Un turista contó qué fue lo primero que pensó en medio de la desesperación al quedar atrapado al borde de un precipicio, situación que derivó en un rescate complejo
Un turista brasileño contó qué fue lo primero que pensó en medio de la desesperación al quedar atrapado, situación que derivó en un rescate complejo
Se llama Gilmar de Oliveira y tiene 50 años. Lo sucedido con este turista brasileño se ha transformado en noticia por estas horas debido a lo que tuvo que experimentar en una zona de difícil acceso mientras se trasladaba por una montaña ubicada en Taguatinga (estado de Tocantins en Brasil).
Según difundieron medios como ADN, todo empezó con la ilusión de Gilmar de tomar fotografías en esa zona de la región Serras Gerais y que atrae a visitantes por sus vistas panorámicas, además de senderos y formaciones rocosas.
Sin embargo, lo que nunca imaginó Gilmar fue que aquel pasatiempo se transformara en una angustiante espera de 16 horas mientras permanecía atrapado al borde de un precipicio de más de 70 metros de altura.
En base al relato proporcionado por el propio Gilmar y difundido en varios medios, en la mañana del 13 de octubre – y de un momento al otro- perdió el equilibrio mientras intentaba descender por una parte de esa zona montañosa. En medio de la caída pudo aferrarse a unos arbustos, pero quedó atrapado y apenas podía apoyar los pies.
«Me quedé atascado en un punto de la montaña, aferrado a las rocas. Era un lugar muy estrecho y fangoso. Solo cabían mis pies. No podía sentarme ni moverme», contó.
Comunicación «providencial» y el rescate que llegó
Fue en medio de este accidente que Gilmar tuvo la calma suficiente y la posibilidad de poder comunicarse de manera «providencial» con familiares y amigos para que lo fueran a ayudar. No obstante, aquello aún no era sencillo pues la dificultad para llegar hasta el punto en donde se encontraba hizo necesaria la intervención de un equipo de rescate.
Es así que luego de varias horas -las crónicas reiteran el número 16-, los socorristas logran llegar al lugar y rescatarlo.
«Fue un momento crítico porque ni siquiera podía levantar la pierna derecha», expresó uno de los bomberos que participó del operativo de rescate. El regreso tampoco fue sencillo debido a las características del terreno y la densidad de la vegetación.
«Le pedí a Dios que me ayudara»
Una vez rescatado y en el hospital Hospital Municipal São João Batista, Gilmar pudo contar con más calma lo sucedido y también señalar qué fue lo que lo apoyó en medio de la desesperación.
«Fue aterrador, pero no me desesperé. Le pedí a Dios que me ayudara y me salvara. Mientras tuviera vida, lucharía por ella», expresó.
Otro dato interesante, pese a la altura del precipicio y a las horas que permaneció en esa situación, Gilmar no sufrió fracturas ni golpes de entidad tras la caída. No son pocos quienes pueden interpretar que aquella confianza depositada en Dios también tuvo respuesta y para nada fue en vano.
Una zona también vinculada a misioneros religiosos
Más allá de las particularidades de este caso, lo sucedido con Gilmar en la sierra de Taguatinga no dejar de ser un llamado de atención con respecto a las precauciones que hay que tomar cuando se inicia una aventura de ese tipo.
Pero también recuerda el trabajo de muchas personas a través de los siglos para sortear obstáculos naturales en pos de un objetivo superior y que nada tiene que ver con una simple aventura turística.
En efecto, esa zona de Brasil en la que sucedió el accidente también supo conocer la presencia de misioneros religiosos, quienes allí también dejaron huella y testimonio. Santa María de Taguatinga fue el nombre que se le puso a esa villa en su momento.
Esa zona hoy genera atención por la curiosa historia de este turista que se acordó de Dios en medio de aquella soledad. Pero es muy probable que a lo largo de los años Dios también haya sido invocado y estado presente en medio de esas montañas -de manera silenciosa y sin titulares en la prensa- de la mano de aquellas personas de fe.-



