En la costumbre judía, los bebes se presentan al templo cuando apenas han cumplido ocho días de nacidos. Con María santísima ocurrió lo mismo, sus padres la llevaron al templo y pusieron el nombre a su recién nacida, el cual designaba su misión.
Y fue un nombre con gran significado, pues «María» -del hebreo «Miriam»-, quiere decir «Señora», Princesa» o «Soberana», el cual adquirió su verdadero sentido con su Asunción, porque es la Reina de cielos y tierra, dignidad que le ha conferido su Divino Hijo.-
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