Por el camino de nuestros santos

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Horacio Biord Castillo:

 

El 19 de octubre de 2025 fueron canonizados en Roma, por el papa León XIV, la madre Carmen Rendiles, fundadora de la Congregación de las Siervas de Jesús, y el doctor José Gregorio Hernández, el médico de los pobres, el santo que vive en el corazón de la venezolanidad y la proyecta fuera del país. Para celebrar el primer aniversario de tan magno acontecimiento, la arquidiócesis de Caracas organizó, el domingo 18 de octubre de 2026, «El camino de nuestros santos», una peregrinación por lugares. no solo emblemáticos de la ciudad de Caracas, sino también con una relación directa con la vida de esos dos grandes venezolanos.

 

La peregrinación se inició, poco después de las 3:00 p.m., en la iglesia del Corazón de Jesús en la avenida Fuerzas Armadas, en pleno corazón de la ciudad. Dicho templo, confiado a la Orden de Predicadores (padres dominicos), resultó fuertemente afectado por los terremotos del 24 de junio. La procesión estaba precedida por un camión con música y sonido; lo seguían un vehículo que portaba sendas estatuas de los dos santos y luego las principales autoridades eclesiásticas, el clero, y los devotos.

 

Desde esa primera estación, tras una oración inicial, la procesión siguió hasta la iglesia de San Francisco, una de las iglesias de mayor tradición devocional entre los caraqueños. El hermoso templo se alza frente a la ceiba homónima, justo al lado del Palacio de las Academias. Allí, cuando era la sede de la Universidad Central de Venezuela, José Gregorio no solo estudió y se graduó de médico, sino que también fue profesor. Hoy es la sede de las academias nacionales, entre ellas de la Academia Nacional de la Medicina, corporación de la que el santo formó parte.

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Cumplida la parada, siguió la peregrinación a la catedral de Caracas, cuyas puertas, cerradas por los daños de los terremotos, esperaban, sin embargo, a los romeros. Un fuerte estruendo de guacamayas y un revoloteo de palomas acompañó a la ceremonia. De allí, bordeando la Plaza Bolívar subiendo por la esquina de la Casa Amarilla, la procesión siguió a la Santa Capilla, luego a la iglesia de las Mercedes, regentada por los padres capuchinos, y a la Porciúncula, una pequeña capilla contigua a la residencia de los frailes.

 

La siguiente estación fue la Casa Madre de las Siervas de Jesús, donde vivió gran parte de su vocación religiosa santa Carmen Rendiles. La romería, ya con un gran número de participantes, continuó al Hospital Vargas, donde obispos y sacerdotes bendijeron a los enfermos y sus familiares, a los médicos que emulan la labor de José Gregorio y a todo el personal médico y paramédico. A estas alturas, se había unido un gran número de personas y, con ellas, una Caracas arraigada en sus tradiciones. La multitud caminó hacia la esquina fatídica de Amadores, donde el auto cegó la vida del primer santo venezolano. Con velas encendidas, se entonó una oración y la peregrinación continuó a la casa de José Gregorio, recientemente restaurada, un sitio que muestra la historia del santo y la de la ciudad, historias que se mezclan y confunden. Cada día más, la devoción a José Gregorio se acrecienta como un símbolo de servicio, entrega y venezolanidad.

 

El Camino de Nuestros Santos finalizó en la plaza de La Pastora, frente a la iglesia homónima, en proceso de reconstrucción tras los terremotos del día de san Juan. En esa plaza, de tanta significación social e histórica para el imaginario caraqueño, se celebró una misa para clausurar la peregrinación. La presidió el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo, en compañía del nuncio de Su Santidad, monseñor Alberto Ortega Martín, de monseñor Pablo Modesto González Pérez, obispo de La Guaira, de monseñor José Manuel León, obispo auxiliar de Caracas, varios sacerdotes y un diácono. Fue una misa con hermosos cánticos y una edificante participación popular, una misa de todos y para todos, como los dos santos venezolanos. Un juego de luces con la linterna de los celulares celebraba el júbilo de los caraqueños, y de los venezolanos todos, por la canonización de nuestros primeros santos.

 

Lejos de mostrar pesimismo y divisiones, el evento era una oración continua, una plegaria íntima por mil intenciones, que cada quien hacía desde su corazón, una invitación en voz pausada, pero firme, a la concordia, la convivencia y la libertad. En esta iniciativa, organizada con mucho entusiasmo en poco tiempo, deben destacarse la animación litúrgica de Mons. Armelim De Sousa Andrade, vicario de la arquidiócesis, y la investigación y asesoría histórica de fray José Juan De Paz, O.P., así como la simpática nota de un señor disfrazado de José Gregorio que repartía sonrisas y recordaba, con su sola presencia y buena voluntad, el lado más humano de los santos.

 

La plaza de La Pastora se convirtió en cualquier plaza grande de pueblo, en escalón inicial del camino por la montaña a la mar, germen y expresión de la Venezuela profunda. Al concluir la misa, el arzobispo caraqueño invitó a celebrar el primer año de la canonización como tradicionalmente se hace en Venezuela: con torta, varias y grandes en este caso, y una vela, que, tras cantarse el «cumpleaños feliz», el arzobispo, en nombre de todos, apagó con un rápido movimiento de manos.

 

Sin duda, fue una hermosa peregrinación que sirvió para renovar la fe de los creyentes y para reconocerse en sitios históricos y de profunda significación religiosa de Caracas. El Camino de Nuestros Santos será recordado como un acto de esperanza en una Venezuela posible, regida por la fidelidad a las creencias, el amor, la justicia, la rectitud y la vocación de servir, como recalcaba el arzobispo Biord Castillo en la homilía, a los pobres, a los enfermos a los más necesitados. Que esa voluntad de servir nos anime a construir un nuevo y más inclusivo país sobre la moldura de nuestras viejas tradiciones.-

 

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com

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