y se aplican de manera igual para todos. Un país con una economía que funciona bien, que genera crecimiento y prosperidad, y que produce suficientes recursos para que puedan ser distribuidos de manera que todos los ciudadanos tengan asegurado un nivel de vida digno.

Asimismo, en esta visión, es un país donde la corrupción no tiene cabida, o al menos está reducida al mínimo gracias a instituciones sólidas, transparencia y rendición de cuentas. Donde el Estado, a través de su administración y de sus instituciones, actúa de manera eficiente y amigable hacia el ciudadano, facilitando la vida cotidiana en lugar de complicarla.

Es, en definitiva, el tipo de país al que aspiramos: un país donde el Estado está al servicio de la persona, donde la dignidad humana es el punto de referencia de todas las políticas públicas, y donde la ley protege y no oprime.

En el mundo de hoy hay muchos críticos de la democracia occidental de la que hablo. Es verdad que no es un sistema perfecto, y en todos lados tiene sus problemas, pero en Polonia estamos seguros de que es lo mejor que se puede ofrecer a una sociedad madura y moderna para que sus miembros puedan vivir bien y de forma digna.

En Polonia hay actualmente un conflicto entre el Presidente de la República y el Ministro de Asuntos Exteriores – mi jefe – ambos pertenecientes a opciones políticas diferentes; como resultado, el Presidente se niega a firmar los nombramientos de embajadores propuestos por el Canciller. ¿Es esto un problema? Sí, lo es. ¿Quiere decir esto que preferiríamos tener un rey, o un dictador, o algún tipo de autocracia donde este tipo de problema no existiría porque todo el poder estaría en manos de una sola persona o de una sola opción política preponderante? Jamás. Con todos los problemas que hay, creemos que la democracia es la mejor solución y que hay que cuidarla, apoyarla y mejorarla – esto sí es cierto – pero nunca intentar destruirla o limitarla.

Queridos amigos,

En la época del comunismo en Polonia, en la que crecí, la mayoría de las personas deseaban un cambio profundo del país. Soñábamos con un país como el que describí anteriormente, pero sin precisar todos los aspectos que mencioné. De manera mucho más simple decíamos que deseábamos “un país normal”, y por “normalidad” entendíamos precisamente todas estas cosas que mencioné, que en aquel momento no teníamos y que ahora sí tenemos en Polonia, aunque – como siempre sucede en la vida – con ciertos desafíos, imperfecciones y un margen para mejorar.

Como representante de Polonia en Venezuela no me corresponde hacer juicios, especialmente públicos, sobre la situación en el país anfitrión, pero me atreveré a decir una cosa que no considero una evaluación o un juicio de valor, sino una simple constatación de hechos. Es evidente que Venezuela, con sus mayores reservas petroleras del mundo y sus otros enormes recursos naturales, con su clima privilegiado, con sus playas paradisíacas, con sus paisajes únicos, con su comunidad empresarial y con el calor humano de su gente, tiene todo el potencial para ser no solo un país “normal” en el sentido que mencioné antes, sino incluso un país excepcional en el sentido más positivo de la palabra; un país cuyos habitantes puedan vivir en plena libertad, en prosperidad y disfrutar plenamente de todos los aspectos de la vida. Como digo, no lo veo como un juicio de valor, sino como un hecho evidente.

Polonia ha estado presente en Venezuela a través de esta representación diplomática de manera ininterrumpida durante los varios años en las últimas décadas que no han sido nada fáciles. Nuestras relaciones oficiales han tenido sus altibajos en los últimos años. Pero en estos momentos se perciben aquí ciertos vientos de cambio, y nosotros, los representantes diplomáticos europeos, también los hemos sentido, en forma de una actitud muy abierta y positiva de las actuales autoridades venezolanas hacia nosotros y hacia el desarrollo de las relaciones de Venezuela con los países de la Unión Europea.

Hoy en nuestra recepción por el Tres de Mayo está presente un alto representante del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores: el Viceministro Oliver Blanco. Es realmente un gran honor para nosotros poder contar con su presencia, y lo apreciamos muchísimo.

Ya estoy terminando. Antes de cederle la palabra a Oliver, únicamente quiero decir una cosa: tengo la gran esperanza de que las relaciones bilaterales entre Polonia y Venezuela, y entre la Unión Europea y Venezuela, se desarrollen intensamente en los próximos meses y años, y cada vez más no solo en el contexto de contactos económicos y negocios mutuamente beneficiosos – los cuales obviamente sí son de suma importancia – sino también cada vez más en el contexto de un entendimiento y un apego compartido a los mismos valores democráticos que mencioné anteriormente.  Espero que las actuales autoridades de Venezuela compartan – por lo menos en algún grado – esta visión de una sociedad y de un Estado realmente al servicio de sus ciudadanos que describí anteriormente, que perciban la importancia del Estado de derecho, la gobernanza democrática y las libertades fundamentales para el desarrollo socioeconómico y que quieran seguir – incorporando en este proceso también otros sectores de la sociedad – un camino de cambios reales que lleve a Venezuela a ser un país “normal” en el sentido que mencioné, o incluso un país “ejemplar” en este mismo sentido, en beneficio de la sociedad venezolana.

Y si Polonia puede hacer algo para asistir a nuestros amigos venezolanos en este camino – aunque sea compartiendo nuestra propia experiencia de cambios, tanto de nuestros logros como de los errores que cometimos – será nuestro placer hacerlo.-

¡Viva Polonia!

¡Viva Venezuela!

Muchas gracias por escucharme. Y ahora le cedo la palabra al estimado Viceministro, querido Oliver.-

www.gov.pl/wenezuela

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