Presidenciales 2026: significado del voto del pueblo brasileño

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Froilán Barrios Nieves:
           
Para el continente americano las elecciones presidenciales de Brasil no deben pasar desapercibidas, sus resultados indican una clara señal para quienes ejercen mandatos en los diferentes países de la región, específicamente para quienes conducen gobiernos en América Latina e incluso para los mandatarios de las 2 economías mas desarrolladas en Norteamérica EE. UU. y Canadá.
Esto no es obra de la casualidad, Brasil es la economía más desarrollada de América Latina con un PIB de 2,6 billones de $, secundada por México con 2,1 billones de $, solo es superada por la economía de EEUU la primera a nivel mundial con 31,6 billones de $ ya que el PIB de Canadá es de 2,4 billones de $. Estos datos resumen la importancia de Brasil a nivel global donde se ubica en el décimo puesto de la economía.
Por tanto, lo que sucede en Brasil repercute en nuestros países al confirmarse el triunfo de Lula, descalificado por las diferentes encuestadoras luego del resultado del primer balotaje del 4 de octubre cuando Flavio Bolzonaro obtuvo una ventaja de 2,5 millones de votos sobre el candidato del Partido de los Trabajadores. Que pasó entonces para que en solo 3 semanas se revirtiera el resultado que define a Lula como presidente del Brasil al obtener como expresó el Tribunal Superior Electoral (TSE) tras un escrutinio del balotaje que le dio al veterano político de izquierda el 51,7% de los apoyos por el 48,2% de Bolsonaro, senador derechista, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y líder de la votación en la primera vuelta.
En primera instancia el resultado significa un freno a quienes pronosticaban el triunfo de la ola derechista en América Latina, algo así vociferaban otrora en la otra cancha los “profetas del Chavismo”, anunciando en medio de la ola roja la victoria de “la espada de Bolívar que camina sobre América Latina”. Ambas apreciaciones parten erróneamente del criterio que en la decisión de los pueblos prevalece el triunfo de la ideología sobre el ejercicio del poder y las condiciones reales de vida de la población.
Quienes profesan esa visión creen que no importa si un mandatario es autoritario, o si no es capaz de lograr una vida digna para sus pueblos, al solo ser relevante su capacidad de imponer su proyecto ideológico de izquierda o de derecha, quedando en un segundo plano si el pueblo sufre las calamidades del hambre o el desempleo. Este ha sido el origen de la demagogia electoral desde ambas visiones, desde la derecha al señalar de comunista al adversario así no lo sea, o desde la izquierda flagelarse rodilla en tierra “con hambre y deseo con Chávez me resteo”.
 Las propuestas de Flavio Bolzonaro se centraron en: Menos burocracia, más control del gasto y una respuesta más dura frente al crimen organizado. Su programa planteó reducir el tamaño de la administración pública y un Estado orientado hacia la actividad privada, trasladando parte de las decisiones hacia las familias, las empresas y los Estados. Así también un ajuste de las cuentas públicas y una mayor digitalización de los servicios. En materia de seguridad, construir cinco cárceles al estilo de Nayib Bukele, bajar la edad penal y la castración química. En definitiva, superar el comunismo representado en el PT y Lula.
Lula da Silva propuso para su nuevo Gobierno dar continuidad a buena parte de las políticas que han marcado su actual mandato, desde Bolsa Familia hasta el fortalecimiento del Sistema Único de Salud y la Educación. A esa agenda suma planes para impulsar la industria, el empleo, la infraestructura y la transición energética, con una mayor coordinación del Gobierno federal en áreas como seguridad y cuidados. Su lema es Más Estado para sostener las políticas sociales y más inversión pública para reducir las desigualdades, mantener el combate a la deforestación y avanzar hacia la meta de deforestación cero en 2030, además de desarrollar nuevas cadenas productivas vinculadas a la economía verde y reducir la jornada laboral semanal de 6 a 5 días.
Ante las dos propuestas el pueblo brasileño se manifestó influyendo en su decisión igualmente, las amenazas a la soberanía nacional ante los continuos aumentos en los aranceles de hasta 50% a los productos brasileños, impuestos por la Administración Trump, quien exigía la libertad de Jair Bolsonaro hoy en prisión domiciliaria.
En esa dirección la tendencia al autoritarismo manifestada en la gestión de Jair Bolzonaro, y en el asalto al palacio de Planalto el 23/01/2023 sede de los poderes públicos en Brasilia, aduciendo un fraude ante el triunfo de Lula en las anteriores elecciones, indicaba para la opinión pública el peligro contra la democracia de triunfar el candidato del Partido Liberal, hoy derrotado.
El triunfo de la democracia en Brasil constituye duras lecciones para quienes aspiran el poder o lo ejercen en América Latina, a ser tomadas en cuenta ante la decisión de los pueblos de no permitir manipulaciones ideológicas, por el contrario, exigir calidad y transparencia en el ejercicio del poder. En resumen gobernar para el pueblo y no para las élites.-
Froilán Barrios Nieves                                                    Movimiento Laborista
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