In memoriam: Pepe Domínguez Ortega

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Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

 

Acaba de fallecer, hoy 29 de octubre 2026 en Madrid, el abogado y comunicador José Domínguez Ortega. Era el último sobreviviente del equipo que me acompañó en la preparación de las dos visitas del Papa Juan Pablo II a Venezuela en 1985 y 1996. Aquel trío estuvo conformado por el Arq. Vicente Irazabal y el Dr. Manuel Silva Guillén, ambos fallecidos sobre quienes escribí las respectivas “in memoriam”. Me uno al duelo de su señora esposa Maricarmen Arrue y de sus hijos y nietos con quienes tuve la dicha de sentirme en familia.

Pepe, como cariñosamente lo llamábamos había nacido en Sevilla en 1944. Con apenas veinte años llegó a Venezuela y estuvo ligado al Padre José María Velaz, sj., y con otros miembros de la Compañía de Jesús en los inicios de Fe y Alegría. Cursillista de cristiandad estuvo cerca del Padre Cesareo Gil Atrio, al igual que los dos citados más arriba, y gracias a la intervención del fundador de los Cursillos de Cristiandad en Venezuela, configuramos un excelente equipo multidisciplinar a nombre de la Iglesia Católica Venezolana, lo que nos permitió desarrollar con las capacidades de los tres laicos una de las experiencias más fecundas de la pastoral criolla, la organización de los dos viajes papales que se ocupó no solo de la parte logística del viaje al que se añadió la preparación espiritual en lo que entonces se llamó la misión nacional.

 

Pepe Domínguez y su esposa Maricarmen, formaron un hogar cristiano en el que se unió la raíz andaluza, la vasca y la venezolana en un ejemplo original de lo que se puede cuando la fe va más allá de las diferencias de cada uno. Pepe conjugó su vocación misionera con el ejercicio de su profesión en el campo profesional, el político durante el gobierno del Dr. Luis Herrera Campins y con la representación de diversos intereses de la firma Cremades Calvo.

 

Durante el periplo que vivimos en este milenio fue despojado de sus bienes lo que lo llevó a salir del país y radicarse en España donde se encontraban sus hijos. Tuve la dicha de visitarlo en varias ocasiones y últimamente, dada la precariedad de su salud, trasladarse a una residencia de ancianos en la zona de Majadahonda donde, gracias a la familia Cremades tener las atenciones necesarias.

 

Justo en estos días en conversaciones con el Dr. José Antonio Rodríguez, amigo de Pepe y Maricarmen evocamos anécdotas de su quehacer inquieto, quedando con el propósito de visitarlo próximamente. No tuvimos tiempo de cumplir con esta fraterna visita pues nos sorprendió la noticia de su fallecimiento.

 

Creo que la Iglesia venezolana tiene una deuda de gratitud para con el trío de Vicente Irazabal, Manuel Silva Guillén y José Domínguez, pues a la pericia, dedicación y pasión de ellos pudimos disfrutar de los dos viajes papales a Venezuela. Sus nombres deberían estar en la galería de la Conferencia Episcopal como testimonio de lo que los laicos pueden hacer por el bien material y espiritual de todos los venezolanos.

 

Descansa en paz, querido Pepe, unimos nuestra oración a la recia formación cristiana de Maricarmen con quien compartimos telefónicamente el día de hoy para sentirnos unidos y agradecidos ante el Señor y la Virgen por la vida de su querido Pepe. –

29-10-26

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