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“Quién es Caín dentro de nosotros”: La interpelante cuestión de Pasolini en la meditación de Cuaresma con el Papa

RCL
Last updated: marzo 14, 2026 12:01 pm
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Published: marzo 14, 2026
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(Vatican News).- Desde el arte hasta los modelos económicos, diversos ámbitos han intentado imaginar una armonía universal entre los hombres, chocando con una realidad que hoy aparece marcada por divisiones y conflictos, haciendo que esa armonía parezca “un ideal por alcanzar”. La fraternidad, en cambio, es don pero también responsabilidad “seria y urgente”, porque se nutre de la diversidad para ablandar los corazones y permite a cada uno reconciliarse con esa parte de sí mismo que querría hacerlo creer solo y autosuficiente. Estas fueron algunas de las reflexiones ofrecidas este viernes 13 de marzo de 2026 por el predicador de la Casa Pontificia, el padre Roberto Pasolini, en el Aula Pablo VI, en presencia del Papa León XIV.

Contents
El ejemplo de las primeras comunidades franciscanasAbel y Caín, un “problema de mirada”“Quién es Caín dentro de nosotros”La lógica de la misericordia hacia quien se equivocaAcoger en medio de heridas, desilusiones y rechazosNo perder el horizonteRecibir la fraternidad como don y responsabilidad

El fraile capuchino desarrolló su segunda meditación de Cuaresma, titulada “Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura. La conversión al Evangelio según san Francisco”, deteniéndose en la fraternidad, definida como “la gracia y la responsabilidad de la comunión fraterna”.

La fraternidad no es un accesorio de la vida espiritual, ni simplemente un contexto favorable para crecer más fácilmente en la gracia. Es el lugar donde la conversión se verifica realmente: la prueba más seria y, al mismo tiempo, el signo más elocuente de lo que el Evangelio puede obrar en nuestra vida.

El ejemplo de las primeras comunidades franciscanas

Pasolini evocó la vida de las primeras comunidades franciscanas, que el Pobrecillo de Asís quería sin relaciones de poder ni superioridad, al igual que las primeras comunidades cristianas. No un lugar “donde refugiarse para vivir tranquilos”, sino un espacio que conduce “a las profundidades del propio corazón”, con sus sombras e inquietudes.

«Los hermanos son un don del Señor. Pero, precisamente por eso, no tienen simplemente la función de ayudarnos o sostenernos en el camino: nos son confiados para que nuestra vida pueda cambiar».

El Papa y la Curia Romana asisten a la segunda meditación de Cuaresma en el Aula Pablo VI este viernes 13 de marzo de 2026 (@Vatican Media)

Reflexionando sobre el significado etimológico de la palabra hermano, adelphós, literalmente “el que viene del mismo seno”, el predicador de la Casa Pontificia observó que los hermanos no solo confirman “lo que somos”, sino que nos llaman a una transformación.

«En su diversidad, en sus límites y a veces incluso en sus dificultades, se convierten en el espacio concreto donde Dios trabaja nuestra humanidad, ablandando nuestras rigideces y enseñándonos a vivir con un corazón más auténtico y capaz de amar».

Abel y Caín, un “problema de mirada”

Uno de los relatos que mejor describe estas resistencias es la “dolorosa relación” entre Abel y Caín. Una fractura que nace de “un problema de mirada”, según el fraile capuchino. El primero, en el relato del Génesis, ofrece los primogénitos de su rebaño —ofrenda que Dios “mira con favor”—, mientras que el segundo presenta simplemente algunos frutos de la tierra.

«No es tanto la calidad de la ofrenda lo que marca la diferencia, sino el hecho de que lo ofrecido represente verdaderamente la propia vida. Por eso Dios no acoge el don de Caín: no para condenarlo, sino para provocarlo. Aceptar ese gesto significaría dejarlo en la convicción de no tener nada bueno que ofrecer. Dios, en cambio, parece querer ayudarlo a creer que también su vida puede convertirse en un don».

“Quién es Caín dentro de nosotros”

A partir de este episodio, Pasolini invitó a dejarse interpelar, preguntándose “quién es Caín dentro de nosotros”: cuánto espacio ocupa el resentimiento —que se transforma en distancia y luego en violencia— en el corazón de cada uno. Ese rencor que nace de constatar que “no estamos solos” y “no lo somos todo”.

“Cuando no logramos hacer las paces con esta realidad, la presencia del otro puede volverse insoportable”.

La lógica de la misericordia hacia quien se equivoca

Para san Francisco, sin embargo, la fraternidad no era un problema que afrontar, sino una oportunidad para aprender la lógica misericordiosa del Evangelio hacia el prójimo que se equivoca. Una dinámica que también se encuentra en la breve pero intensa Carta a Filemón de san Pablo.

«En las situaciones en que las relaciones se deterioran y la comunión se hiere, el Evangelio no sugiere ante todo defender los propios derechos, sino buscar el bien mayor y siempre posible: aquel que permite reconocer en el otro ya no a un adversario o un deudor, sino a un hermano amado por el Señor».

Un momento de la prédica de Cuaresma del viernes 13 de marzo de 2026 (@Vatican Media)

Acoger en medio de heridas, desilusiones y rechazos

Esta realidad puede parecer distante de la vida concreta, pero se vuelve tangible cuando las relaciones se fundamentan en “un vínculo de libertad”. No en la simpatía o la afinidad, sino en el “hecho de que Dios nos ha elegido y nos ha llamado a vivir juntos en la Iglesia como hermanos y hermanas”.

«La Pascua ha comenzado a obrar en nosotros en el momento en que descubrimos que podemos acoger a los demás incluso cuando nos hieren, nos decepcionan o se comportan como adversarios. No porque nos hayamos vuelto más fuertes o más virtuosos, sino porque algo en nosotros ya ha muerto y algo nuevo ha comenzado a vivir».

No perder el horizonte

La intuición del Pobrecillo de Asís -explicó también el predicador de la Casa Pontificia- consiste en ver la conversión que surge “precisamente de lo que los demás nos hacen, incluso cuando nos hieren o nos ponen a prueba”.

«Esto ensancha mucho nuestra mirada. En la vida cotidiana, las dificultades de la fraternidad pueden ser pesadas. Las distancias entre nosotros, las palabras que hieren, los malentendidos que permanecen abiertos pueden volverse dolorosos. Precisamente por eso no debemos perder nunca el horizonte. Cuando se pierde la perspectiva de la vida eterna, ciertas fatigas se vuelven totalmente inaceptables«.

Recibir la fraternidad como don y responsabilidad

La fe -concluyó Pasolini- no separa, sino que recuerda que “nadie puede ser excluido de nuestro corazón”. Liberados, por medio de la resurrección de Jesús, no de la fatiga de las relaciones, sino de la sospecha de que ese esfuerzo sea inútil.

«Por eso, en estos días de Cuaresma, mientras la historia del mundo sigue atravesada por divisiones, guerras y conflictos, los cristianos no podemos limitarnos a hablar de fraternidad como de un ideal por alcanzar. Estamos llamados a recibirla como un don y, al mismo tiempo, a asumirla como una responsabilidad muy seria y urgente».-

13 mar 2026/RD

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