El Papa denuncia en Asís «una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional»

RCL
RCL

«No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!». Convaleciente de su operación, León XIV no ha podido viajar a Asís, pero su videomensaje ha marcado el cuadragésimo aniversario del encuentro de 1986

«No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!». Con esta frase, el Papa León XIV ha resumido el videomensaje enviado este martes al Encuentro Internacional «Paz desarmada y desarmante», reunido en Asís en el cuadragésimo aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por San Juan Pablo II el 27 de octubre de 1986.

El Pontífice tenía previsto viajar a la ciudad de San Francisco, pero no ha podido hacerlo. Según el comunicado difundido por la Santa Sede, el Papa no estaría presente en Asís el 27 de octubre «para continuar su recuperación tras la cirugía torácica a la que se sometió el pasado martes 13 de octubre». Su participación se ha limitado a un videomensaje.

El encuentro, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio y cuyo lema se inspira en el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz, se inauguró la tarde del domingo 25 de octubre. La cita anual, heredera de aquella primera jornada, cambia de sede cada año, pero ha regresado a Asís con motivo del aniversario. El propio León XIV asistió a la edición de 2025, celebrada en el Coliseo de Roma.

Un saludo junto a la tumba de San Francisco

El Papa ha recordado que la iniciativa de Juan Pablo II puso de relieve «el vínculo intrínseco que une una auténtica actitud religiosa con la viva sensibilidad por la paz». Ha saludado a los patriarcas y líderes religiosos presentes, a Mons. Felice Accrocca, pastor de la Iglesia en Asís, y a las familias franciscanas, y ha lamentado no poder estar con ellos «junto a la tumba de san Francisco, en este importante aniversario, para ver sus rostros y dar juntos un hermoso testimonio: ¡vivir como hermanos y hermanas ya es posible!».

León XIV ha agradecido al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y a Sant’Egidio que hayan continuado «esta senda trazada por mis Predecesores», y ha hecho suyas las palabras del Papa Francisco sobre la jornada de 1986: «No debía y no podía permanecer un acontecimiento aislado. Vosotros habéis continuado ese camino y habéis acrecentado el impulso».

De la Guerra Fría a la «cultura del poder»

El Pontífice ha contrapuesto el escenario de 1986, en plena Guerra Fría, con el actual. Tras 1989, ha señalado, muchos pensaron que la globalización traería una paz estable, pero, como escribió en Magnifica humanitas, «se confió casi ciegamente a los mercados la capacidad de producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino que ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas».

En ese contexto se produce, según el Papa, «una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional». A su juicio, se traiciona así la memoria del siglo XX y vuelve a imponerse la lógica que describe el Catecismo de la Iglesia Católica, según el cual «la acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones» (n. 2315).

Frente a esta «cultura del poder», León XIV ha reivindicado el espíritu de Asís, que definió como «el rechazo a la legitimación religiosa de la guerra, un espíritu de mediación y diálogo, una experiencia contemplativa y una acción creativa por un futuro de paz». Y añadió que «la paz debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones, el criterio que desenmascara la injusticia, el horizonte común de todas las personas».

«La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios»

El pasaje central del mensaje ha sido el rechazo de toda justificación religiosa de la violencia: «¡Debemos reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios! Para nosotros, los creyentes, «luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma» (Magnifica humanitas, 223). No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!».

Si bien el Papa condenó la idea de «guerra santa» no se pronunció directamente sobre la doctrina católica de la guerra justa.

La oración, «fuerza humilde de los creyentes»

El Papa ha presentado el camino de Asís, ante todo, como un camino de oración. «La oración puede parecer débil frente a los poderes del mundo, pero es la fuerza humilde de los creyentes. Nos dirigimos a Dios, dador de paz: que llegue al corazón de quienes desean la guerra y el terrorismo. Y no lo olvidemos: ¡nunca se reza en vano!».

La oración es también, ha dicho, «una escuela de diálogo con Dios, con las personas y con todas las criaturas», y ha evocado a San Francisco, de cuya muerte se ha celebrado este año el octavo centenario. A los líderes religiosos les ha pedido fomentar el diálogo entre los fieles y en la sociedad, «para que el lenguaje de la arrogancia sea sustituido por el de la paz, la negociación y la comprensión», algo que podrá «alejar gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia».

El mensaje concluyó con una súplica para que Dios haga de los creyentes «instrumentos desarmados de su paz» y con las palabras de las Bienaventuranzas: «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

Un acento distinto en un encuentro discutido

El mensaje de León XIV, como ya ocurrió en 2025, se ha centrado en la paz más que en la actividad ecuménica como fin en sí misma, y ha pedido a los representantes religiosos que pongan su influencia al servicio de la paz. Con Francisco, añade, los mensajes papales en estas citas tenían un enfoque más marcadamente ecuménico.-

(InfoCatólica)

Share This Article