El alma bendecida

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Rosalía Moros de Borregales:

 

Serie

Los Salmos: anatomía del alma

Episodio IX

El alma bendecida

 

«Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te irá bien. En la intimidad de tu hogar, tu mujer será como una vid cargada de uvas; tus hijos, alrededor de tu mesa, serán como retoños de olivo. Así bendecirá el Señor al hombre que lo honra.» Salmo 128:1-4. (DHH)

 

 

Sentado a la mesa

 

Después de haber traído en los episodios anteriores de esta serie, el alma en diferentes facetas de la cotidianidad: el alma sedienta, arrepentida, angustiada, expectante, refugiada, desconcertada ante las adversidades, examinada por Dios y llamada a confiar en el Altísimo aun en medio de la injusticia. Hoy nos encontramos con el alma que es capaz de reconocer con asombro el bien de Dios en su vida. Es la conclusión a la que llega el salmista al analizar su propia existencia y la de aquellos que ha visto caminar con Dios. Han sido muchos los momentos de soledad y angustia; su corazón quebrantado se ha concentrado en todo aquello que lo aflige; sin embargo, hay un día en que sentado a la mesa con su familia, compartiendo los alimentos y las experiencias de cada día, se da cuenta de todo lo que tiene; de lo bienaventurado, lo bendecido, lo feliz que es. Entonces, reconoce que todas esas bendiciones tienen un origen único: su relación de amor con Dios. Porque la bendición espiritual se mide, en primer lugar, por la obra de Dios en nuestro corazón.  Como lo expresó Jesús cuando dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» Mateo 6:33. Si leemos el contexto podemos constatar que «todas estas cosas» se refiere a las necesidades materiales básicas de la subsistencia.

 

El fruto de la vida

 

Si imaginamos un árbol frutal cargado, nos llenamos de admiración ante las bondades de la naturaleza. ¡Se nos hace agua la boca!  Tal como entre abril y mayo sucede en Venezuela cuando se ven los árboles cargados de mangos y provoca encaramarse, como cuando éramos niños, para bajarlos y sentarnos a deleitarnos en su dulzura. Así, el salmista ilustra en su mente, la presencia de la esposa amada, como una vid cargada de uvas; siempre con las manos y el corazón lleno para dar, siempre generosa y abundante, siempre apetecible. Luego, la mirada se posa sobre los hijos, y los describe como los retoños que se ven en los olivos en cierne; justo cuando comienzan a verse las hojitas en esos verdes de tonos más frescos que aún no han alcanzado la madurez; no obstante, revelan la cualidad del óleo que tiene múltiples propiedades para sanar y alegrar la existencia. Así, pues, sentado a la mesa familiar, el salmista se reconoce como un hombre bendecido.

 

Temor del Señor: honrar y obedecer a Dios

 

He citado la versión de la Biblia Dios Habla Hoy, con el propósito de profundizar en lo que la versión Reina Valera (1960) expresa como «temor de Dios». Mientras la Reina Valera dice: «Bienaventurado todo aquel que teme al SEÑOR, Que anda en sus caminos.» Salmo 128:1. La versión Dios Habla Hoy dice: «Feliz el hombre que honra y obedece a Dios.» Creo que esta comparación entre las diversas versiones o traducciones se explica de manera clara. En pocas palabras, nos expresa que la persona que vive una vida de comunión con Dios, honrando y obedeciendo su Palabra es, por definición, alguien que muestra el temor de Dios al caminar con Él. Pienso que no hay mayor bendición que poner la cabeza sobre la almohada sabiendo que nuestra vida está en sus manos, porque Él ha sido nuestro refugio; porque hemos caminado por las sendas de amor, justicia y esperanza. Como hemos dicho en otras oportunidades, no significa que seamos perfectos; por supuesto que cometemos errores, pero no vivimos en error.

 

El fruto del trabajo

 

La versión Reina Valera dice: «Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien». Salmo 128:2. Esta afirmación del salmista presenta la vida de trabajo como una bendición. La abundancia no viene de la suerte, ni de las influencias, ni de negocios extraordinarios que enriquecen a unos y empobrecen a otros; viene directamente del esfuerzo y la responsabilidad en el trabajo diario, arduo y sostenido en el tiempo, el cual se convierte en producción, en fruto que es de bendición para toda la familia y muchos otros. La bendición no se trata solo de recibir, se refiere a la capacidad de producir, construir y participar en aquello que sostiene nuestra vida. Se trata de hacer del trabajo de nuestras manos y de nuestro intelecto una bendición para los que son servidos a través de nuestro esfuerzo. Quizá una de las pruebas más contundentes del significado del trabajo es la respuesta repetida, una y otra vez, por aquellos que han sido entrevistados acerca de su quehacer, quienes expresan la felicidad que han encontrado en la tarea que llevan a cabo. Recuerdo una anécdota de la Madre Teresa de Calcuta a quien una actriz de Hollywood vio en su labor de limpiar y dar de comer a los enfermos, entonces le dijo: —Yo no haría eso ni por un millón de dólares. A lo que la Madre Teresa le respondió: —Ni yo tampoco. Sencillamente, porque su motivación no era el dinero, sino el trabajo por los enfermos. Por supuesto, que cada obrero es digno de su salario; sin embargo, el trabajo que nos inspira y nos llena la vida va más allá del dinero. Como decía el hermano Lorenzo: «El tiempo del trabajo no es para mí diferente del tiempo de oración». Porque la vida del alma que ama a Dios es vivir en una oración.

 

La bendición que comienza en el corazón de una persona termina alcanzando a la sociedad

 

El Salmo 128 comienza con la bendición de un hombre que camina en obediencia con Dios, luego aparece la bendición del trabajo, la cual se extiende en ondas que se expanden y alcanzan a muchos. Después viene la bendición del hogar, del matrimonio, los hijos, las generaciones que vienen a través del fruto del vientre. Como lo confirma el salmo 112:2 «Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita.» Luego, la bendición llega a la sociedad: «Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre.» Salmos 112:9. Bíblicamente, la prosperidad no termina en uno mismo, sino que traspasa los límites de la familia para bendecir a muchos otros.  A través de la familia y el trabajo el ser humano continúa el rol creador de Dios.

 

El justo trae paz a su nación

 

El salmo 128 termina con esta palabras: «¡Que el Señor te bendiga desde el monte Sión! ¡Que veas el bienestar de Jerusalén todos los días de tu vida! ¡Que llegues a ver a tus nietos! ¡Que haya paz en Israel!» Salmos 128:5-6. Cuando el ser humano que camina con Dios se asienta en la sociedad; a través de su familia, su trabajo y su influencia trae bendición y paz a la ciudad donde vive.

 

Es tiempo de levantarnos como luz de Venezuela, como la sal capaz de contener la corrupción. Quizá el manto de oscuridad que nos ha rodeado no tenga otro origen que el haber olvidado que la única y verdadera bendición viene del Altísimo para quienes honran y obedecen a Dios.-

 

Rosalía Moros de Borregales.

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