Cada 3 de octubre, víspera de la Asunción de San Francisco de Asís, los franciscanos de todo el mundo celebran una vigilia llamada Transitus. Este año, se conmemoran los 800 años de su muerte
El gran santo, Francisco de Asís, se celebra cada año el 4 de octubre, pero los franciscanos también lo celebran el día anterior, el 3, mediante una ceremonia llamada Transitus o «tránsito». «Es el acto de cruzar un umbral, de ir más allá; en el caso de San Francisco, se trata del encuentro con su hermana, la muerte», explicó a Aleteia el hermano Miki, del convento franciscano de París.
«Francisco no se limita a soportar la muerte; no la experimenta como cualquier otro momento de su vida, sino que la celebra como la culminación de su vocación. Para él, como para nosotros, la muerte no es un acto improvisado, sino algo que debe celebrarse. De ahí nuestro oficio litúrgico específico, que le dedicamos cada noche del 3 de octubre, en todas nuestras comunidades, en todo el mundo», continuó el hermano, que ingresó en la orden hace casi 26 años.
A través de himnos, salmos y la Palabra de Dios, se recuerda cómo el santo fundador vivió su muerte con esperanza. «No hay vida cristiana sin esperanza. Es esa inclinación del corazón que nos impulsa a esperar, con confianza, todo lo que nos ha prometido. No es una utopía, sino la fuerza motriz de una vida plena», declaró.
Los Franciscanos conventuales de Ntra. Sra. de Monserrat, España, aseguran que «su partida de este mundo, interpretada a la luz de las fuentes franciscanas, sigue invitando hoy a mirar la propia muerte, no con horror, sino con fe: como un paso necesario –un pascuo personal– para encontrarnos con el Dios de la vida, tal como lo vivió el Pobrecillo de Asís».

El jubielo franciscano
En 2026, la Iglesia universal celebra el 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís. Con motivo de esta celebración, el Papa León XIV proclamó un Jubileo excepcional, que se extiende desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027. Para obtener la indulgencia deben cumplirse las siguientes condiciones:
– Confesión sacramental para estar en gracia de Dios (en los ocho días anteriores o posteriores);
– Participación en la misa y comunión eucarística;
– Visitar en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo, donde se renueve la profesión de fe, mediante el rezo del Credo, para reafirmar la identidad cristiana;
– Recitar el Padrenuestro, para reafirmar la dignidad de hijos de Dios, recibida en el Bautismo;
– Rezar por las intenciones del Santo Padre, para reafirmar la pertenencia a la Iglesia, cuyo fundamento y centro visible de unidad es el Romano Pontífice.-


