La historia suele recordar al General Juan Jacinto Lara (1778-1859) por sus hazañas militares, pero a 167 años de su fallecimiento, su huella como administrador público cobra mayor relevancia. Según destaca el cronista Carlos Guerra, Lara fue un visionario que, durante su periodo como gobernador (1843-1848), logró transformar la provincia de Barquisimeto a pesar de las crisis económicas de la época.
Su gestión no fue de escritorio. Lara impulsó la construcción de la Casa de Gobierno, el mercado municipal y un cuartel funcional. Además, diseñó un plan vial que conectó a Barquisimeto con localidades estratégicas como Carora, Quíbor y Cabudare. En materia de salud, fue pionero al enfrentar epidemias de viruela y lepra, ordenando la creación de lazaretos para brindar atención digna a los enfermos, mientras que en educación garantizó salarios fijos para los maestros.
Sus últimos años los vivió con la sencillez de un ciudadano ejemplar. Su hogar estuvo ubicado en lo que hoy es la esquina de la calle 24 con avenida 20, en el corazón del casco central. Allí, rodeado del respeto de sus vecinos, transcurrió su vejez hasta su muerte el 25 de febrero de 1859.
Aunque sus restos descansaron inicialmente en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, en 1911 fueron trasladados al Panteón Nacional. Hoy, su legado se mantiene vivo no solo en el nombre del estado, sino en las instituciones que ayudó a fundar.-


