César Pérez Vivas:
El discurso pronunciado este lunes 88 de junio del 2026, por Su Santidad León XIV ante las Cortes Generales de España, se ha convertido en una pieza de extraordinaria importancia para la reflexión política de nuestro tiempo.
Más que una intervención circunstancial, ha sido una nueva lección de la Doctrina Social de la Iglesia y una profunda invitación a revisar los fundamentos morales sobre los cuales debe edificarse la convivencia humana.
En tiempos marcados por la polarización, la incertidumbre y la crisis de valores, el Santo Padre recordó los grandes principios que han servido de sustento a la civilización occidental: la defensa de la vida humana, la protección de la familia, la búsqueda de la paz, el respeto a la dignidad de la persona y la construcción permanente del bien común.
Sus palabras resonaron con fuerza en el Parlamento español porque colocaron nuevamente en el centro del debate una verdad que con frecuencia es olvidada: la política existe para servir al ser humano y no para someterlo a intereses ideológicos, económicos o de poder.
León XIV insistió en que toda sociedad verdaderamente justa se construye sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Ese principio constituye una respuesta tanto frente a los viejos colectivismos que diluyeron al individuo en el Estado, como frente a ciertas corrientes contemporáneas que reducen al hombre a una simple variable económica, despojándolo de su dimensión moral, espiritual y trascendente.
Ciertamente, una economía libre, dinámica y productiva es indispensable para generar prosperidad. Sin embargo, como recordó implícitamente el Pontífice, la economía no es un fin en sí misma. Su razón de ser consiste en elevar la calidad de vida de las personas y crear las condiciones para que cada ser humano pueda desarrollar plenamente su dignidad.
Por ello adquiere especial relevancia su defensa del bien común. La vida en sociedad debe orientarse hacia el bienestar de todos los hombres y de todo el hombre. No puede construirse excluyendo sectores sociales, ni mediante las falsas promesas del populismo o la demagogia.
El auténtico bien común exige crear riqueza para superar la pobreza, fortalecer las instituciones, garantizar oportunidades y promover la justicia social.
Pero el bien común tiene un presupuesto indispensable: la paz. Sin paz no existe justicia posible. Sin paz no puede florecer la libertad ni prosperar una sociedad. Y para que la paz sea duradera, todos los seres humanos deben tener acceso a los bienes materiales y espirituales necesarios para vivir con dignidad.
Las palabras de León XIV constituyen una invitación a recuperar la centralidad de la persona humana en la vida pública. En un mundo donde con frecuencia se absolutizan las ideologías, los mercados o las tecnologías, el Papa ha recordado una verdad elemental y permanente: el ser humano debe seguir siendo el principio, el sujeto y el fin de toda organización social.
Bienvenida sea esta voz serena y firme que, desde las Cortes de España, ha llamado a los pueblos del mundo a reencontrarse con los fundamentos éticos de una convivencia auténticamente humana.-
Martes, 9 de Junio del 2026


