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Luz en la penumbra de la historia

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Last updated: enero 8, 2025 9:59 am
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Published: enero 8, 2025
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Bernardo Moncada Cárdenas:

«Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana.» Papa Francisco, Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo 2025

«Trompo serenito, que baila en la mano / Bríndale la calma, que tanto le falta, al venezolano…» Al Niño Jesús llanero. Villancico de Simón Díaz

Iniciamos un nuevo año bajo el signo de grandes incertidumbres históricas: no es solamente la inminente juramentación de quien ha de presidir a Venezuela durante los próximos tiempos, sino un evento similar en los Estados Unidos -hasta hoy, la nación más poderosa del globo- mientras que el Medio Oriente se mantiene en estado de impredecible conflictividad, al igual que Europa Oriental, sólo por mencionar algunos conflictos. No solamente nuestro país, el mundo entero se estremece, transido por las dudas del cercano porvenir.

Sin embargo, el vasto orbe católico, entre 1.280 y 1.390 millones de católicos bautizados en el mundo (habitando en los cinco continentes, prácticamente en todos los países), protagoniza hoy el inicio del Año Jubilar, con el título de Peregrinos de la esperanza.

En la Bula “La esperanza no defrauda” (Spes non confundit), se lee a menudo citas de la Carta de San Pablo A los Romanos. Es sorprendente que, para hablar de esperanza, acudamos a esta epístola, dirigida a la comunidad de la ciudad que el apóstol de los gentiles, presidiario esperando ser juzgado, apenas conoce, tan lejos de su tierra y ante la posibilidad casi cierta de que le espera el martirio.

“Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Rm 5), escribía a los cristianos de Roma, asegurando la base cierta de una esperanza que desafiaba hasta las cruentas persecuciones que estaban por desatarse. La esperanza – dice el Papa en consecuencia – fundamentada en el amor no defrauda.

La esperanza, esa virtud niña, diminuta, pero imprescindible para vivir, acarrea consigo un riesgo, y es el de ser confundida con la ilusión, cuando el deseo del bien se vuelve impaciente y lo que deseamos se vuelve capricho, perdiéndose la perspectiva de la realidad. Entonces, de no cumplirse lo que soñamos, la ilusión se hace desilusión y la virtud de la esperanza termina en el pecado de la desesperanza.

La predicación de Pablo no ignoró la dureza de la realidad. Él sabía “que la vida está hecha de alegrías y dolores, que el amor se pone a prueba cuando aumentan las dificultades y la esperanza parece derrumbarse frente al sufrimiento. Con todo, escribió: «Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza» (Rm 5,3-4)” (citado en la Bula de convocación del Jubileo 2025). Es fácil caer en el desaliento, si no desarrollamos “una virtud estrechamente relacionada con la esperanza: la paciencia”. Lo queremos todo aquí y ahora, no queremos resignarnos. Pero la paciencia no significa resignación, y está más bien relacionada con lo que hoy se ha dado en llamar resiliencia, que permite levantarnos y continuar, cuando la adversidad nos derriba.

Ante los desafíos que avizoramos en la historia de nuestro país, la proclamación del Año Jubilar es el evento más oportuno que pudiera ocurrir, si somos conscientes de lo que significa. Para este Jubileo se nos pide “poner atención a todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia”, mal y violencia ante los cuales no podemos cerrar los ojos.

El Año Jubilar nos debe mover al protagonismo de la esperanza, en una época donde ésta parece sostenerse débilmente. “La comunidad cristiana… no se puede quedar atrás en su apoyo a la necesidad de una alianza social para la esperanza, que sea inclusiva y no ideológica”, escribió el Papa. La posibilidad de esa alianza inclusiva y que trascienda las ideologías es clave para afrontar lo que viene, la tarea que no se vislumbra fácil.

Auguramos, pues, que vivir la esperanza en el Año Jubilar nos lleve a ser la necesaria Luz en la penumbra de la historia.-

Imegen referencial: Revista Focus Latinoamérica

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