El escritor noruego cuenta cómo la literatura le abrió a lo invisible, defiende el silencio para escuchar a Dios y explica su acercamiento a la fe católica
El escritor noruego Jon Fosse, Premio Nobel de Literatura en 2023, ha vuelto a hablar abiertamente de su fe cristiana, de su descubrimiento de Dios y del papel que desempeña la religión en una sociedad cada vez más dominada por el ruido, el materialismo y los intereses económicos.
En una entrevista concedida al periodista Bruno Pardo Porto, de ABC, con motivo de la publicación de su nueva novela, Hotel Vaim (Random House), el autor de Septología reconoce que durante su juventud intentó abrazar el marxismo y el ateísmo. Sin embargo, fue precisamente su experiencia como escritor la que terminó abriéndole las puertas de la fe.
«Yo de joven intenté ser marxista y ateo, y lo fui, hasta donde pude», confiesa Fosse.
Lo que cambió su manera de entender el mundo fue un descubrimiento inesperado: la incapacidad de explicar racionalmente el misterio de la creación literaria.
«No podía entender lo que ocurría cuando escribía, de dónde venía la escritura: es algo que no puedo explicar con el materialismo», recuerda.
Aquella experiencia le llevó a reconocer que la realidad no podía reducirse únicamente a lo material.
«Entonces mi mente se abrió a lo invisible, y después de un tiempo llegó el concepto de Dios. Ahora puedo decir que creo en Dios, aunque no puedo describirlo».
«En el silencio se puede oír a Dios»
Convertido al catolicismo en 2012, Fosse ha hecho de la espiritualidad uno de los elementos centrales de su obra literaria.
Para el escritor, la relación entre la escritura y la oración es especialmente estrecha. Ambas requieren recogimiento, contemplación y una disposición interior que resulta cada vez más difícil de encontrar en la sociedad contemporánea.
En la entrevista denuncia precisamente la obsesión moderna por el ruido constante.
«La gente quiere ruido y ruido y ruido. Simplemente el acto de calmarse y guardar silencio y serenarse es contracultural».
Y recuerda una de las reflexiones de Asle, protagonista de su novela Septología:
«Es en el silencio donde se puede oír a Dios».
«Y estoy de acuerdo con él en ese punto», añade el Nobel.
«La palabra Dios estaba prohibida en el contexto literario»
Fosse también recuerda sus temores cuando publicó Septología, una extensa novela cuyo protagonista es un pintor católico que reflexiona sobre la existencia, la muerte, la oración y la presencia de Dios.
El escritor estaba convencido de que la presencia explícita de la religión provocaría el rechazo del ambiente literario.
«La palabra Dios estaba prohibida en el contexto literario. Y di por hecho que iban a odiar mi novela, pero ocurrió exactamente lo contrario».
La acogida de la obra le hizo comprender que, incluso en sociedades muy secularizadas, existe una profunda inquietud espiritual.
«Había una necesidad de hacerse ciertas preguntas sobre el sentido de la vida. Creo que seguimos en ese punto».
La Iglesia como resistencia frente al materialismo
El Nobel también ofrece una reflexión poco habitual sobre el papel de la Iglesia en las sociedades occidentales.
Preguntado por su encuentro con el Papa León XIV en junio y por la relación entre religión y poder, Fosse reconoce que históricamente la Iglesia tuvo una influencia excesiva. Sin embargo, considera que esa situación ha cambiado radicalmente, al menos en el norte de Europa.
«En Noruega ahora la Iglesia es una especie de fuerza contra el ruido», explica.
Y va todavía más lejos al defender su papel frente al predominio de los intereses económicos.
«También contra la economía, el capitalismo, contra esa corriente que pretende que todo esté dirigido por intereses meramente comerciales».
Por eso considera que actualmente no tiene demasiado sentido acusar a la Iglesia de acumular un poder excesivo: «En Noruega al menos ya no lo tiene. Ni en el norte de Europa en general».
La muerte y el misterio de la existencia
La muerte constituye otra de las grandes preocupaciones espirituales de Fosse.
El escritor sostiene que la literatura permite acercarse a las preguntas más profundas de la existencia, precisamente porque no ofrece respuestas fáciles.
Frente a la política o la guerra, que tienden a dividir el mundo en categorías enfrentadas, la literatura abre espacio al misterio, la ambigüedad y la paradoja.
Una concepción que atraviesa sus novelas y que está estrechamente relacionada con su búsqueda religiosa.
A sus 67 años, el autor noruego sigue convencido de que el ser humano necesita algo más que explicaciones materiales para comprender su existencia.
Su propio itinerario, desde el marxismo y el ateísmo juvenil hasta la fe católica, constituye un ejemplo de esa búsqueda de lo invisible que ha terminado convirtiéndose en el corazón de su literatura.-



