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Hagamos las paces: ¿Qué tal un país en modo sinodal?

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Last updated: octubre 31, 2022 10:57 am
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Published: octubre 31, 2022
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Luisa Pernalete:

 El sínodo combate el clericalismo. Insiste en que las relaciones deben ser horizontales. “Caminar juntos” implica que se da la mano al más lento, al más alejado. Tienes que estar pendiente de los otros. Se camina hacia metas comunes. Supone humanizar la iglesia y el mundo. Un modo sinodal nos favorece a todos.

  Una iglesia sinodal no es “un evento”, insiste el Papa, sino de un proceso. Por eso, la convocatoria la hizo el año pasado, y se supone que sigue hasta el próximo año. Debe mover a todos los católicos. No se trata de una reunión de obispos ni de una mera consulta. Se trata de revisarse cómo estamos actuando para vivir el evangelio, para construir el Reino de Dios en la tierra. Se trata de soñar qué iglesia – Pueblo de Dios-  se quiere. Ya eso anima. Digo yo.

   ¿No creen que sería extraordinario que el país entrara en un modo sinodal también?

En este país hay mucha gente sufriendo. En Venezuela han crecido las desigualdades: los que comen todos los días 3 veces, y los que no pasan hambre; los que tienen ingresos más que suficientes para sus necesidades básicas y les da también para lujos, y los que están en pobreza extrema, en pobreza multidimensional. Una pirámide con una punta cada vez mas afilada, una base cada vez mas grande. Los casi 7 millones – o más – de migrantes forzados-tienen que ver con ese sufrimiento generalizado, con la falta de horizontes. Con la falta de fe en el futuro, la ausencia de esperanzas y sueños.

   Pensemos en la educación. Está muy mal, la pública y la privada, aunque esta tenga unos números un poco mejores. No hay generación de relevo para sustituir a esos centenares de docentes que han abandonado las aulas. La brecha entre alumnos atendidos y no atendidos también se ha agravado. Y no hablemos de la calidad.

   Y sólo recordemos lo mal que está la salud del venezolano. Los niños del JM de Los Ríos muriendo por falta de trasplantes, en edades que no son para morir, sino para estudiar y jugar.  Vean sólo los informes de @preparafamilia, los dramas de esos niños pacientes. Solo por mencionar unos casos que nos debe doler a todos.

   En fin. No voy a seguir enumerando elementos que nos llevan a pensar la necesidad de un país en “modo sinodal”.

   “Caminar juntos” aunque sea comenzando en la familia: que los padres dediquen tiempo a escuchar a sus hijos, a ayudarles y a buscar ayuda si sus problemas sobrepasan las competencias de ellos como padres.

   “Caminar juntos” en la escuela. Buscar a esos chamos que el proceso los ha ido excluyendo de las aulas. ¿Por qué no han vuelto todos esos que estaban el año pasado? Preguntar a sus conocidos, ir a sus casas, decirles que los estamos esperando. Aliarnos familia y escuela, y sociedad, y medios de comunicación y en empresarios, universidades, para salvar la educación. Hacer los cambios necesarios para que la educación recupere sentido para los estudiantes.

   “Caminar juntos” en la comunidad donde vivimos, los de franelas de colores distintos, todos afectados por los mismos problemas, y no el “sálvese quien pueda”, que nos debilita, nos divide. Sumarnos a iniciativas como @lagentepropone impulsadas por el Grupo Cesap en unos cuantos municipios del país.

   “Caminar juntos” los políticos, los que se llaman dirigentes. Que quieran y sepan ser líderes inspiradores, que escuchan al pueblo, y no “jefes de calle” o de municipio.

Hay anticipos de “procesos sinodales” en el país, de gente “caminando juntos”, con metas comunes y enfrentado problemas comunes,  ayudándose unos a otros. Necesitamos animarnos con ellos. No es verdad que “aquí nadie hace nada”. Hay mucha gente haciendo cosas buenas. Súmese a ellas, mire hacia los lados con sus dos ojos: el que ve el drama y el problema, y el que ve “las velitas en medio del apagón”. País en modo sinodal es una urgencia.-

Nota: ESta columna ha sido publicada inicialmente en el El Correo del Caroní

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