La oración del «Ave María» ha ido evolucionando con el tiempo y no siempre se rezaba de la misma forma en que se reza actualmente en la Iglesia católica
La Iglesia católica cuenta con dos oraciones que se han convertido en elementos fundamentales en la vida de los católicos de todo el mundo. Estas dos oraciones se enseñan a los niños desde la más tierna infancia y siguen formando parte de su vida espiritual hasta el final de sus días.
Esas dos oraciones son el «Padre Nuestro» y el «Ave María».
Mientras que el «Padre Nuestro», que nos transmitió Jesús, no ha cambiado mucho en los últimos 2.000 años, el «Ave María», por el contrario, ha evolucionado y se ha transformado.
La oración comenzó siendo breve y, desde entonces, se ha ampliado hasta convertirse en lo que conocemos hoy en día.
Dos versículos de la Biblia
En el Evangelio de Lucas encontramos los dos versículos principales que conforman la oración «Ave María», tan frecuentemente utilizada. La primera parte de la oración se deriva de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel saludó a María diciendo: «¡Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo!» (Lucas 1, 28)
La siguiente parte de la oración se toma de la Visitación, cuando Isabel saludó a María con las palabras: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» (Lucas 1, 42).
Los cristianos no unieron estos dos versículos hasta, como muy pronto, el siglo XI. La Enciclopedia Católica explica que:
«De hecho, hay pocos o ningún indicio de que el Ave María fuera una fórmula devocional aceptada antes de alrededor del año 1050». Todo apunta a que tuvo su origen en ciertos versículos y responsorios que aparecían en el Pequeño Oficio o Cursus de la Santísima Virgen, que precisamente en aquella época estaba ganando popularidad entre las órdenes monásticas. Dos manuscritos anglosajones del Museo Británico, uno de los cuales podría datar del año 1030, muestran que las palabras «Ave María», etc. y «benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui» aparecían en casi todas las partes del Cursus, y aunque no podemos estar seguros de que estas frases se unieran inicialmente para formar una sola oración, hay pruebas concluyentes de que esto llegó a suceder poco tiempo después».
Al principio, la oración se conocía como el Saludo a la Santísima Virgen y consistía únicamente en los dos versos unidos.
Ruega por nosotros, los pecadores
No fue hasta mucho más tarde cuando se añadió la segunda parte de la oración, dedicada a las peticiones (la parte del «Santa María»). Durante varios siglos, la oración terminaba simplemente con «… bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Amén», aunque a veces se incluían peticiones añadidas posteriormente.
Hay algunos grupos que aún mantienen esta tradición, añadiendo diversas peticiones o versículos tras la primera parte del «Ave María», centrándose a menudo en el misterio del rosario que se está rezando.
La oración oficial del «Ave María» (tal y como la conocemos hoy en día) no se completó hasta después de la publicación del Catecismo del Concilio de Trento, y la oración se incluyó posteriormente en el Breviario Romano de 1568. En el Catecismo de Trento se menciona la oración, a la que todavía se hace referencia como la «Saludación Angelical».
El «Ave María» es una oración que ha ido evolucionando de forma orgánica a lo largo de los siglos y se ha convertido en un elemento fundamental de la espiritualidad católica.-


