Los siete pecados capitales de las redes sociales

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Sí, también en las redes sociales se presentan muchas oportunidades para alejarnos de Dios, por eso veamos cuales son esos siete pecados capitales

Creemos que entrar a las redes sociales es un pasatiempo inocuo, sin embargo, si lo analizamos a conciencia encontraremos que los siete pecados capitales saltan a la vista en la mayoría de los contenidos que consumimos. ¿No lo crees?, hagamos un ejercicio.

Los vicios permitidos

Es conveniente recordar que nadie está exento de pecar. Leemos en el Catecismo de la Iglesia católica que san Agustín era muy consciente de esta realidad:

«El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves»  (San Agustín, In epistulam Iohannis ad Parthos tractatus 1, 6) (CEC 1863).

Ahora , si reconocemos esta verdad, será más sencillo descubrir cómo nos dejamos arrastrar por los pecados capitales, que son llamados así «porque generan otros pecados, otros vicios» como nos enseña el Catecismo. Y agrega que estos «son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza» (CEC 1866).

Bien, entremos en materia.

1La soberbia de los expertos y la ira de los desconocidos

Encontramos este vicio en la mayoría de los contenidos. Todos creen ser expertos y saber más que los demás. Los «creadores de contenido» se esfuerzan en dar consejos sobre autoestima, individualismo y cualquier tema que los haga sobresalir de los demás.

El perdón es poco menos que inexistente y si se encuentra, se disfraza de indiferencia ante el hermano al que se ofendió porque nada está mal, no hay errores y como cada quien tiene su verdad, entonces no hay necesidad de buscar la reconciliación.

Dios no existe porque se ha reemplazado por hombres y mujeres que se dan culto a sí mismos con interminables discursos de belleza, dietas, ejercicios, productos milagrosos y cirugías cosméticas.

Además, hay un gozo inexplicable en las discusiones que se ventilan entre los que se exponen en estos escaparates y que alimentan el morbo de sus consumidores con competencias absurdas entre «influencers».

Y más aún, nos dejamos arrastrar en los pleitos y terminamos peleando con desconocidos que también se complacen en ofendernos, aunque no sepan nuestra historia personal.

¿Es así o no?

2Se asoman juntas la avaricia y la envidia

Llegan los viajes a lugares paradisiacos y lejanos sitios casi inexplorados, nos bombardean con publicidad de tarjetas de crédito, de autos de ensueño, de ropa, accesorios, teléfonos, casas y cuanto objeto inútil se nos ocurra para provocar el deseo de acumular y dar la sensación de que somos mejores que cualquiera.

Una y otra vez encontramos a una persona diferente pero anunciando lo mismo que el anterior, tocando los mismos temas, repitiendo bailes y retos de moda porque no quiere ser menos que los otros.

Las comparaciones y los ataques surgen en todas las plataformas en una frenética carrera por superar a los demás y ganar muchos seguidores que den «me gusta» y compartan los contenidos para poder «monetizar» y tener más dinero, viajes, ropa, tarjetas de crédito… en un círculo vicioso interminable.

3Las cerezas del pastel: pereza, gula y lujuria

Por supuesto, encontramos el terrible vicio de la lujuria en redes especializadas – que no hay necesidad de mencionar – pero que también se entremezclan con aquellas donde abundan los videos musicales de letras y escenas explícitas.

En cuanto a la gula, muchos hacen videos en donde comen y beben demasiado, aun a costa de su salud.

O bien, muestran los estragos de sus desórdenes alimenticios exhibiéndose de manera indigna, olvidando que son seres humanos que merecen respeto.

Pero también se genera gula porque se despierta el deseo de comprar sin necesidad.

¿Y qué decir de la pereza? Se nos muestran estilos de vida inalcanzables: viajeros que recorren el mundo, personas exitosas que viven de sus ganancias o de sus increíbles inversiones, gente común convertida en modelo, en fin, que no sabemos cómo pero todos aparentan que no trabajan.

Y sin embargo, nos venden lo que las marcas quieren porque gastamos nuestro valioso tiempo viendo redes sociales, soñando con ser como ellos, descuidando nuestras responsabilidades y dejando para cuando tengamos algo de tiempo a nuestra familia.

¿Y Dios?, tal vez aparezca algo sobre Él en lo que consumimos… ¿no basta con eso?

Ojalá seamos más conscientes del daño que nos estamos haciendo y tomemos la decisión de prescindir del móvil y de las redes que ya nos tienen atrapados.-

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