Obligado a abandonar Nicaragua en abril de 2019 por su defensa de los manifestantes contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo —-represión que dejó más de 350 muertos, según la Corte Interamericana de Derechos Humanos—, el Obispo Auxiliar de Managua, Mons. Silvio Báez, advirtió en una entrevista desde el exilio sobre la irracionalidad y crueldad que, a su juicio, marcan a la dictadura en el país.
“Una de las características más trágicas de esta dictadura es la irracionalidad. Junto a la irracionalidad está la crueldad. Pero la irracionalidad de este sistema es escandalosa”, afirmó Mons. Báez en una entrevista con el diario nicaragüense Confidencial, realizada en Madrid, capital de España, donde estuvo hace unos días para participar en un congreso en Ávila.
Esta fue su reflexión al ser preguntado sobre el mensaje que dirigió al régimen el 18 de abril de 2018 ante la brutal represión que había emprendido la dictadura:
“Hago un llamado a Daniel Ortega y a su esposa para que detengan la violencia y la represión. No pongan en peligro la paz del país. Sepan escuchar, dialoguen, tengan la madurez de rectificar tantos errores. Por el bien de Nicaragua, ¡Sean sensatos!”.
El obispo comentó que este mensaje “ha adquirido más actualidad todavía. Yo se lo repetiría de nuevo en su cara, lo mismo que les dije hace ocho años. ¡Sean sensatos!”.
“Ha sido mucha la sangre derramada, muchas las vidas sacrificadas, mucho dolor. Y eso tiene un precio infinito. Yo espero que todo eso no sea en vano y confío que el Señor recoja en sus manos bondadosas toda esa sangre, todo ese dolor, toda esa lucha. Y sea como un abono a una nueva etapa de la historia de Nicaragua”, dijo el obispo.
Desde entonces, la dictadura de Nicaragua se ha ensañado en su persecución contra la Iglesia Católica en el país, controlando a los sacerdotes, expulsando religiosas, confiscando dinero y propiedades eclesiales, prohibiendo ordenaciones y desterrando obispos, como el mismo Mons. Báez, que ahora reside en Miami, Florida (Estados Unidos).
Allí celebra Misa todos los domingos en la parroquia Santa Agatha, donde el párroco y el vicario parroquial, los sacerdotes Marcos Antonio Somarriba y Edwing Román, también son nicaragüenses exiliados.
“Dios nunca está de parte de un faraón”
Báez señaló que “en Nicaragua hay una dictadura que mata, persigue, destierra, confisca, miente, manipula, que se parece a los regímenes autoritarios, totalitarios de la Biblia. En la Sagrada Escritura, la realidad de la opresión, de la esclavitud, de la injusticia está más presente de lo que uno piensa”, explicó.
El prelado resaltó que “la historia del pueblo bíblico comienza con un estado de opresión donde hay un faraón que decide quién vive y quién muere, y que tiene sometido al pueblo a la esclavitud y se hace servir de ese pueblo para sus propósitos de enriquecimiento y de grandeza”.
Ante esa realidad, Dios “escucha el clamor de los oprimidos, ve el sufrimiento de los pobres y siente. Es un Dios que no se queda indiferente. Baja a la historia. Y el modo de bajar de Dios en el libro del Éxodo fue llamar a Moisés”, que libera al pueblo de Israel y lo lleva a la tierra prometida.
Hoy en día, continuó el obispo, “el faraón sigue existiendo y lo que los creyentes tenemos que vivir y tener como convicción profunda es que el Dios nuestro, el Dios de la Biblia, el Dios Padre de Jesucristo nuestro Dios nunca está de parte de un faraón”.
El silencio de la Iglesia
Tras denunciar que es un crimen contra la dignidad humana obligar a callar a las personas, a un pueblo o a los medios de comunicación, el obispo Báez se refirió al silencio en la Iglesia Católica.
“En la Iglesia existe el silencio negativo de callar para no tener problema, para no tener dificultades con los grupos de poder, con el sistema establecido, con el poderoso de turno. Lo más fácil es callar. Y la Iglesia cae en esta tentación cuando calla”, denunció.
“Estamos llamados como comunidad de Jesús a ser una comunidad valiente, transparente, una comunidad de la Palabra. No somos una comunidad del silencio”, precisó y señaló que también existe un silencio positivo, que apunta a la oración y la prudencia, callando “toda palabra humana para escuchar al Señor”.
