Beatriz Briceño Picón:
Se nos va el mes del Sagrado Corazón, con una enorme tarea por delante. El Papa León XIV ha dejado el listón muy alto en su viaje a España, compartido con todos los países hispanoamericanos. Celebraremos el día 22 a Santo Tomás Moro, patrono de los políticos, el día 26 a San Josemaría Escrivá, el santo de la secularidad y el 29 a San Pedro y San Pablo, patronos de la Iglesia universal. Le haremos un guiño este último día a San José Gregorio Hernández, por ser la fecha de su muerte.
Podríamos empezar recordando que el trasfondo de estos días nos lo da la primera carta encíclica del Papa norteamericano, sobre la Humanidad magnífica. Con ella recibimos la tarea de poner también, sobre la mesa de estudio y trabajo la síntesis de doctrina social de la Iglesia que nos regaló el pontificado de Juan Pablo II, el año 2004. El día 26, san Josemaría Escrivá nos iluminará toda la espiritualidad y teología del laicado, cuya clave es sin duda la secularidad. Este término que se consagró en el Vaticano II, no ha logrado sacudir a tantos bautizados que no pasan de ser fieles inscritos en el registro parroquial con deseos de ser buenos, asistiendo a misa de vez en cuando y procurando no hacer mal a nadie. ¡Ay Dios, por las faltas de omisión!
Dentro de este enorme cruce de caminos y de vidas, que nos pueden llevar a escribir cientos de páginas, voy a quedarme hoy con un aspecto del apostolado de los bautizados que san Josemaría llamó apostolado de los apostolados. Se trata de toda la labor que podemos hacer para fortalecer esa célula básica de la sociedad que es la familia y el hogar que la cobija. El abordaje de este apostolado en la sociedad actual no es sencillo, porque justamente todo lo que favorezca la familia puede ser el objetivo de quienes, con ideologías materialistas, intentan destruirla.
¿Por qué apostolado de apostolados? Porque para llegar a cristianizar todas las profesiones que se desarrollan en la sociedad, necesitamos mujeres y hombres maduros, estables, virtuosos, trabajadores, solidarios, que se hayan formado en familias honestas, generosas, con valores humanos y cristianos: que sean levadura en la masa de la sociedad. Este es el apostolado en la familia, en el trabajo del hogar, el que realizan los papás cuando enseñan a sus hijos el lenguaje de la fe, la esperanza y el amor. Este es el apostolado que nos enseña a ordenar el hogar para poder más tarde ordenar el mundo. Este es el apostolado que hacemos cuando alguien nos dice “a mí no me gusta cocinar” y somos capaces de descubrirle que esa frase no es aceptable para un ser humano maduro y formado. La cocina familiar es algo tan sagrado que es necesario romper esos clichés. Sí es posible decir: que nos cuesta o que no sabemos, pero es como si dijéramos en la ciudad que no nos gusta ser ciudadanos.
San Josemaría tuvo la ayuda de su madre Dolores y de su hermana Carmen para que el Opus Dei creciera como una familia dentro de esa gran familia que es la iglesia. Carmen concretamente ayudó a las primeras a hacer los oficios de la casa con amor y por amor. Porque sin esos trabajos el hogar se rompe. Si el Opus Dei hubiera nacido en el Siglo XXI seguro que hubiera enseñado por igual a los varones, sabiendo que siempre hay un algo en las familias y en todos los hogares que tiene que expresar el toque maternal de las mujeres. Y este apostolado de los apostolados es el que da vida a ese corazón de la sociedad, que debe reflejar el mismo amor del corazón de Cristo a la humanidad.-
Beatriz Briceño Picón
Humanista y Periodista


