Palabras de Andrés Caldera en la presentación del libro de Noris Aguirre

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Una distinción inmerecida me ha hecho Noris Aguirre al pedirme que diga unas palabras en la presentación de su libro. Ya me había sorprendido al incluirme en la lista de las personas en su dedicatoria, cuando mi único merecimiento fue el de insistirle hasta la saciedad en la importancia que tenía para el país y las generaciones futuras el que dejara registrada su experiencia al frente del Fondo de Garantía de Depósitos (FOGADE). Su presencia allí marcó un antes y un después, en medio de la gigantesca crisis financiera que se desató en 1994 y que fue la mayor ocurrida en país alguno hasta ese momento, en proporción a su producto interno bruto.

En Venezuela, donde no somos dados especialmente a cultivar la memoria histórica, por el contrario, nos encanta sentirnos precursores y no valoramos suficientemente lo realizado por otros en el pasado, el registro de su verdad, vivida en medio de la tormenta de esos días, dicha sin ambages como es su costumbre, tiene un enorme valor.

El año de 1993, en el que al Dr. Ramón J. Velásquez le correspondió asumir el gobierno en medio del proceso electoral, incubaba una tormenta financiera que venía gestándose como consecuencia de no haberse realizado años atrás las reformas legales que fortalecieran los órganos regulatorios de la banca, ni de haber abierto el sector financiero a la inversión extranjera, como era de esperarse con la realización del “gran viraje”. Por otra parte, la inesperada enfermedad y muerte del Dr. Pedro Tinoco vino a complicar la vulnerabilidad del sector, porque además de ser considerado su líder absoluto en esa época, durante los tres años de su presidencia en el Banco Central de Venezuela, el Banco Latino llegó a ser el segundo banco del país y su caída significaba una debacle de grandes proporciones.

Si algo extraño se percibía en ese tiempo, por las elevadas tasas de interés que se ofrecían en los medios de comunicación social, el tema permanecía en un segundo plano por el fragor de la campaña electoral. Fue, ya en enero de 1994. cuando el Banco Latino salió de compensación y el presidente Velásquez no tuvo más remedio que intervenirlo, que el sector político concientizó la tragedia que se nos venía encima, pero desconociendo su magnitud. Soy testigo de una reunión entre los presidentes Velásquez y Caldera, en la que el primero le decía al segundo que le habían asegurado que el déficit en el Banco Latino era de seis mil millones de bolívares, cifra que terminó siendo cincuenta veces mayor, es decir, trescientos mil millones de bolívares, equivalentes a tres mil millones de dólares de la época. Soy testigo también del esfuerzo hecho por el Dr. Julio Sosa Rodríguez, como ministro de Hacienda, para que el Banco Central asumiera la dirección de la crisis, considerando que era la institución con mayor información y capacidad técnica para dirigirla, pero, no estando forzada legalmente, declinó hacerlo.

Fueron días de enorme angustia e improvisación en el Gobierno, agravados por la intempestiva renuncia de la presidente del Banco Central, que vino a profundizar aún más la crisis. Los organismos internacionales, que acudieron a ayudarnos, confirmaron la fragilidad de nuestra superintendencia de bancos y nos alertaron por experiencia que los acontecimientos en las crisis financieras son de tal velocidad que usualmente las decisiones van detrás de ellos. Testigo soy también del inmenso esfuerzo del ministro Sosa en intentar convencer a gente reconocidamente honesta y capaz para que ayudaran a enfrentar ese momento de emergencia. Recordemos que el plan inicial del Dr. Sosa era básicamente fiscal, que pretendía reducir la inflación con la creación del SENIAT y la modificación de un conjunto de leyes tributarias, en medio de una situación de bajos precios del petróleo. Con lo que no contaba el ministro Sosa fue con esa avalancha que se llevó la mitad del sistema financiero y que le costó al país, ese año, el 14% del producto interno bruto.

