Ecocidio patagónico,  ¡agua cooperativa!

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 Roberto Fermín Bertossi:

Por estos días, nuestros brigadistas y bomberos voluntarios se juegan sus vidas batallando en desigualdad de condiciones y sin pertrechos apropiados suficientes (vg. logística, aviones hidrantes, etc.) contra los fuegos y sus connotaciones que nos afectan puntual e inéditamente con creciente fiereza, desastre y devastación.

Ante ello resulta justo y necesario poner de relieve a cada uno de nuestros nuestros bomberos, los que aún en supina inferioridad de condiciones, no retacean su “voluntaria” disponibilidad personal, vital, absoluta, permanente e inmediata harto probada; su arrojo, valentía y heroísmo; la hidalguía de su noble temperamento, grandeza de espíritu y generosidad intergeneracional sin intermitencias.

Los titulares de semejantes destratos públicos y privados, son al fin y al cabo quienes, magnánimamente, están logrando en la medida de lo imposible, salvar vidas, fauna, biodiversidad, recursos naturales (vg., flora, biomas, biósfera, etc.), propiedades, paisajes pero mucho más.

Agravaría e incrementaría nuestra deuda e ingratitud, la implícita influencia social altruista de valores y actitudes solidarias absolutamente ejemplares que se desprende de todos los bomberos voluntarios -con y sin uniformes- sobre la conducta y el comportamiento humano en la sociedad; valores, gestos y actitudes sostenidas, definitivamente invalorables, insuperables e interpelantes en la genérica perspectiva de #Entrega, #Cuidado, #Generosidad y #¿Reciprocidad?

Ecocidio e incendios en la Patagonia

A todo esto, recurrentes, flagrantes e inexplicables mezquindades, omisiones y excusas del poder, nos permiten preguntarnos: ¿Qué más hace falta que hagan, ofrenden y demuestren nuestros Bomberos ya en categoría de “héroes anónimos, vivientes” para activar con trámite exprés la legislación necesaria, apropiada y suficiente para abastecerlos, pertrecharlos y viaticarlos diariamente, remunerarles mensualmente y asegurarles un retiro decoroso (no como el actual) para cada uno de estos ciudadanos que ´en el océano de la disparidad´ se entregan por nosotros, “los demás”, en condiciones cada día más absurdamente expuestas, ridículamente extremas e inmanejables?

Se trata de hombres, mujeres y jóvenes que dejan sus familias, tareas, estudios, intereses, talleres u oficios para combatir las llamas… cuándo, cómo, dónde, con lo que tengan o puedan y hasta que sea necesario.

¿Cuántos bomberos en su periodo laboral ordinario de vacaciones, cumpleaños, festejo o adversidad familiar, nochebuena o año nuevo, en lugar de pasarla con sus familias y amigos, tienen que estar en la primera línea y al frente del combate ígneo, manteniéndonos a salvo de éste, aquél u otro incendio, cada vez más feroces e inclementes?

Su servicio, entrega y ofrenda personal sin reservas, deben ser generosamente reconocidos, enaltecidos y estudiados (Educación Constitucional Ambiental) en términos institucionales y éticos; su sacrificio ejemplificador y “contagioso” ya no debe ser ignorado ni despreciado con el fuego de las excusas.

Lo cierto es que, todos estamos admirados, conmovidos, asombrados y orgullosos de nuestros bomberos, pero con eso, con medallas, diplomas, espacios periodísticos y aplausos, ¡no alcanza!

Entonces enoja y cuesta admitir que, por ahora, las cosas aún son cómo no deberían ser, cuando la escala de valores y consideración axiológica institucional, son ajenas y adversamente extravagantes  para los urgentes e importantes intereses y derechos humanos de la gente afectada por cada incendio o tragedia; un cuadro agravado por la eventualidad de otro ecocidio, impune. 

Por último, toda conciencia de ciudadanía como virtud cívica nos  urge activar responsabilidades y deberes tanto institucionales, personales solidarios como profesionales y comunitarios. Ésta, y no otra, es la mejor garantía de la consagración de los derechos, como emanación natural del entrecruzamiento de los deberes de todos. Ese es el horizonte de una civilización fraternalmente relacional, colaborativa y cooperativa de sujetos éticos para la cual, un sólido, noble y cabal reconocimiento, una segura protección y una digna estimación concreta para el bienestar de la comunidad de nuestros bomberos, ya no debe esperar. Al menos cuando sobra dinero para legisladores y miembros del tribunal superior de Santa Cruz.-

 Roberto Fermín Bertossi

Experto CoNEAU / Cooperativismo

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