Muchos siglos de tradición corroboran la especial dedicación de los mercedarios y de la vocación de la Merced por los que sufren cautiverio, por los presos y por los esclavos. De ahí nace realmente esta devoción.
Evoca su presencia maternal y misericordiosa a favor de los “que se hallan en peligros y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu”.
Es la patrona de los cautivos, no solo físicos, sino también cautivos espiritualmente y de todos aquellos que son los más marginados de la sociedad.
Merced, en la Edad Media es sinónimo de misericordia, piedad o compasión, ejercida para con aquellos que se hallan privados de libertad y en peligro de perder su fe cristiana.
“La misericordia mercedaria es efectiva y afectiva, no humilla a la persona humana, sino, por el contrario la redime y libera, la dignifica. De esta misericordia está necesitado el mundo actual”, explica la orden de los mercedarios.-
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