De Santo Domingo nos llegó el merengue, exactamente el 31 de diciembre de 1937, cuando
la Billo’s Happy Boys abrió el primer set del baile de Año Nuevo en el Roof Garden con Caña
Brava (Voy a comprá un molino/por la carretera/pa’ molé mi caña/cada vez que quiera///
Caña dulce/Coro: Ay, papá/Caña amarga/Coro: Ay, mamá).
Muchisísimo antes, en 1574, de la Isla también nos llegó fray Alonso Vidal acompañado
de 7 frailes para fundar un convento franciscano (la Comunidad Franciscana quedó disuelta
en 1837). Hacia 1578 ya habían construido una primitiva capilla de bahareque y parte del
claustro (“habían” porque creo que fray Vidal no le echó pichón solo). Hacia 1587
sustituyeron esta capilla por una iglesia, ya con diseño profesional (del alarife Antonio Ruiz
de Ullán), en un espacio anexo al Convento de San Francisco (hoy Palacio de las Academias)
y, de este modo, apareció en nuestra historia la Iglesia de San Francisco, que fue tomando
forma, por partes.
Con el correr del tiempo, sismos de por medio con la ñapa de sucesivas reformas y
cambios en su interior y fachada, las alteraciones sufridas llegaron a conformar las tres
naves de la Iglesia con sus catorce altares (para 1772) y dos capillas, en cuyo recinto existen
valiosísimas policromías en la forma de obras de arte pictórico, tallados, etc. y hasta tres
valiosas estatuas.
La maniática advocación mariana del Obispo Díez Madroñero exaltó la obra anónima
caraqueña Nuestra señora de la luz, (1760-1765), a pesar de que esa iconografía generó
polémicas desde su creación en Italia, pues ofrecía ideas erróneas sobre las capacidades
intercesoras de la Virgen (o sea, “tráfico de influencias”).
En 1742 la Sagrada Congregación de Ritos —especifica Internet— censuró la imagen
ordenando suprimir la figura demoníaca, sustituyéndola por nubes negras o por las llamas
del purgatorio. Aunque en esta pintura continúa la representación demoníaca, se puede
apreciar que se borró la mano del alma que sostenía la Virgen. María ahora sostiene un
cetro y el alma adquiere características angelicales. Se presume que estas modificaciones
pudieran estar relacionadas con la censura papal.
Testigo de los avatares de la Iglesia es la famosa Ceiba que (casi seguro) fue sembrada en
1866, por la hija de Vicente Manzo, funcionario de la Policía de Caracas para ese entonces.
La niña regaba la semilla constantemente hasta que cobró cuerpo. Ya para 1870, según una
fotografía tomada en ese año, el árbol ya mostraba tres metros de altura, teniendo a la
iglesia como fondo. Guzmán Blanco no podía permitir que el arbolito le hiciera sombra y en
1873 y, a su lado, mandó a erigir una estatua suya (la cual tumbaron cinco años después).
El aforo de la santa Iglesia es de 400 feligreses (y no todos con esa condición, pues en los
cincuenta rezaba uno de ellos cuando otro, furibundo, encarnado en un diablo, atacó al que
oraba, con la acusación de ser el hombre con quien su esposa le montaba cachos, y le cayó
a pescozones, causando alarma en las beatas que rezaban el rosario). Los asistentes al santo
templo ignoran que debajo de su piso hay enterrado muchos muertos, y que el cuerpo de
Bolívar (según Pepe Izquierdo, huesos de perro) yacía allí; pero antes, en 1813, en la
histórica Iglesia se le dio el título de Libertador al gran héroe de la Campaña Admirable.
Luego, el 17 de diciembre de 1842, sus restos fueron recibidos allí para su posterior traslado
a la Catedral (previa noche en la Iglesia de la Trinidad donde había sido bautizado).
Cuando Guzmán decidió su posterior y justo traslado al nuevo Panteón Nacional, ante
tanta mudanza, desde 1842, es posible que algún hombre de pueblo haya comentado:
¿Para qué tanta movedera, Señor? ¡Dejen a ese hombre quieto!.-



