Miguel Truzman:
En este planeta el cual habitamos existen aproximadamente 197 Estados soberanos independientes, de los cuales alrededor de 53 tienen una población mayoritariamente musulmana, es decir, casi un 27%.
Demográficamente de los 8.000 millones de habitantes que residimos en la tierra, alrededor de 2.000 millones son musulmanes, es decir, un 25% de la población mundial.
Los expertos hablan sobre el radicalismo islámico y los diferentes grupos que lo conforman como ISIS, los Hermanos Musulmanes, Boko Haram, los Hutíes, Hamás, Hezbolá, Al Qaeda, los Talibanes entre otros, los cuales pudieran alcanzar un porcentaje del 10% de la población islámica, es decir, el escalofriante número de 200 millones de islamitas radicalizados alrededor del mundo.
Las estadísticas de atentados terroristas en los últimos 5 años solo en Europa, emitidos por la European Union Terrorism Situation and Trend Report, indican un alarmante porcentaje de origen yihadista, al grito de Allahu Akbar, este índice incluye tantos ataques frustrados, fallidos o letales.
Alrededor del 80% de las detenciones por delitos de terrorismo o desarticulación de las células estructuradas para cometer este tipo de atrocidades, están vinculadas con el radicalismo islámico.
Ante este dantesco escenario y la inmigración islámica descontrolada que penetra Europa fundamentalmente, nos preguntamos ¿Cómo es posible que el odio más visceral e irracional sea contra los judíos?
Lo peor es que ese odio se propago como la pólvora a raíz de la masacre que el propio pueblo judío había sufrido en el sur de Israel aquel fatídico 07 de octubre de 2023.
Es algo absurdo e irreal que, ante los números y porcentajes expuestos en la primera parte de este artículo, toda esa virulencia se dirija hacía gente judía en cualquier parte del mundo, en lugares turísticos, en eventos culturales, deportivos, benéficos, en fin, una inversión total y absoluta de las responsabilidades y conductas asumidas por los perpetradores de crímenes, cometidos por los grupos señalados, más por supuesto los lobos solitarios adoctrinados por estos movimientos que sueñan con un califato mundial.
La inmensa maquinaria informática, engrosada con cuantiosas sumas de dinero, al igual que las universidades y la utilización de las redes sociales, ha servido para que una inmensa población que odia a los judíos y a Israel, se encuentre dentro de lo que Dietrich Bonhoeffer explicaba cuando fue apresado por los nazis y en su celda escribió: “La estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad”.
Definía que “la persona estúpida había renunciado a utilizar su criterio propio entregando su capacidad de pensar a un slogan, una ideología o un líder y que no admite hechos, números o verdades, ya su mente fue colonizada”, y créanme de esos hay muchos, demasiados.
Por cierto, el país del puntito azul es Israel, con 10 millones de habitantes de los cuales poco más de 7 millones son judíos, poco más de 2 millones musulmanes, otros cientos de miles cristianos entre otras confesiones religiosas.
En el mundo hay alrededor de 15 millones de judíos, un 0,2% de la población mundial el llamado Start up Nation y si, ese 0,2% detenta inventos, genialidades y obras que benefician a la humanidad y que han sido galardonadas con la bicoca del 20% de los Premios Nobel entregados hasta la fecha.
Israel y el pueblo judío seguirán siendo luz para el mundo, seguirán venciendo porque su legendaria historia es la prueba tangible de que su memoria, su resiliencia, su fe en Hashem, su esperanza inquebrantable y la vida como valor supremo se abre paso siempre sobre el odio y la oscuridad.-
migueltruzman
@miguel_truzman_tamsot
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