Eleazar López C :
Después de muchos avatares —incluidos terremoto (1812), incendio (1870)
y varios fallidos intentos de reconstrucción que de chiripa lo dejaron pie—,
la restauración definitiva de la Iglesia de La Pastora fue decretada por el
beatífico presidente Rojas Paul, hacia 1890. Para entonces, el padre
Olegario, capellán de la Iglesia, quien había venido a Caracas con los
Monagas, de Barcelona.
Hacia 1890, el capellán de la Iglesia de la
Pastora le encargó a Cristóbal Rojas el cuadro
“El Purgatorio”. Con el correr del tiempo se dio
el caso de que el día menos pensado se podía
incendiar el cuadro, por lo cerca de él que los
fanáticos encendían los cirios.
El padre Lovera, que entonces era el superior
del capellán, fue al templo a averiguar,
personalmente, el asunto, justo en el momento
en que una señora encendía un enorme velón.
Al interrogarla acerca del por qué lo
aproximaba tanto, respondió que, para “sacar
de penas las almas que agonizan en el lienzo, es menester que las velas
estén cerca de ellas”.
Al constatar el problema, el padre Lovera llamó al párroco y, en nombre
del Ilustrísimo Monseñor Castro, le dijo:
“Padre, desde hoy prohíba usted que se prendan velas cerca de ‘El
Purgatorio’ y le dice a quien le pregunte, que esas ánimas quedan allí
penando por cuenta mía”.-


