Elias Farache:
El pasado jueves 24 de septiembre de 2026, el primer ministro de Israel dio su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un evento que se ha repetido varios años, y en el cual el propio Benjamín Netanyahu ha venido siendo un cronista de la situación que vive su país y el Medio Oriente.
Israel le debe a las Naciones Unidas su declaración del 29 de noviembre de 1947 que determinó la creación del estado judío en el Mandato Británico de Palestina. Los judíos aceptaron y cumplieron con fundar el estado. Los árabes no acogieron la resolución de división del Mandato y no establecieron un estado árabe. Las consecuencias de tal postura se viven hasta hoy. Desde entonces, el foro de las Naciones Unidas ha sido bastante hostil con Israel. Condenas por doquier y cero reclamos ni cuentas para quienes son enemigos y agresores de Israel. Con todo y esto, la oportunidad de dirigirse al mundo y la penetración de un mensaje allí enunciado es algo que Israel aprovecha en cada ocasión. Un orador de lujo como Netanyahu se luce a pesar de los desaires que le propinan.
Benjamín Netanyahu viajó solo por unas horas a Nueva York, luego de una cambiante agenda que terminó muy recortada. La sala de las Naciones Unidas donde se dirigió al mundo, fue abandonada por varias delegaciones en muestra de protesta con Israel y solidaridad con las causas que adversan al pequeño y criticado país. Esto es algo ya muy usual. Pero la costumbre no quita el dolor porque esto suceda.
Netanyahu tiene varias presentaciones muy difundidas en la Asamblea General. Aquella presentado un dibujo de una bomba y los tiempos en los cuales Irán lograría un arma nuclear, sus silencios en los discursos, sus miradas penetrantes, silencios estudiados y una estructura muy cuidada de los argumentos. Netanyahu es muy bien considerado como expositor de las posiciones de su país, y en virtud de ello, el esfuerzo de asistir a un foro en un ambiente poco amigable por decir lo menos.
Oír y ver los discursos de los mandatarios en la Asamblea General cada año resulta en una experiencia muy aleccionadora e interesante para quienes siguen la política internacional o los eventos particulares de algún país en específico. Israel, cada año, parece tener eventos particulares que merecen atención. Tanto, que la rutina que sea cada año, pudiera minimizar la verdadera importancia de los hechos.
Este año fue muy llamativo. Israel cumple su tercer año en guerra, una guerra que llegó a tener siete frentes activos y que fue provocada en octubre de 2023 luego del asesinato y secuestro de más de mil personas que estaban en un concierto o en sus casas. Estas acciones fueron muchas de ellas transmitidas en vivo por los perpetradores de la masacre: ajusticiamientos, decapitaciones, crueldades enfrente de los familiares. Los secuestrados estuvieron en cautiverio hasta hace un año, y muchos fueron asesinados. No se vieron nunca protestas ante delegaciones diplomáticas palestinas, ni frente a las embajadas de Irán en cualquier parte del mundo. Ni ante las de Qatar por citar una que otra. Sin embargo, en las afueras de las Naciones Unidas se protestaba contra Netanyahu y contra Israel.
Las manifestaciones de calle pueden ser arregladas y tarifadas. Más curioso resultan las intervenciones de los mandatarios de Francia y Gran Bretaña, condenando a Israel. Los inventores modernos del colonialismo, los sastres del desastre de un Medio Oriente repartido literalmente a tijerazos, no cuestionan a los secuestradores, no piden el reconocimiento de Israel por parte de adversarios a quienes apoyan irrestrictamente. Se limitan a condenar a Israel. La única manera de entender esta postura, es achacarla a una profunda antipatía hacia los judíos y el estado judío. Profunda antipatía que todos sabemos como podemos llamar.
Los datos que dio Netanyahu fueron contundentes. Los números hablan más que las palabras. La ayuda humanitaria entró a Gaza significando un equivalente a una tonelada por habitante. Es muy difícil explicar como en plena guerra el enemigo en combate es alimentado, es vacunado y es cuidado en la medida de lo posible. Seguro que entre alemanes, ingleses y franceses eso nunca ocurrió en la Segunda Guerra Mundial mientras caían bombas sobre Berlín, Londres y París. Acusar a Israel de genocida y cosas por el estilo, refleja de nuevo una profunda antipatía que todos sabemos como podemos llamar.
Algo tenemos claro. Desde su proclamación en mayo de 1948, desde antes y hasta ahora, Israel vive en una única guerra de mil batallas. Una de las batallas se da en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Algunos han de oír, entender y apoyar. Otros no tienen remedio.-
Elías Farache S.
27 de septiembre de 2026


