Cuando pensamos en un sacerdote, a menudo lo imaginamos detrás del altar o en el confesionario. Sin embargo, rara vez nos preguntamos qué lleva consigo cuando sale de la casa parroquial o de la iglesia y se pone en camino: hacia un enfermo, a la montaña, de visita o, simplemente, a la vida cotidiana. Estos objetos son los silenciosos compañeros de su misión y hablan de su disposición a estar al servicio de Dios y de las personas, en cualquier momento y en cualquier lugar.
Breviario
Uno de los «compañeros inseparables» más básicos del sacerdote es el breviario, el libro de oraciones de la Iglesia. En él se recogen los salmos, las lecturas y las oraciones de las horas de la liturgia, que el sacerdote tiene la obligación de rezar cada día.
Hoy en día, el breviario ya no suele presentarse en su formato clásico en papel: muchos lo tienen en el teléfono o en la tableta. Pero, independientemente del formato, lo esencial sigue siendo lo mismo: el ritmo de la oración que marca el día y la vida del sacerdote.
El maletín misterioso del sacerdote
En el coche del sacerdote suele encontrarse un pequeño maletín. En él se guardan los objetos necesarios para la celebración de la Santa Misa:
– la estola, símbolo del ministerio sacerdotal,
– el cáliz y la patena,
– el purificador corto,
– la pequeña palia y el corporal. (Aquí encontrarás una explicación de estos objetos.)
El conjunto suele incluir también una pequeña cruz, un candelabro y ampollas herméticamente cerradas para el vino y el agua, necesarias para la celebración eucarística.
Agua bendita y santos óleos
El recipiente con el óleo de la unción de los enfermos ocupa un lugar especial, ya que el sacerdote suele acudir a visitar a los enfermos y a los moribundos. Junto a él, puede haber también un hisopo con agua bendita y un recipiente (llamado píxide) con hostias.
Un «arma» especial
Sin embargo, casi nunca falta otro objeto que no es solo litúrgico, sino sobre todo personal: el rosario. Muchos sacerdotes lo llevan en el bolsillo, en el bolso o incluso en forma de anillo en la mano. La oración del rosario, con la que el sacerdote se entrega una y otra vez a María y, a través de ella, a Cristo, es considerada por muchos como la mejor «arma» para luchar contra el mal.
Los objetos que el sacerdote lleva consigo no son un adorno ni una rutina. Son la expresión de una actitud interior: la disposición a servir, a rezar y a estar cerca del hombre.-
Urška Leskovšek – publicado el 18/03/26-Aleteia.org