“Yo en mis últimos días en Managua dije una frase que muchos la recuerdan ‘un pueblo crucificado siempre resucitará’, porque el ícono pascual de la Cruz nos vuelve a mostrar lo mismo del exilio. Para Dios no hay un momento final en el que se acaba todo. Siempre puede brillar una nueva luz en la oscuridad”, afirmó.
El obispo Rolando Álvarez
Mons. Báez recordó también a Mons. Rolando Álvarez, Obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de Estelí, uno de los cuatro prelados nicaragüenses exiliados.
Álvarez fue acusado injustamente de traición a la patria y condenado a 26 años y 4 meses de cárcel, en un proceso lleno de irregularidades, para ser luego desterrado en enero de 2024.
Mons. Báez dijo que sufrió “muchísimo con la tragedia que vivió Rolando en Nicaragua y me queda la satisfacción de que, aparte de acompañarlo en oración todos los días”, también “hice todo lo que estaba a mi alcance. Alcé mi voz en distintos estados de los Estados Unidos, en diferentes medios de comunicación” para que “no sufriera en la cárcel y para que fuera liberado”.
Ser obispo desde el exilio
Al recordar la decisión del Papa Francisco para que saliera de Nicaragua en 2019, el obispo admitió que aceptarla “fue muy doloroso. Yo discutí con el Papa Francisco largamente, pero él estaba convencido de que era lo mejor”.
“Me dijo: ‘no quiero otro obispo mártir más en Centroamérica’. Y me tomó del brazo ahí en Roma, y me dijo ‘haceme caso, yo sé lo que te digo’. Después de una larga discusión, al final me di cuenta de que no tenía sentido estar discutiendo con el Santo Padre y noté el cariño y la bondad con la que él me estaba tratando de librar de un atentado y una muerte que era muy probable”, relató.
Sobre su ministerio ya en el exilio, Mons. Báez dijo que “es un reto a la creatividad pastoral. Uno está donde tiene puesto el corazón, no donde tiene puesto los pies. Y yo he descubierto en estos años de exilio que no estar físicamente no significa necesariamente estar lejos”.
Un ejemplo de esta acción suya es que los últimos lunes de cada mes se reúnen más de 200 sacerdotes nicaragüenses exiliados vía Zoom, un encuentro que cuenta con la anuencia del Papa León XIV, según dijo, y en el que participa otro obispo en el exilio, Mons. Carlos Enrique Herrera, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.
“Es el clero del exilio, pero esa es una de las dimensiones en las que realizo mi ministerio episcopal de estar cerca de los sacerdotes”, afirmó.
El Papa León XIV y la esperanza para Nicaragua
En agosto de 2025, el Papa León XIV se reunió con los obispos exiliados, entre ellos Mons. Báez, quien dijo que el Santo Padre “tiene un conocimiento muy detallado de la situación de Nicaragua. Sabe lo que está ocurriendo, sabe la situación de la Iglesia, conocía nuestra propia situación y creo que va a tomar decisiones”.
“El Papa León es muy reflexivo, es un hombre de Dios y muy espiritual. Es un hombre sabio, sabe escuchar y no se deja guiar por la espontaneidad. Estoy seguro que Nicaragua, la Iglesia de Nicaragua, los sacerdotes, los obispos, estamos en su mente y en su corazón”, aseguró el prelado.
El obispo reconoció que, con el clima de persecución en Nicaragua, ha tenido miedo a veces, pero destacó que lo importante es actuar y no permitir que “el miedo te paralice o te calle”. “A veces, el miedo nos ayuda también a percibir con más claridad las cosas. Lo importante es que no te condicione”, añadió.
El prelado remarcó que la fuente de la esperanza es la fe en Dios: “Cuando se cierran todos los caminos, cuando todo parece oscuro, la fe en Dios te da una fuerza interior para decir ‘no, todo se ha terminado’. Es posible un nuevo inicio y más luminoso que el desánimo, que la tristeza, que el miedo no nos bloquee, no nos encierre, no nos haga bajar los brazos ni callar la voz”.
Báez refirió que cree que el cambio en Nicaragua depende de la gente que aún está ahí, y dijo que sueña con un país donde “podamos compartir nuestras ideas y nuestros bienes sin temor y en modo solidario y justo, en donde podamos construir una Patria en donde nadie se sienta excluido en donde pensar diferente no sea un delito, en donde entre todos”.
“Un país en el que haya verdadera paz fundada en la justicia social. Y creo —concluyó— que es posible. Estoy seguro que lo vamos a lograr”.
“La patria va en el corazón. Y yo amo a Nicaragua”.-