Es en medio de esa situación que aparece la figura de Noris Aguirre. Yo la conocía desde la UCAB, porque, aunque se graduó en la promoción anterior a la mía, como fui representante de los estudiantes en los Consejos de Facultad y Universitario, tenía muchos amigos en su promoción. El presidente Caldera no la conocía, pero le bastaba la opinión que el ministro Sosa tenía de ella por su competencia y su recto proceder en todos los campos en que le había correspondido actuar. Sin duda, como ella misma lo confiesa, fue una de las decisiones más difíciles de su vida, que tomó por su profundo amor al país. Puedo atestiguar su sincera preocupación y el sufrimiento que le generaba la situación de miles de ahorristas que acudían desesperados a las puertas de su oficina. Su llegada al sector público puso fin a la política de auxilios financieros que había sido acordada entre el Banco Central y el Congreso Nacional y que, aunque motivada por la intención de proteger a los depositantes, hay que admitir que no se administró, en muchos casos, con la rectitud para la que había sido diseñada. A decir de Luis Xavier Grisanti, entonces vice-ministro de Hacienda, el trabajo de Noris fue particularmente importante al venezolanizar los informes de los organismos internacionales y cambiar la política de auxilios financieros por la de recibir los bancos fallidos al precio de un bolívar por acción. Al referirse a éstos, Noris nos dice en su libro que lo que obligó a la liquidación de esos bancos fue un problema de solvencia. Cito: “la mala administración y los préstamos no recuperables, que en su mayoría resultaban auto-préstamos que los accionistas y sus testaferros se habían otorgado. La concentración de las carteras de crédito hacía imposible su rehabilitación, y los accionistas no podían o no querían aportar el capital necesario para sanear sus instituciones”. Su manera clara y directa de expresarse, por lo demás valiente, desmiente la especie que se ha hecho correr durante todo este tiempo de que se trató de una venganza política. Nada más lejos de la verdad. Cito nuevamente a Noris: “Con el paso del tiempo algunos analistas han señalado que lo del Banco Latino fue una vendetta del presidente Caldera. En absoluto. Se trató más bien de una situación financiera crítica. El grupo Banco Latino venía con pérdidas acumuladas y ofrecía altas tasas de interés en 1993, una señal de que algo no andaba bien. Además, había muchas empresas asociadas …que también se hallaban en rojo”. A propósito de esta especie, este momento es propicio para revelar un hallazgo que hice recientemente en los archivos de mi padre. El 9 de septiembre de 1993, a menos de dos meses de las elecciones, Gustavo Gómez López, presidente del Banco Latino, se reunió con Caldera en Tinajero. El intercambio de correspondencia posterior entre ambos revela que se trató de una larga y muy cordial reunión, muy lejana a una supuesta enemistad. Por cierto, de lo referido en las cartas pareciera que ninguno de los temas tratados en esa reunión tuvo que ver con la situación financiera del Latino y la magnitud de la crisis que se avecinaba. Las nuevas generaciones de venezolanos merecen que se les hable con la verdad.

Hoy Venezuela se encamina hacia un cambio político que marcará el cierre del llamado socialismo del siglo XXI. El testimonio de quienes tuvimos alguna responsabilidad pública en los cuarenta años de la República Civil es de primera importancia para el análisis objetivo de lo que ha sido la mejor etapa de nuestra historia republicana. Se va a necesitar mucha gente honesta y competente para trabajar en el sector público, dispuesta a entregar lo mejor de sí por el país. Gente como Noris Aguirre y Frank Briceño Fortique, con quien me honro hoy en compartir el micrófono. Frank, no sólo ha tenido una actuación estelar por su trayectoria en el sector turístico del país, en el cual tenemos cifradas muchas esperanzas, sino además por su iniciativa con la creación de la Asociación Venezolana de Ejecutivos y paralelamente del IESA, innovando en el campo de la gerencia pública y privada con una institución que ya pasa de los sesenta años de existencia y le ha dado mucho al país.

La integridad de Noris Aguirre, su amplitud para buscar a los mejores colaboradores en cualquiera de las tareas que le ha tocado enfrentar, su nivel de exigencia con ellos, pero sobretodo consigo misma, su honestidad y honorabilidad probados a lo largo del tiempo, su valentía para decir las cosas con la mayor sinceridad, la hace ser considerada como una de las mujeres más valiosas de nuestro tiempo. Una faceta de su vida que la revela a plenitud fue la que cuenta ella en una publicación del IESA, con motivo de su renuncia en 1992 al CitiBank, por no estar de acuerdo con las decisiones tomadas en su área de trabajo. Cuando ellos decidieron rectificar y llamarla nuevamente, creyendo que pediría cualquier beneficio adicional para regresar, dijo que volvía en las mismas condiciones en las que estaba cuando renunció. Sólo la satisfacción de que reconocieran su error y la llamaran nuevamente fue su recompensa. No pensó ni por un momento en sacar algún provecho económico de eso. Esa es la Noris que conocemos y admiramos, ese es su temperamento. Estoy seguro que, en este tiempo luminoso por venir, ella será uno de los faros que alumbrará los caminos de la Venezuela que vamos a reconstruir.

Hoy, cuando se cumplen sesenta y ocho años de la celebración del Pacto de Puntofijo, que fue ejemplo de la conducta asumida por los dirigentes de la Venezuela de entonces, punto de inicio de la anhelada democracia en la segunda mitad del siglo XX y referencia para otros países como Chile y España, qué mejor manera de celebrarlo que con la presentación de este libro, testimonio de una venezolana sobresaliente, la primera mujer presidente de una Bolsa de Valores en el mundo, a quien pretendieron sacar de la fila de presidentes de Bolsas de Valores en una reunión mundial en París y enviarla a la fila de las esposas. ¡No tenían idea de con quién se estaban metiendo!

¡Felicitaciones, Noris, y muchas, pero muchas gracias por este inmerecido honor!.-

https://www.instagram.com/reel/DfKjmjHEQkS/?srtk=MWEzM2lzZjB4djJ5cA==

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