Fray Nelson:
Razones de perplejidad
Desde la época del Papa San Pablo VI, y cada vez con mayor fuerza, notamos que muchos tratan al Papa, a cada Papa, simplemente como una figura pública, de la que se puede opinar, a favor o en contra, con la misma libertad y prácticamente en las mismas condiciones en que se opina de cualquier otra persona pública. El Papa, en este sentido, es visto por muchos, incluyendo muchos católicos, en un nivel semejante al que pueden tener los artistas, los políticos, los deportistas o los gerentes de grandes empresas.
Esa tendencia ha ido aumentando su fuerza con el tiempo. Ya era bastante fuerte en tiempos de Benedicto XVI, que tuvo que enfrentar una auténtica ola de desaprobación, prejuicios y acusaciones desde el comienzo de su pontificado.
Las cosas se aceleraron en el pontificado de Francisco, en parte por el rasgo de “provocación” y “singularidad” que tuvo este Papa, para quien resultaba sencillo tener gestos inusuales o dar declaraciones extrañas, incluso en materia de fe y de moral. Por supuesto, esto suscitó que las opiniones en torno a su ministerio se multiplicaran y se radicalizaran, de modo que el panorama actual muestra claras señales de polarización en amplios sectores.
Ya la polarización engendra una cierta perplejidad en muchos fieles católicos que a veces no saben qué voces escuchar o hasta dónde se debería seguir a tal o cual predicador. Dos elementos adicionales complican aún más las cosas. Primero, ya en tiempos de Francisco, la sensación generalizada del uso de raseros distintos para evaluar la doctrina o la práctica pastoral, según se trate de tendencias más progresistas o más conservadoras. En general, lo que se ha visto en últimos tiempos es una tendencia a la complacencia y tolerancia con los primeros, y la desconfianza y el rigor con los segundos. Dos ejemplos fácilmente reconocibles son, respectivamente, el Camino Sinodal Alemán y los Heraldos del Evangelio. Todo esto obviamente aumenta la polarización y la perplejidad.
Un segundo elemento que impacta negativamente, en términos de perplejidad, es la abundancia de desinformación. Las llamadas “fake news” y el uso masivo de la Inteligencia Artificial, van creando una sensación de incertidumbre y escepticismo que sin duda impactan desde otro ángulo la fe de nuestro pueblo católico.
Para algunos sacerdotes y para muchos “influencers” católicos las cosas han llegado a un punto de crispación, que, por ejemplo, ya impide francamente recibir con serenidad algo que venga del Card. Víctor Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, o algo que diga Fr. Timothy Radcliffe, exmaestro de la Orden Dominicana. Al mismo tiempo, un número de fieles católicos buscan “refugio” dando oído solamente a lo que digan representantes de lo que ellos consideran la verdadera ortodoxia, es decir, eclesiásticos como Robert Sarah, Athanasius Schneider o Gerhard Müller. Para muchos, las palabras de estos cardenales tienen un peso enorme y sirven de filtro para lo que pueda decir incluso el Papa.
¿Un retorno a la “normalidad»?
Hace poco comentaba Mons. Georg Gänswein, gran conocedor de la vida y ambiente del Vaticano, que con el Papa León XIV poco a poco la Iglesia vuelve a la “normalidad”. Sin duda hacía referencia a varios gestos del actual Papa que de alguna manera “deshacen” otros tantos gestos un tanto exóticos del anterior pontífice. En concreto, son cosas como estas: el Papa León vuelve a vivir en el palacio apostólico; vuelve a usar los vestidos típicos del Sumo Pontífice, dentro y fuera de la liturgia; vuelve a bendecir los corderos cuya lana servirá para los palios arzobispales, el día de Santa Inés mártir; vuelve a celebrar el Jueves Santo en su catedral, o sea, en San Juan de Letrán, y así en otros aspectos.
Pero más allá de estos aspectos exteriores, el Papa León se ha esforzado claramente por conservar, en todo lo posible, las intuiciones, la dirección e incluso el lenguaje del Papa Francisco, a la vez que va llenando de un contenido diferente esas expresiones. Así, por ejemplo, enfatiza el servicio a los más necesitados pero no toma una posición explícita con respecto a la economía global; habla a todos de sinodalidad pero subraya con vigor lo que ya había dicho Francisco: que no se trata de convertir a la Iglesia en una democracia; celebra el aniversario de la encíclica ecologista Laudato Si pero no suscribe expresamente las tesis del daño supuestamente debido a la acción humana.
La principal “normalidad», sin embargo, está en el énfasis en la Persona y la obra de Jesucristo. Es lo absolutamente “normal” en un discípulo de Cristo, y más en un pastor de almas, y mucho más en aquel que está llamado a confirmar en la fe a sus hermanos. Desde esa nueva (y en el mejor sentido de la palabra, tradicional) normalidad trae mucha esperanza el ministerio petrino encarnado en el papa León XIV.
¿Debería Roma…?
Fruto de la impaciencia o de la polarización, muchos católicos consideran que hay acciones que “Roma” (es decir, al Curia Vaticana, o el Papa mismo) debería tomar ya mismo, o posiblemente debería ya haber tomado. Se trata en general de acciones de tipo canónico y disciplinario propios del Derecho Penal de la Iglesia: remoción de obispos de sus sedes; excomuniones ferendae sententiae; suspensiones de sacerdotes; expulsión de unas cuantas religiosas de sus respectivas congregaciones. “¿Por qué eso no sucede?», se preguntan con exasperación algunos fieles. Y es pregunta legítima.
No me considero “vaticanólogo” ni tengo fuentes privadas de información al respecto. Pero sí quiero dar simplemente mi opinión reflexiva al respecto. Creo que hay que tener en cuenta tres consideraciones:
Primero, todo buen gobernante debe evaluar no sólo qué acción habría que tomar sino también cuáles reacciones podrían seguirse. Por ejemplo, es probable que una destitución fulminante de unos cuantos obispos alemanes suscite una avalancha de sentimiento anti-romano que al final le dé más fuerza a la tendencia progresista. En el peor de los casos esto desataría un cisma en toda regla.
Segundo, la principal fuerza de Roma es que es “eterna”. Los cambios más profundos, duraderos y eficaces en la Iglesia suelen darse por vía de relevo, no tanto por vía de “expulsión” ni por el camino de polémicas doctrinales que a menudo terminan siendo comidilla para los medios de comunicación (y sabemos qué línea seguirán esos medios).
Tercero, Roma sabe la fuerza que tiene autorizar o no autorizar algo. Por seguir con el caso alemán, el hecho de que se instale una especie de comité sinodal permanente es algo preocupante pero, si no tiene la autorización de Roma, sus posturas no serán vinculantes sino solo para los que crean en tal exabrupto.
Al final, la invitación es la de costumbre: amar, orar y servir bajo el cayado de Pedro.-
Fuente: Infocatólica

FRAY NELSON
Miembro de la Orden de Predicadores en Colombia; sacerdote desde 1992, por bondad de Dios. Mis dos motivaciones más fuertes han sido: (1) Comentar la Palabra de Dios, dejando que aparezca su permanente actualidad; y (2) Leer esa actualidad, o algunos de sus rasgos, queriendo descubrir ahí el paso y el poder transformador de Dios.
En cuanto al mundo online, hago presencia con una página web, fraynelson.com, con una red social de Amigos en la Fe, un boletín diario de evangelización, y un canal de Youtube. Estoy también en Facebook , Twitter e Instagram.–


