Rafael María de Balbín:
El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda el gran medio de purificación espiritual que nos ofrece la Iglesia: el Sacramento de la Penitencia o Confesión:
<<Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres de la Iglesia presentan este sacramento como «la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia» (Concilio de Trento: DS 1542; cf Tertuliano, De paenitentia 4, 2)>> (n. 1446)
La historia de la Iglesia nos muestra algunas de las vicisitudes que experimentó el sacramento de la Penitencia.
<<A lo largo de los siglos, la forma concreta según la cual la Iglesia ha ejercido este poder recibido del Señor ha variado mucho. Durante los primeros siglos, la reconciliación de los cristianos que habían cometido pecados particularmente graves después de su Bautismo (por ejemplo, idolatría, homicidio o adulterio), estaba vinculada a una disciplina muy rigurosa, según la cual los penitentes debían hacer penitencia pública por sus pecados, a menudo, durante largos años, antes de recibir la reconciliación. A este «orden de los penitentes» (que sólo concernía a ciertos pecados graves) sólo se era admitido raramente y, en ciertas regiones, una sola vez en la vida>> (n. 1447).
Tales hechos y notorios son recogidos por la historia, pero de ahí no se deduce que la confesión privada de los pecados no existiera. Es inconcebible pensar que durante los primeros siglos los cristianos estuvieran privados de este sacramento, a menos que hubiera cometido pecados gravísimos y notorios. Que fulano fue a confesarse no es un hecho noticioso, sino una actividad privada, protegida por el secreto de confesión del sacerdote. La Iglesia no esperó siete siglos, para que los cristianos se confesaran, sino que lo hicieron desde el principio, sin que fuera un actividad pública y notoria.
Los misioneros irlandeses del siglo VII no inventaron la confesión privada, sino que favorecieron su práctica, que estaba descuidada:
<<Durante el siglo VII, los misioneros irlandeses, inspirados en la tradición monástica de Oriente, trajeron a Europa continental la práctica «privada» de la Penitencia, que no exigía la realización pública y prolongada de obras de penitencia antes de recibir la reconciliación con la Iglesia. El sacramento se realiza desde entonces de una manera más secreta entre el penitente y el sacerdote. Esta nueva práctica preveía la posibilidad de la reiteración del sacramento y abría así el camino a una recepción regular del mismo. Permitía integrar en una sola celebración sacramental el perdón de los pecados graves y de los pecados veniales. A grandes líneas, esta es la forma de penitencia que la Iglesia practica hasta nuestros días>> (n.1447).-
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