Grandeza del conocimiento

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Brain Swirl. 3D illustration of human head with color motion trails for subjects on art, psychology, creativity, imagination and dreams.

 

Rafael María de Balbín:

 

La persona humana es un ente a la vez material y racional, con una dimensión animal y a la vez de índole espiritual: cuerpo y alma. El hombre es las más sorprendente de todas las criaturas terrestres.  

Esto del asombro o sorpresa es, según los antiguos, el inicio del filosofar, de la búsqueda de la sabiduría. Para otros el inicio es el recuerdo de la constitutiva excelencia del hombre.

El conocimiento humano alcanza las realidades más dispares, está abierto a toda realidad, incluso comprende a los que no lo conocen.

Se comienza por el conocimiento que llevan a cabo los sentidos externos, activados por cualidades como la luz coloreada o el sonido. Estos sensibles propios son reunidos por el sensorio o sentido común: sensibles comunes. Y conservados y elaborados por la imaginación y la memoria sensitiva, que son también sentidos internos. 

Junto a ellos está también la cogitativa o razón particular, que es el hombre el equivalente del instinto animal, y capta los datos que se refieren al provecho o perjuicio del individuo. Todo el conjunto de vivencias, sentimientos y experiencias se integra en una síntesis sensitiva, que los clásicos llaman fantasma (cf. Summa theologiae, I, 78,4).

Ahora bien, el fantasma es todavía sensitivo, es decir material y particular. Pero el hombre tiene un conocimiento inmaterial y general: no tiene sólo sensaciones y sentimientos. La inteligencia humana conceptualiza, juzga y razona. ¿Cómo se realiza la continuidad entre la sensación y la intelección? Por un sorprendente, rapidísimo y habitual proceso que llamamos abstracción (cf. Summa theologiae, I, 85, 1).

La abstracción permite que el conocimiento humano abarque la totalidad de la realidad en todas sus facetas materiales e inmateriales. Por la acción del intelecto agente sobre el fantasma, tornando a éste inmaterial y general. Es el concepto o imagen intelectiva, que permanece en el intelecto paciente y en la memoria intelectiva (Summa theologiae, I, 85, 2).

Así el hombre percibe, siente, imagina y recuerda, conceptualiza, juzga y razona.

¿Cómo puede la inteligencia humana que es inmaterial conocer realidades singulares y materiales? Santo Tomás de Aquino lo explica por una vuelta al fantasma que utilizó para abstraer (Summa theologiae, I, 84, 7; I, 86,1)).

Comprender la abstracción tiene una importancia capital, para un conocimiento cabal de la realidad. Si se deja a un lado el conocimiento sensitivo aparecen los logicismos y racionalismos. Si se ignora el papel del conocimiento abstractivo se incurre en empirismos y materialismos.

Ni materialismos cientificistas ni racionalismos logicistas. 

Hace falta el conocimiento de los datos sensibles propio de las ciencias experimentales. Estas realizan su tarea atendiendo a los llamados sensibles propios y comunes.  Es su método propio y legítimo, con ayuda de las matemáticas que atienden al aspecto cuantitativo de la realidad. 

Por otra parte la inteligencia humana capta muchas realidades que no son estrictamente materiales. Es capaz de inquirir el modo de ser y las características de todas las realidades: está abierta a conocer el modo de ser de todo ente, comenzando por la captación de la entidad misma: el ser y el modo de ser de las cosas y de las personas: aspectos esenciales y existenciales.  Es el cometido propio de la filosofía.

Se puede decir que hoy en día hay un gran divorcio entre las ciencias experimentales y la filosofía. Las primeras atienden a los datos más materiales de la realidad, captados por la sensibilidad  externa; la filosofía parece moverse en un limbo de generalizaciones y abstracciones, propias de la lógica, y con un mínimo influjo acerca de las ciencias experimentales y sus sorprendentes progresos (cf. La tribulación logicista de Sofía, A. J- Bromer y A.J. Bueno. Universidad Católica Cecilio Acosta. Maracaibo, 2009)

Habría que tener en cuenta también todos aquellos conocimientos que los sentidos internos proporcionan a la inteligencia: toda la realidad humana, con el conocimiento integral del hombre en todas sus facetas emotivas y culturales. Y considerar la importancia de todas estas realidades y ciencias humanas. 

Hace falta una filosofía que se decida a considerar todo ente y todas las facetas del ente, sin aislacionismos ni complejos de inferioridad. Que estudie el ente en cuanto tal, sus propiedades y su misión directiva de los demás conocimientos humanos. No pongamos barreras al amplio despliegue que corresponde a la grandeza del conocimiento humano.-

(rbalbin19@gmail.com)

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