Juan Marín: «No se trata de imponer nuestra fe, sino de que ella inspire nuestra actuación política»

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Luis Javier Moxó Soto/ReL:

El quinto teniente de alcalde de Toledo y concejal de VOX relata cómo discernió ante el Santísimo su candidatura y defiende la firmeza en los principios sin convertir al adversario político en enemigo

Hace unos días, el arzobispo de Toledo y su obispo auxiliar, mantuvieron un encuentro con representantes de la vida política en el Salón de Concilios de Toledo. Durante la reunión se recordaron y meditaron las palabras del Papa León XIV ante el Parlamento español y se presentaron nueve principios de discernimiento para los católicos en la vida pública. A raíz de aquella cita surgió la oportunidad de conversar con Juan María Marín Relanzón, quinto teniente de alcalde, concejal de Promoción Económica y Empleo y portavoz del grupo municipal de VOX en el Ayuntamiento de Toledo.

Antes de presentarse a las elecciones municipales de 2023, Marín tuvo que detenerse a discernir: el puesto que ocuparía en la candidatura hacía probable su elección como concejal. «Tuve que meditarlo delante del Santísimo y pedir al Espíritu Santo que me iluminara», recuerda. En esta entrevista explica cómo procura llevar la fe a sus responsabilidades públicas, qué principios considera innegociables y por qué el respeto al adversario forma parte de su compromiso cristiano.

—¿Quién le transmitió la fe y en qué momento de su vida la hizo verdaderamente suya?

—Tengo la fortuna de haber nacido y haberme criado en una familia profundamente católica. Recibí la fe de mis padres y he procurado mantenerla, enriquecerla y madurar en ella. No siempre lo he conseguido…

—¿Qué le llevó a dar el paso a la política? ¿Hubo alguna experiencia concreta, de fe o de vida, que le hiciera sentir que ese podía ser su lugar de servicio a los demás?

—Desde muy joven he sentido cierta atracción por la vida política. Me interesaba la realidad política de España y de mi ciudad, Toledo. Pero nunca me había afiliado a ningún partido ni había participado activamente en política hasta 2019, muy superada ya la cincuentena…

Un amigo me animó a incorporarme a la candidatura de VOX en las elecciones municipales de ese año. Y mi padre me insistió en que lo hiciera. Incluso me sirvió de acicate con su ejemplo personal, pues él mismo se incorporó a la candidatura de VOX en las elecciones autonómicas de 2019.

Sí es cierto que tuve que discernir profundamente si debía presentarme a las elecciones de 2023 porque, en ese momento, por el puesto que iba a ocupar en la candidatura, eran muchas las probabilidades de salir elegido concejal. Y tuve que meditarlo delante del Santísimo y pedir al Espíritu Santo que me iluminara…

Antes de asumir un compromiso que podía llevarlo al Ayuntamiento, buscó en la oración la luz para decidir.

—Como quinto teniente de alcalde y concejal de Promoción Económica y Empleo, ¿en qué decisiones concretas nota que su fe le orienta? Cuando debe fijar prioridades, ¿qué peso tienen las personas que encuentran más dificultades para acceder a un trabajo?

—Pese a la denominación de la concejalía como «de Empleo», esta competencia corresponde a la Administración regional, que es quien selecciona al personal destinado a los planes de empleo municipales. Sí es cierto que estos planes sirven para ayudar a incorporarse al mercado laboral a personas en situaciones difíciles o de vulnerabilidad.

Pero desde la concejalía sí estamos acometiendo programas de cualificación para jóvenes en situación de desempleo, o de colaboración con empresas y comerciantes para dinamizar su actividad y, con ello, propiciar nuevos contratos de trabajo.

—En su partido conviven creyentes y no creyentes. ¿Cómo vive su fe en ese ambiente? ¿Se siente libre para expresarla también cuando tiene consecuencias en sus posiciones políticas?

—Uno de los principios rectores de nuestro ideario es la defensa de las raíces cristianas de España, lo cual es perfectamente compatible con el respeto a las creencias de todos, sean o no cristianos, sean o no creyentes.

En el ámbito interno de mi partido tengo total libertad para vivir mi fe y expresarla públicamente.

La defensa de las raíces cristianas de España debe ser compatible con el respeto a quienes tienen otras creencias o no creen.

—¿En qué aspectos cree que su partido está más cerca de la doctrina social de la Iglesia y en cuáles se aleja más? En cuestiones económicas y laborales, ¿se ha encontrado ante alguna discrepancia que le haya exigido un discernimiento especial?

