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Trabajos especiales

Los mazorqueros

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Last updated: noviembre 28, 2022 11:14 am
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Published: noviembre 28, 2022
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Noel Álvarez:

La Mazorca era el nombre popular que designaba a la Sociedad Popular Restauradora, una organización política inspirada por Encarnación Ezcurra, esposa del sanguinario dictador argentino, Juan Manuel de Rosas, la cual fue usada por el tirano para doblegar a sus enemigos políticos y mantenerse en el poder. Era el brazo armado del gobierno. En cada dictadura, estos brazos ejecutores tienen un nombre distinto, pero idénticas funciones: sembrar el terror.

 

El movimiento surgió de discrepancias irreconciliables entre grupos federales, controlados por Rosas, pero en la práctica se aplicó especialmente contra los “salvajes unitarios”, tal como se describía a sus adversarios políticos. Su símbolo era una mazorca de maíz, con sus granos o componentes todos unidos, conformando un sólido bloque, y su finalidad, perseguir a los opositores de Rosas.

 

Mazorqueros se llamaban de uno y otro lado los elementos sociales que rodearon a Juan Manuel de Rosas para delatar y castigar la infidencia. Los federales se titulaban mazorqueros porque sentían la honra de custodiar el acervo patrimonial que habían heredado de sus padres. Mazorqueros los llamaban despectivamente los unitarios o grupos de oposición, porque temían, porque les espantaba la sugestión vigorosa y brillante del símbolo. Ellos decían que la palabra mazorca significaba “más horcas”.

 

Las crónicas de la época dicen que espías, rufianes y asesinos contribuyeron a que la Mazorca fuera sinónimo de terrorismo. En 1839, el grupo armado lanzó olas de violencia contra los unitarios y otros enemigos de Rosas, precipitando la huida de muchos intelectuales y otras figuras públicas. Una nueva ola de desmanes, castigos brutales, matanzas, secuestros, torturas y destrucción de la propiedad privada, todo ello ordenado o tolerado por Rosas, hicieron que la Mazorca fuese a la vez odiada y temida. La oleada de asesinatos de 1842 fue tan ignominiosa, que provocó la protesta del mismo Rosas ¡Cinismo puro!

 

Algunos historiadores revisionistas no intentan negar o excusar estos excesos, pero a la vez señalan que la situación política de la Argentina, que siguió a la anarquía y amenazaba constantemente con el advenimiento de guerras civiles, hizo pensar a Rosas que dichas acciones “eran necesarias” y aseguraba que lo hacía por el “bien de la patria”. Bárbaros, como fueron esos métodos, tenían sus raíces y precedentes en experiencias políticas de la nación, habiendo recurrido a ellos, a su turno, todas las facciones, convirtiéndose unos y otros, en ejecutores o víctimas, según las circunstancias.

 

Después de la caída de Rosas, la Mazorca fue abolida y sus principales dirigentes fueron sometidos a juicio y acusados personalmente de los crímenes cometidos por ella. Algunos de ellos fueron ejecutados. Han sido crueles las dictaduras latinoamericanas y han ocasionado la muerte y el sufrimiento de personas, incluso hasta la segunda mitad del siglo XX. Sus jefes, los dictadores, “han estado cuasi locos”, y a pesar de sus crímenes han realizado acciones rarísimas que hoy pudieran parecer risibles. Manuel de Rosas, por ejemplo, exigió que los habitantes del país se arrodillaran ante su retrato recitando este piropo: ¡En mi casa amamos a Rosas!

 

Según cuentan, los mazorqueros registraban casa por casa; arrestaban, torturaban y mataban. El método era el degüello. Los cadáveres se exponían colgados y las cabezas en picas. No había desaparecidos. Todo estaba a la vista. Los ejecutores eran el brazo armado de la Sociedad Popular Restauradora, un club político y organización parapolicial y pseudo militar. Eran ex soldados rasos, ex policías, serenos o ladrones que purgaban cárcel. El régimen de Juan Manuel de Rosas los soltó a la calle y les dio poder.

 

Fue el pueblo, la masa ignorada y despreciada, el que mantuvo en sus canciones y en su tradición oral el verdadero significado de la palabra mazorca; cantó y canta todavía al mazorquero como leal, como hombre bravío y cumplidor con su deber.  Orden, cohesión, unidad, como contrafigura de descomposición, dispersión y disolución de los dictadores. ¡Quién sabe si la imagen de la mazorca, de la tusa, del maíz, trabaja en las mentes de muchos autócratas en Latinoamérica! Aparece, desaparece y reaparece como una visión de sueño, mezclada con trinos de avecillas voladoras, sumergida en lo irracional, pero que responde a circunstancias e interrogantes del momento.-

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