Unos días antes de cumplir los noventa ha fallecido en Madrid, su ciudad de residencia, el conquense José María (Pepe) Cruz Novillo. Lo primero que me viene a la memoria es mi fascinación, en el paso de la infancia a la adolescencia, a mediados de la década del sesenta, por los Fósforos del Pirineo, unas memorables cajas de cerillas que llevaban su firma. No mucho antes, Gerardo Rueda, conquense adoptivo este, había compuesto con otras cajas, coloreadas a mano, su precioso ‘Homenaje a Manuel Silvela’, una de las más sutiles y discretas de las obras maestras del Museo de Arte Abstracto Español.
Nacido en el fatídico año 1936, y alumno allá, en su adolescencia, de Fausto Culebras, en 1958 Cruz Novillo entró a trabajar en la agencia de publicidad madrileña Clarín, donde se codeó con Mingote, Juan Ignacio Cárdenas y José Paredes Jardiel. Al año siguiente empezó a colaborar con la Sociedad de Estudio del Diseño Industrial (SEDI), impulsada por Carlos de Miguel y Paco Muñoz.
Lo más antiguo que conozco de él es ‘Con tu hijo paso a paso’, un mínimo y encantador folleto de 1962 para la Dirección General de Tráfico, que compré hace poco en uno de mis puestos favoritos del Rastro. En 1964 fue uno de los diseñadores del pabellón español en la Feria de Nueva York, En 1965 creó su propio estudio. Fue uno de los fundadores del Grupo 13, y colaboró con arquitectos como Curro Inza, Rafael de la Hoz y Fernando Moreno Barberá, así como con los Huarte.
Con su estilo de gran intensidad cromática y base geométrica, con algo de suizo y ‘ulmiano’ y también a veces un punto línea clara y pop, Cruz Novillo pronto iba a diseñarlo casi todo en la España de la Transición: el logo de Correos; el del PSOE; los de la Policía Nacional, Renfe, Repsol, Endesa, Antena 3, la COPE, la ONCE o el Quinto Centenario; los billetes de banco más elegantes (entre ellos, el de Juan Ramón Jiménez) de nuestra historia reciente; la bandera de la Comunidad de Madrid (sobre un ‘programa» obra de Santiago Amón); las cabeceras de ‘Diario 16’ y ‘El Mundo’; carteles de cine como el de ‘El jardín de las delicias’, de Carlos Saura; ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice, o el especialmente memorable de ‘La escopeta nacional’ de Luis García Berlanga… Pocos premios nacionales de Diseño tan merecidos como el que recibiría en 1997. La Escuela de Arte de Cuenca lleva su nombre. Su hijo Pepe Cruz continúa la saga.
Adicto a lo modular, en 1977 participó en la Bienal de Sâo Paulo, y en ‘Forma y medida en el arte español actual’, en la Sala de Exposiciones de la Dirección General del Patrimonio Artístico. En 1984, en la colectiva del santanderino Palacio de la Magdalena, ‘Arte y nuevas tecnologías’. Cuatro años más tarde, en otra de mismo signo, ‘Constructivistas españoles’, que tuvo por marco el Conde Duque. Sus compañeros: Amador, Elena Asins, Waldo Balart, Caruncho, García Ramos, Gómez Perales, Julián Gil, Gómez Perales, Lugán, Soledad Sevilla… Entre sus individuales, mencionar la del Barjola de Gijón (1992); alguna en Aele (cuyo logo también lleva su firma) o Anselmo Álvarez (la de 1995 en la segunda, con catálogo prologado por el firmante de estas líneas); la de la burgalesa Casa del Cordón (1999); la de la logroñesa Sala Amós Salvador (2000); la de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca (2002); y la de la zaragozana Sala Luzán (2004).

Hace tiempo que Cruz Novillo estaba como fuera del mundo, y que había dejado de acudir a su querida Academia, en la que coincidía con su paisano Gustavo Torner y con Alberto Corazón. Había ingresado en ella en 2009, con un precioso ‘Diseño de un discurso’, que incluye un CD con su pieza ‘cromofónica’ ‘Diafragma heptafónico 49, Opus 13’. Discurso contestado por José Luis Borau, cómplice suyo en ‘Clarín’.
Echaremos de menos su talento, su sabiduría, su curiosidad omnívora, su manera no dogmática de entender la geometría, su humor y simpatía, su asumir siempre su pasado tan multiforme, y su papel inmenso en la historia de nuestro diseño, como si nada.-