—Según el magisterio de Benedicto XVI, los cuatro principios básicos o «valores no negociables» que un político católico debe defender en la vida pública son:

  • El respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural.
  • La familia fundada en el matrimonio natural.
  • La libertad de educación, garantizando el derecho primario y el deber de los padres de elegir la formación moral y religiosa de sus hijos.
  • La promoción del bien común en todas sus formas, construyendo un orden social y político justo que sirva al desarrollo integral de la persona y de la sociedad.

Yo, personalmente, soy firme defensor de estos valores innegociables. Y estoy seguro de que VOX, como partido, también.

—La defensa de la vida y la acogida de los inmigrantes son dos llamadas que aparecen en el discurso del Papa al que se ha hecho referencia en este encuentro. ¿Cómo conecta esas llamadas con su responsabilidad en la promoción del empleo? ¿Cuál le interpela más y cuál le cuesta más defender dentro de su partido?

—La defensa de la vida, como he dicho antes, es uno de los valores innegociables que propugnamos en VOX.

Sin embargo, a este partido se lo tacha de racista y xenófobo porque pide que se defiendan nuestras fronteras, máxime tras lo ocurrido en Ceuta este verano.

VOX no está en contra de la inmigración. VOX está a favor de una inmigración ordenada, de recibir a aquellas personas que vienen para conseguir una vida mejor y que quieren integrarse en nuestra sociedad, en nuestra cultura.

León XIV también ha dicho que, del mismo modo que es legítimo que una persona se desplace a otro país en busca de nuevas oportunidades, también existe el derecho de las personas a no verse obligadas a emigrar y abandonar su tierra. Y en este punto los países más desarrollados tienen una grave responsabilidad, como también la tienen los gobernantes de los países en vías de desarrollo.

En el caso concreto de la Concejalía de Promoción Económica y Empleo, son muchas las personas procedentes de otros países —Colombia, Rumanía, Cuba, Marruecos…— que participan en los programas de ayuda al empleo y de cualificación profesional.

Su concejalía cuenta con participantes de distintos países en los programas de apoyo al empleo y cualificación profesional.

—Del discurso del Papa entregado por el Sr. Arzobispo y de los nueve principios de discernimiento presentados por Mons. Francisco César García Magán, ¿qué se lleva para su trabajo en el Ayuntamiento? ¿Cuál le parece más exigente a la hora de tomar decisiones?

—No puedo olvidar que, además de dirigir la Concejalía de Promoción Económica y Empleo, ostento el puesto de portavoz del grupo municipal. Ello supone que, en los debates, mis intervenciones no pueden separarse de la doctrina de la Iglesia.

No se trata de pontificar desde el escaño; se trata de dar la batalla cultural y no aceptar las ideologías contrarias al humanismo cristiano. Me refiero a la ideología de género, por ejemplo, que un cristiano no puede dar por buena y válida. Y esa batalla cultural es mucho más exigente que la elaboración de programas de empleo y de convenios de colaboración con asociaciones de empresarios o comerciantes.

—Desde una responsabilidad de gobierno, ¿cómo se puede ser adversario político de otro católico sin dejar de reconocerlo como hermano? ¿Qué debe cambiar en la forma de debatir, negociar o alcanzar acuerdos para que esa fraternidad sea real?

—El adversario político no es un enemigo: es una persona que está prestando un servicio público, igual que lo estoy haciendo yo, pero con unas ideas que no siempre coinciden con las mías. Además, es un hijo de Dios y como tal lo tengo que reconocer.

En la negociación política debo defender esos principios innegociables a los que ya he hecho alusión. Los debo defender con firmeza, porque son innegociables, pero con absoluto respeto a la persona con la que estoy tratando.

Basta con aplicar el aforismo latino Suaviter in modo, fortiter in re, que podríamos traducir como «suave en las formas, firme en el fondo».

La discrepancia no borra la dignidad del otro: también en el adversario político reconoce a un hijo de Dios.

—¿Qué le diría a un joven católico que piensa que la política no es lugar para un creyente? Desde su experiencia, ¿qué puede aportar la fe al servicio público sin convertirla en una etiqueta partidista?

—Al joven le diría que no es que la política no sea un lugar para un creyente, sino que no todos los creyentes están llamados a entrar en política. Pero es necesario que haya creyentes, jóvenes y no tan jóvenes, en política.

No todos los creyentes tienen vocación política, pero la vida pública necesita católicos dispuestos a comprometerse.

Creo que lo de la etiqueta es inevitable, pues unos serán de Pablo, otros de Apolo y otros de Cefas…

La fe tiene mucho que decir y que aportar en política. La fe es lo que diferenció al Imperio español de otros imperios. No se trata de imponer nuestra fe, sino de que la fe inspire nuestra actuación política, nuestra forma de tratar a los demás y la aprobación de normas que respeten la dignidad de la persona.-

/ReL

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