Eleazar López C:
Néstor Zavarce se destacó en 1950 como niño prodigio en la película La balandra Isabel
llegó esta tarde. Siendo ya un reconocido actor de 23 años en 1959, la gerencia de Televisa
(hoy Venevisión) le solicitó su colaboración para presentarse en un espectáculo benéfico
en los Valles del Tuy. Néstor se trasladó en su carro, mientras que el resto de sus
compañeros se fueron en el transporte del Canal.
Cientos de personas esperaban la
oportunidad de ver a sus artistas favoritos. Pasada una hora sin que sus compañeros
llegaran, Néstor decidió subir al escenario para entretener al público recitando poemas y
contando chistes y anécdotas sobre sus películas.
Al notar que entre bastidores había un
conjunto criollo, se le ocurrió decir: “Ahhh, pero es que ustedes no me han escuchado
cantar”. Del público salió un inesperado: ¡Qué cante! ¡Que cante! ¡Que cante! Y Néstor
cantó algunas canciones conocidas. Al público le gustó mucho. Y también a Oswaldo
Oropeza, director del conjunto, quien le propuso grabar un disco de prueba; pero Néstor
se oponía.
—No vale, lo mío es la actuación.
Entre “Vamos a echarle, pichón, chico” y lo de “Lo mío es la actuación”, se grabó un disco
de prueba y El Palacio de la Música los contrató para grabar dos LPs.
Para terminar el primero, faltaba una pieza. Entonces Néstor recordó que en 1951,
cuando filmaba una de sus películas en Buenos Aires, un pianista llamado Guillermo Breer
(alias El indio Pitaguá), le había entregado la línea melódica y la letra de una cancioncita suya. En la
casa de la actriz Nelly Meden, el niño-actor se acercó al piano que tocaba un hombre blanco de
melena, quien le dijo; “escuchá el pájaro, pibe, que dice chibú, chibú”.
—No señor, le rebatió el pequeño actor. No dice chibú, dice chogüÍ.
Como Miguel Ángel Piña, de la disquera, estaba en el estudio cuando se grababa la cancioncita,
notó que “le faltaba algo”. En efecto, la pieza no llevaba sino la voz del cantante, sin el pegajoso
corito (chogüí, chogüí, chogüi). Como el dueto de cantantes llamado Los Pájaros se encontraba en el
estudio, prontamente fueron enroladas para hacerlo con sus dos bien afinadas voces. Y así quedó.
Eso ocurría en 1960 y antes de que comenzaran a distribuir el disco, Néstor pidió dos pruebas del
LP y le entregaron la canción del pajarito y Tarde gris(del propio Oswaldo Oropeza). Domingo Manso,
coordinador de Televisa, puso El pájaro chogüÍ en el patrón del canal y la gente comenzó a llamar
para indagar quién era el cantante, pero ni él mismo sabía, porque Néstor había mantenido el secreto
de que la voz era la suya. Finalmente se identificó y Manso le propuso presentarse en un programa
del Canal.
—Mira, Néstor, la única forma que yo cante esa canción en vivo es con una máscara, como el
cantante incógnito —le dijo a su amigo.
Entonces se presentó con una tela que le cubría el rostro. La idea
era que la gente llamara al canal y diera el nombre de quien creía era
el cantante desconocido. El impacto fue tan grande que Víctor Saume
se lo llevó para El Show de las Doce en RCTV, donde la intriga por saber
su identidad subió el rating del Canal, y llegó al zenit de audiencia
cuando llegó el día cuando el embusacado cantante se identificaría.
Apenas se despojó de la tela que lo tapaba y se conoció su identidad,
Palacio lanzó el disco. La canción se escuchaba por todos lados y
Néstor era perseguido por un mujerero, al punto que contrató a un
par de luchadores como guardaespaldas(El Andarín y El Gran Lotario).
El éxito fue tal que los discos LP los vendían sin imprimir la
carátula.
La algarabía que había ocasionado Néstor Zavarce con El
pájaro fue rápida y fulminante; y el zaperoco que años antes habían causado Alfredo Sadel y Lucho
Gatica entre las pavitas, contundente.
En febrero de 1961, se casaba Alfredo Sadel con Rosita Rodríguez en la casa de Alejandro
Hernández (Pampero). Cuando Néstor Zavarce cerró un show presentado especialmente para la
pareja, cantando El pájaro chogüÍ, Alfredo subió a la tarima para dar las gracias a los artistas y a los
invit. Entonces le dijo en broma a su nueva esposa, que era muy celosa:
—Tranquila, mi amor. Ya no tienes por qué preocuparte… Yo tenía mis pavitas pero ahora Néstor
me las quitó”.
Pero si las pavitas de los sesenta ya pasaron y con ellas también el bendito chogüÍ, ahora, llegando
la medianoche de todos los 31 de diciembre, sabemos que reaparece el infaltable y sentimental
Cinco pa’ las doce, en el que los quince minutos de fama de Néstor Zavarce se prolongan cada año,
para expresar su compulsivo y comprensible deseo de salir corriendo de una fiesta unos minutos
antes de la medianoche, para ir a abrazar a su mamá.-


